En un suburbio de Copenhague, capital de Dinamarca, existe un barrio llamado Christiania, donde habitan aproximadamente 1.000 personas de manera semi legal. Se extiende en una superficie de 35 hectáreas que fueron ocupadas en los años 70 donde vive una comunidad que paga unos pocos servicios. Christiania se autoproclama independiente del estado danés. Allí existen calles de asfalto, de adoquines o de tierra y funcionan algunos bares y tiendas en donde se pueden adquirir libremente drogas blandas. Sus habitantes se perciben fuera del sistema, no tributan impuestos y promulgan sus propias reglas que, periódicamente, colisionan con la legislación oficial.
Lado B: los contrastes del conurbano
El conurbano bonaerense, ocupa más de un millón de hectáreas y alterna distintas realidades: es el lugar donde se erigen más barrios populares (villas) y más barrios cerrados (countries).
-
Crimen en conurbano se coló de lleno en la previa de las PASO
-
Mucha oferta y precios de remate: lotes por menos de u$s50.000 en Pilar y Escobar, qué mirar antes de comprar
Por estas latitudes, tenemos nuestra propia Christiania, con algunas diferencias y varias similitudes: ocupa más de un millón de hectáreas y alterna distintas realidades segmentadas y cercadas que contrastan, ya que es el lugar donde se erigen más barrios populares, (villas) y más barrios cerrados (countries). Nuestra Christiania es el conurbano bonaerense, asiento de distintas corrientes migratorias provenientes de Europa, de países limítrofes o del interior del país, donde vive el 62% de la población bonaerense y el 23,6% de la nacional, conformando un estado mamushka, uno dentro de otro y de otro, compuesto por 24 partidos de la Provincia de Buenos Aires que rodean la Capital Federal, que creció aproximadamente 10% en una década y donde, según indican distintas mediciones, entre 55 y 72% de los niños son pobres.
Carlos Pagni, periodista e historiador, en su libro El nudo dice, “…el conurbano es una región difícil de entender y, por ende, difícil de gobernar y transformar. Es la representación más ostensible de una derrota silenciosa de la política, ya que la estrategia para crecer en el mediano plazo hace perder elecciones en el corto plazo ”. Y dice en otro párrafo, “CABA duplica durante el día su población por personas provenientes del conurbano que trabajan en la Capital y si bien, dos tercios de las personas que se atienden en los hospitales de CABA viven en el Gran Buenos Aires, no menos importante son los 3 millones de personas que por día tributan con sus consumos en las arcas porteñas, principalmente mediante ingresos brutos.”
Un personaje conocido del conurbano, especialmente de sus villas, es el puntero político. En un trabajo de 2015, el S.J. Rodrigo Zarazaga, director del Centro de investigación y acción social dice, “…los punteros tienen asegurada la lealtad de los pobres en el cuarto oscuro porque de ellos esperan soluciones para sus problemas en el futuro… Así como los ruralistas apoyan a los candidatos que les prometen beneficios para el campo, los pobres apoyan a los punteros que les prometen mejorar sus ingresos”.
El Instagram The Walking Urban define de manera genial al conurbano como Un paraíso posapocalíptico a minutos del obelisco y los que alguna vez hemos caminado las calles del conurbano, pudimos percibir nítidamente la desconfianza justificada de los habitantes de barrios populares con los políticos académicos y también las lealtades tóxicas con los punteros políticos, donde se mezclan narcotráfico, clientelismo, hipocresías, discriminación y marginalidad. La misma desconfianza que subyace debajo del trinomio estado - puntero - menesteroso y que me lleva con tristeza al monólogo de Apocalipsis now, el film de Vietnam de Francis Ford Coppola, cuando el duro personaje de Marlon Brando dice al final, “Nos internamos en la selva a vacunar a niños de polio. Cuando nos alejábamos, un hombre viejo vino corriendo hacia nosotros, estaba llorando. Volvimos allí y ellos habían llegado y habían amputado cada brazo inoculado. Una montaña de pequeños brazos. Y recuerdo que yo lloré. Eran más fuertes que nosotros. El horror, el horror, el horror.
- Temas
- Conurbano
- barrios populares




Dejá tu comentario