Las advertencias del FMI que nunca se atendieron
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Tras escuchar reiteradas críticas al papel desarrollado por el organismo hasta el final de la gestión aliancista, Köhler sostuvo: «En el Fondo hemos aprendido de nuestros errores» (justificando así el cese del apoyo al elenco actuante hasta diciembre de 2001), aunque manifestando también su desazón por la tendencia argentina a buscar siempre «culpables externos y chivos expiatorios». Agregó luego que, según su entender, no era imposible «la reconstrucción del mercado con equidad social», para lo cual su acompañante ejemplificó con el diseño inmediatamente posterior al estallido delarruista del referido megaplán de asistencia a los sectores más carenciados, frente a lo cual denunció que buena parte del dinero que debía aplicarse a esa acción «iba a parar a bolsillos que no correspondían, que había corrupción, que se usaban los planes para comprar votos».
En torno a la cuestión energética, el ping pong con los representes de la dirigencia argentina dejó bien a la vista la concepción local de rechazo al nivel de ganancias de las empresas permisionarias de provisión de gas, de luz u otras prestaciones (con calificativos tales como «grandes» o «exorbitantes»), ante lo cual Köhler vaticinó que, frente a un crecimiento saludable de la economía, «los servicios van a colapsar porque no están invirtiendo».
Tras rechazar enfáticamente el cuestionamiento al FMI cual si fuese un mero «cobrador de deudas», aclaró que sólo se trataba de «recomendaciones para que haya energía para el desarrollo», añadiendo: «Si las tarifas se congelan, las empresas no invierten y estaríamos (así) subsidiando a los ricos».
Anoop Singh, por su parte, agregó: «No estamos insistiendo en aumentar 5% o 10%, sino en establecer un nuevo marco macroeconómico y fiscal».
(*) Analista político



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