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31 de diciembre 2020 - 19:36

Un 2021 aún "rehén" del viento externo en medio de desafíos locales

Se prevé que el año próximo no estará exento de volatilidad, al ritmo de los cotidianos ¨headlines¨ que marcan el humor de operadores sedientos de retornos dentro de un océano de liquidez y cada vez más escasas alternativas de inversión.

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Foto: Pixabay

Tras el ¨risk-on¨ global en los últimos meses que posibilitó una fuerte recuperación de los activos desde castigadas valuaciones, en especial de los ADRs - dado que los bonos no se sumaron con decisión -, las miradas ahora se dirigen hacia el año próximo.

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Actualmente luce probable que la dinámica de los activos domésticos continúe altamente correlacionada con los vientos del norte, y así es que necesitaría que el apetito por riesgo global siga tirando para poder aspirar a extender la recomposición.

Cabe destacar que las mejoras en las cotizaciones llegaron a raíz de apuestas que se arman desde el exterior sobre emergentes, con las perspectivas de que la amplia liquidez, las bajas tasas por un prolongado período y la mejora en los precios de los commodities actúen como ¨drivers¨ para corregir el ¨underperformance¨ acumulado.

En dicho escenario es que se reactivaron algunos posicionamientos selectivos y tácticos, concentrados principalmente en los ADRs de mayor liquidez, ya que son los beneficiados de dichos rebalanceos a partir de un activo perfil de ¨trading¨.

Aún así, los condimentos locales actuaron como condicionantes para potenciar los retornos positivos así como para hacerlos más generalizados, en ese sentido los bonos casi no participaron y el riesgo país así es que sigue en elevados niveles de ~1.400 pb.

Ocurre que continúan pesando las incertidumbres políticas y económicas, un serio limitante para sumar más participantes a buscar capturar las castigadas valuaciones que han sufrido desde hace tiempo y se profundizaron a partir de la pandemia.

Ante ello, es que despierta preocupación la capacidad de generar los consensos necesarios dentro la actual coalición para coordinar políticas económicas para corregir los desequilibrios a tiempo, a fin de evitar transitar nuevas tensiones financieras.

Entre ellas avanzar hacia una convergencia fiscal, monetaria y cambiaria resultan cruciales, y los operadores ansían que la elaboración de una ¨hoja de ruta¨ junto al FMI actúe como motor, y como mínimo permita refinanciar compromisos de los próximos años, para avanzar con la implementación de contar con respaldo político.

Sin embargo, dicho urgente desafío resulta no sólo complejo de llevar adelante por la debilidad económica - más allá del rebote a transitar tras el derrumbe de no sufrirse una segunda ola - y social vigente, sino porque el 2021 será un año electoral, donde generalmente no suelen ser los escenarios más propios para este tipo de políticas.

De ahí que mientras los inversores siguen monitoreando las señales domésticas no les quede otra alternativa que seguir atados a la suerte de los mercados centrales, y su correlato en los emergentes, para poder anticipar la dinámica de los activos locales.

Así es que se prevé que el año próximo no estará exento de volatilidad, al ritmo de los cotidianos ¨headlines¨ que marcan el humor de operadores sedientos de retornos dentro de un océano de liquidez y cada vez más escasas alternativas de inversión.

Ello obliga aún más a las carteras a rebalancearse hacia el ¨equity¨, aún reconociendo mayores riesgos asociados, aplicando acrónimos como TINA (¨there is no alternative¨) o FOMO (¨fear of missing out¨) que pintan de lleno el vertiginoso escenario vigente.

(*) Economista, titular del Estudio Ber

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