"La Fed no bajó las tasas para alentar a las Bolsas, sino para desanudar el berenjenal del crédito"

Opiniones

El experto en mercados internacionales que se escuda bajo el personaje del banquero Gordon Gekko, de la película «Wall Street», apuesta a que la Reserva Federal bajará la tasa de interés en la próxima reunión de fines de mes. Este fue el diálogo que mantuvo con el periodista.

PERIODISTA: La economía de EE.UU. posee margen de maniobra para escapar de la recesión. La crisis no detuvo la creación de empleos...

Gordon Gekko: Afectó. Puso un palo en la rueda. Pero no bastó para que el mercado laboral descarrilase...

P.: No hay destrucción neta de empleos, como sugirió el informe de agosto...

G.G.: Son números para tomar con pinzas. Sujetos a revisiones de gran magnitud. Tenemos dos mediciones de lo acontecido en agosto. La primera marcó una caída de 4 mil puestos netos de trabajo. La segunda -que es más completa- acusa un aumento de 89 mil empleos. Entre julio y agosto han aparecido 118 mil empleos que no habían sido contabilizados en su oportunidad. Lo curioso es que la mayoría de ellos -113 mil- surgió del propio sector público...

P.: Setiembre, a su vez, sumó otros 110 mil puestos nuevos de trabajo. No es lo que uno esperaría si la economía estuviese atravesando una recesión.

G.G.: Desde ya. Pero tampoco son números para descorchar una botella de champagne.

P.: La reacción de las Bolsas fue rotunda...

G.G.: Eso dice más sobre el umbral de exigencia de los inversores -mucho más relajado tras la baja de las tasas de interés- que acerca del propio mercado laboral. Desde que comenzó el aterrizaje suave de la economía, el vuelo del mercado de trabajo pierde altura. En 2006 se crearon 186 mil empleos por mes. El promedio se retrajo a 147 mil en los primeros cinco meses de 2007. Y desde junio descendió otro escalón: la cuenta mensual se contrajo a 90 mil.

P.: ¿El influjo de la crisis crediticia?

G.G.: El sector financiero destruyó 28 mil puestos netos entre agosto y setiembre.

P.: No alcanzan para explicar el deterioro...

G.G.: La crisis del crédito repercute más allá de lo estrictamente financiero. Téngalo presente. En setiembre, el sector privado aportó sólo 73 mil empleos. Lo que coincide exactamente con la media desde junio.

P.: Es una cifra muy baja...

G.G.: Correcto. Por eso es prematuro organizar festejos. En agosto y setiembre, el empleo público proveyó casi la mitad de los nuevos trabajos (con precisión: 47,2%)...

P.: Está claro que no habrá recesión en el sector público...

G.G.: Y tampoco un giro al socialismo. La conclusión válida es que el sector privado ha recibido un cimbronazo. Quizá la magnitud -hasta no disponer de guarismos definitivos- sea tema debatible. Pero aquí pasó algo. Y, por las fechas, tiene que haber sido el temporal que se abatió,desde fines de julio hasta mediados de setiembre, sobre los mercados de crédito. Le digo más, en los informes ISM (industrial y de servicios) se advierte una tendencia nítida de mejora. Y ambos han sido confeccionados a partir de respuestas compiladas a fin de setiembre...

P.: La Fed, a juzgar por sus más recientes oradores, ha dado los números por buenos. No sólo los provenientes del mundo del trabajo. Pienso que también estará alentada por la normalización de los mercados de deuda...

G.G.: Para mi gusto, lo descollante fue el comportamiento en la esfera del consumo. Una vez más, el consumidor se pone de pie. Tímidamente en julio y con mucha pujanza en agosto. En plena tormenta, cuando los productores se asustan y rebajan sus precios, el consumidor saca tajada. Es una dinámica no por repetida menos interesante. Tome los precios de los bienes durables (desde electrodomésticos hasta automóviles). En agosto cayeron 0,4%; el gasto en dichos bienes, que había declinado en junio y julio, saltó, mes contra mes, 2,6%. Una enormidad.

P.: Los compradores son sensibles a la crisis, pero también a un buen descuento.

G.G.: Siguen respondiendo a los incentivos de precio.

P.: Esto es bueno para la marcha de la economía. Pero también para contener la inflación...

G.G.: No lo dude. El deflactor del gasto de consumo -tomando los últimos doce meses a agosto- trepó 1,8%. Tanto si uno considera la canasta general como la cesta núcleo, que excluye alimentos y bebidas, y que constituye la medida favorita de inflación para la Fed.

P.: La inflación minorista luce bajo control...

G.G.: Mucho mejor que lo que uno creería si no elige con criterio sus lecturas. La convergencia de la inflación general al nivel de su versión núcleo es un buen ejemplo de por qué la Fed prefiere la canasta sin energía ni alimentos como brújula para orientar la política monetaria.

P.: El mensaje de la Fed parece haber variado. Tal vez, no sea menester volver a bajar las tasas en octubre...

G.G.: Como en los tiempos de Greenspan, la Fed ha lanzado una escudería de oradores con las nuevas instrucciones. Poole, Plosser, Fisher, Kohn. En un par de días, bajaron línea; todos pertrechados con la misma partitura. Kohn fue, por lejos, el más articulado.

P.: ¿Usted qué piensa?

G.G.:
Es un globo de ensayo. Con un «tempo» ideal. La reunión está agendada para el 30 y 31. ¿Podrá la Fed ahorrarse una intervención? Los mercados tienen la palabra...

P.: Las Bolsas ya contestaron con un avance notable en territorio récord...

G.G.: La Fed no bajó las tasas para alentar a las Bolsas, sino para desanudar el berenjenal del crédito. Es ahí donde anida la respuesta. Tras la baja de tasas, la reacción ha sido muy favorable. La digestión de papeles se reanudó. Y el apetito no se interrumpe pese a que todos los días los bancos reconocen pérdidas por su exposición en los laberintos crediticios. No se engañe: sin baja de tasas, no hay secreción de jugos gástricos, no hay digestión de los problemas. ¿Basta con medio punto? Si los mercados de crédito no se perturban; la Fed se guardará los cartuchos para usarlos más adelante. Ese es el mensaje. Si se produce un atasco, un reflujo de las complicaciones, vendrán otros oradores o no, pero, seguro que a fin de octubre, usted tendrá otro recorte sobre la mesa.

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