"La inflación al tope de la agenda"

Opiniones

El periodista dialoga con un especialista en mercados internacionales que se escuda con el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- para quien la inflación saltó ahora «al tope de la agenda» por producirse un desahogo de la crisis financiera. Advierte que para los países del G-7 «las expectativas de inflación están a un tris de dañarse». Descuenta además una suba de tasas por parte del Banco Central Europeo.

Periodista: Cambió el libreto. De buenas a primeras, la inflación quedó en la mira. La crisis financiera y el nivel de actividad pasaron a segundo plano. No sólo para la Fed o el Banco Central Europeo (BCE).

Gordon Gekko: Seguro. El Banco de Canadá abortó, sin avisar, su proceso de reducción de tasas de interés. Decidió mantenerlas en 3% cuando se descontaba una baja de un cuarto de punto. La economía, por cierto, no luce firme -el producto bruto se contrajo en el primer trimestre- pero, aun así, el Banco cambió sus prioridades.

P.: Asistimos a una mudanza de agenda que se produce al unísono en todos los bancos del G-7. ¿Cuál es la razón?

G.G.: La escalada del precio del petróleo -sobre todo, la aceleración de la suba en su última milla- rebasó los márgenes de tolerancia. No sólo en el G-7; también el Banco de China ajustó las clavijas de su política.

P.: Con efectos deletéreos notables para las Bolsas de Shanghai y Shenzen.

G.G.: Es una decisión que no está desprovista de riesgos. Por eso se demoró tanto en todo el mundo.

P.: Ni las economías ni los mercados de capitales están tan sólidos como para capear un súbito endurecimiento de la política monetaria. ¿O me equivoco?

G.G.: Habrá que calzarse el casco. Si los precios de la energía no metieran tanta presión, esta decisión se correría para el año próximo. Lo usual es permitir que cicatricen las heridas que provoca una crisis antes de volver a intervenir.

P.: En los hechos se está reconociendo que la inflación se desbordó y requiere acciones concretas de contención.

G.G.: No es el caso todavía. No en el G-7. Se admite, sin embargo, que las expectativasde inflación están a un tris de dañarse. Y, por otro andarivel, no menos importante, se teme un fenomenal impacto político. Estamos en campaña electoral en los EE.UU. Hay que elegir un presidente en noviembre. Las huelgas del transporte en España, Portugal y Francia, por citar un ejemplo, son un módico anticipo de lo que puede deparar el futuro. Es mejor cortar por lo sano. Y si bien alimentos y energía son temas que preocupan hace tiempo, necesitaban un momento oportuno, un desahogo de la crisis financiera, para saltar al tope de la agenda.

P.: ¿Qué cabe esperar?

G.G.:
Mucho más que acciones de política monetaria. El viaje del presidente Bush por Medio Oriente y la presión sobre la OPEP para que aumente la oferta de crudo forman parte del mismo esfuerzo.

P.: Bush le arrebató a Arabia Saudita un compromiso de incrementar su producción en 300 mil barriles diarios.

G.G.: Que serían 500 mil efectivos ya.

P.: No parece mucho.

G.G.: Es una señal del grado de preocupación. Lo mismo que la presión para que se eliminen los subsidios al consumo en los países fuera de la OCDE. Todo ello escapa de las prácticas normales. Revela una voluntad de enfrentar el problema que es novedosa y que no conviene pasar por alto.

P.: El titular del BCE, Jean Claude Trichet, anticipó una suba de tasas para el 3 de julio. La Fed también apeló al discurso agresivo. No es el Bernanke condescendiente de pocas semanas atrás. Inclusive, descubrió que la debilidad del dólar debe ser desalentada. ¿ Cumplirán lo que prometen o serán sólo palabras para asustar?

G.G.: La suba de tasas del BCE -un cuarto de punto- la doy por hecha.

P.: ¿No se opondrán los países del Club Med? El presidente Zapatero le recomendó a Trichet que hablara con prudencia. Ni España ni Italia ni Portugal ni Grecia estarán muy entusiasmados con la idea considerando la carga de problemas que soportan sus economías.

G.G.: A menos que el mundo se desmorone de aquí al 3 de julio, me parece que es una decisión tomada. A instancias de Alemania y Austria. Con la oposición presumible de quienes usted menciona (y no se olvide de Irlanda) pero con los propios estatutos del BCE a su favor. La meta oficial es una inflación inferior a 2% y hace siete meses que supera 3%.

P.: Los futuros de fed funds incorporan un escenario donde la Fed también se suma a la faena alcista. No en julio pero tal vez sí en agosto.

G.G.: Con una probabilidad que supera hoy 50%. Sinceramente, no lo creo. Pienso que la Fed aprieta pero no ahorca. Participa de la idea de ajustar el cincho sobre la energía y las materias primas, pero desconfía de la solidez de la situación bancaria y de la economía de los EE.UU. Lo que busca es un proceso más suave de reacomodamiento. Que se corrijan las tasas de interés que fija el mercado. Que suban, de a poco, las tasas largas.

P.: También el dólar.

G.G.: Queda claro que, por primera vez desde 2002, EE.UU. fijó una posición sólida sobre la moneda. No procura que se aprecie. Pero instaló la idea de un piso firme. Apelando a la intervención cambiaria si fuere necesario -según dijo el secretario del Tesoro Paulson.

P.: Parece que entramos de lleno en un nuevo tiempo de turbulencias. No por obra de la naturaleza sino a caballo de la propia iniciativa de las autoridades.

G.G.: La última vez que el BCE anunció una suba de tasas no pudo concretarla. Estalló la crisis, en agosto pasado. Los antecedentes, pues, recomiendan andar con cautela.

P.: ¿No es un apresuramiento? ¿Una reacción impulsiva antes de tiempo?

G.G.: No me convence el enfoque del BCE. Aunque lo comprendo. Y hoy se suavizó. Se aclaró que lo que está en mente es una única suba y no una seguidilla de alzas. Creo que la Fed tiene más cintura. Y su posición admite mayor margen de maniobra. Ahora bien: los riesgos de intervenir son altos, pero los de cruzarse de brazos pueden ser mayores. Lo difícil está en vertir la dosis justa. Dominar la suba de las materias primas, impedir su trasvasamiento a los índices generales de precios, es importante. Remover la amenaza de descontrol de la inflación será favorable para la propia marcha de la economía. Pero es vital no romper el bazar en el intento.

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