15 de mayo 2007 - 00:00

Lanzan medidas para desinflar burbuja

Los bancos comerciales chinos podrán -de ahora en más- invertir en portafolios de acciones extranjeras. Hasta 50% de los recursos de sus clientes de banca privada. La Comisión de Regulación Bancaria china, el viernes, prestó su conformidad a la iniciativa. Los bancos, empero, no podrán invertir fondos propios sino únicamente los que administren de grandes inversores (los llamados inversores calificados domésticos). El umbral para ser considerado como tal -a nivel particular- no es muy elevado: 300 mil yuanes renminbíes (unos u$s 39.000).

La medida ya impactó de lleno en la Bolsa de Hong Kong y la catapultó a un nuevorécord. Hong Kong es el destino más próximo a mano. Los inversores chinos allí podrían apelar a un claro arbitraje: cerrar la brecha de cotización de las acciones H (los vehículos accesibles para los no residentes) con respecto a las acciones A (que replican el comportamiento de los papeles del continente). Pero no hay una limitación geográfica en la norma difundida este fin de semana y, por ende, sus efectos deberían derramarse en un amplio espectro de mercados internacionales.

  • Preocupación

  • La medida refleja -a carta cabal- la enorme preocupación que genera en las autoridades chinas la incesante escalada de las Bolsas de Shanghai y Shenzen. En el último año, mientras el índice S&P 500 trepó 15%, la Bolsa de Shanghai se disparó 165%. En los pasados seis meses, los valores chinos más que duplicaron (+110%) sus precios. A pesar del célebre (y fugaz) episodio del 27 de febrero. El propio titular del Banco Central -Zhou Xiaochuan- dejó de lado su parquedad, la semana última, y reconoció su impresión de lidiar con una burbuja.

    Más aún que la magnitud del ascenso, lo que quita el sueño a las autoridades es la participación creciente de millones de pequeños inversores, acostumbrados otrora a plazos fijos con rindes de 2% al año y que ahora acceden a «tickets» que se aprecian 50 veces más rápido. Nuevas cuentas de Bolsa se abren por millones; el último recuento habla de un total nacional de 94 millones.

    En el vertiginoso tren cultural que supone la experiencia de vida china, los ahorristas locales se deslumbran con los fuegos de artificio de los mercados alcistas; pero, muy pocos de ellos, es obvio, han podido asistir a un revés prolongado. Y, con tino, las autoridades temen las consecuencias políticas de una debacle precipitándose sobre las espaldas del hombre común y consumiendo sus preciados ahorros.

    Sin embargo, las advertencias oficiales y los ocasionales contratiempos del panel (han habido tres resbalones severos en lo que va del año) no han detenido el entusiasmo. La suba de tasas de interés (tres en los últimos doce meses) trota a la zaga. Incapaz de competir con el anzuelo de la Bolsa, los depósitos a plazo de las personas cayeron más de u$s 21.000 millones sólo en abril último. Vale comparar con su comportamiento un año antes: entonces habían aumentado en casi u$s 8.000 millones. No es, por cierto, que la política monetaria se haya tornado astringente: el M1 se expande a un ritmo de 17% en los doce meses a abril. Los particulares prefieren mantener el efectivo a mano para cazar las oportunidades de la Bolsa.

  • Interrogantes

    ¿Alcanzará la norma para mitigar los efectos de un eventual chubasco en los mercados de Shanghai y Shenzen? Diversificar en acciones, después de todo, supone reducir exposición en Guatepeor y tomarla en Guatemala. Si la correlación es muy alta y el derrumbe de las Bolsas chinas estrepitoso, el alivio final debería resultar acotado.

    El marco legal a utilizar -el programa de inversores calificados- data del mes pasado, pero originalmente se había restringido a compras de bonos e instrumentos del mercado monetario en el extranjero. Su empleo ha sido escaso hastael presente (la apreciación esperada del yuan, por ejemplo, restaba atractivo para incursionar en los papeles de Hong Kong). La idea de extenderlo a acciones incorpora un cariz mucho más estimulante. La intención, por supuesto, no sólo busca descomprimir la demanda de activos locales sino también reducir la entrada neta de capitales (al permitir su salida) y con ello las presiones alcistas sobre el yuan renminbí.

    Si bien se desconoce la forma en que se reglamentará, la iniciativa, en los hechos, abre una avenida de ida (y, en consecuencia, también de vuelta) en el celoso andamiaje del control de capitales. Instala una rendija en la inconvertibilidad del yuan en la cuenta de capitales. Y es por eso que se le ha impuesto cupos de utilización.

    Si se considera también el proyecto de creación de una agencia para administrar en forma activa una porción de las reservas internacionales chinas, se advertirá una tendencia en pañales: una creciente inserción de China como jugador de peso en los mercados de capitales. Si bien incipiente, opera a la manera del Japón de los años 80. Con un músculo que se abulta a pasos agigantados. Y, uno desearía, con mejores resultados.
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