La democracia y la libertad económica
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También profundizaron el fracaso argentino, hasta llegar a la crisis hiperinflacionaria de 1989.
Nosotros tratamos de revertir esta situación. Volvimos a nuestro sistema constitucional de libertad con un éxito extraordinario. Pero para que ese modelo echara raíces precisaba continuidad y mucho tiempo. Un gobierno incompetente produjo, en sólo dos años, una crisis espectacular, fundamentalmente de confianza. Habíamos dejado, en diciembre de 1999, 34.000 millones de dólares de reservas monetarias. En diciembre de 2001, éstas habían descendido a 8.000 millones.
La crisis social fue excusa para el golpismo, la manipulación electoral y la entronización de un gobierno dirigista y estatista. Así, más temprano que tarde, tendremos un nuevo estallido social.
La Fundación Heritage, un prestigioso centro académico estadounidense, elaboró un «ranking» anual de naciones, según un denominado «índice de libertad económica». Sus conclusiones son terminantes: al finalizar nuestro gobierno, la Argentina ocupaba el lugar número 17. Hoy rondan ese lugar países que suelen citarse como modelos, como Suiza, Canadá, Chile. Actualmente, nuestro puesto es el número 107, entre Honduras y Ecuador, bien lejos de Brasil (81), pero con fundadas esperanzas de alcanzar a Venezuela (152)...
En poco tiempo arrasamos con el sistema de seguridad jurídica. Los jueces pueden ser removidos si sus sentencias no conforman al Poder Ejecutivo. El Estado argentino no respeta sus contratos y reestatiza las empresas privatizadas. Estafa a los inversionistas privados con un «default» provocado, mientras adelanta el pago de la totalidad de la deuda con el FMI. Con diferencia de días, el Congreso puede sancionar leyes contradictorias entre sí, si así lo quiere el Poder Ejecutivo. Destruye también el comercio exterior: el prestigio de la marca Argentina en carnes ahora se verá opacado por una nueva marca nacional: la de incumplidores, volubles y no confiables.
El tema de la carne no es el más grave en esta sucesión de actos irresponsables. Sin embargo, para la Argentina es, lamentablemente, un caso emblemático. Para la Corte Suprema de Justicia -aquella que era «adicta» a la Constitución-, las restricciones a la esfera de la libertad, constitucionalmente garantizada, eran sólo admisibles siempre que el medio utilizado fuese el más eficaz y menos restrictivo. Es obvio que el gobierno prefiere, cualquiera sea el costo, el show mediático a las medidas razonables y efectivas. Libertad económica y democracia van de la mano. Las dos están hoy amenazadas desde el mismo gobierno que tiene la obligación ineludible de garantizar su vigencia.




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