8 de octubre 2008 - 00:00

Lo que se viene en mercados

Finalmente, y luego de los avatares conocidos, a fines de la semana pasada el Congreso de EE.UU. aprobó el tan discutido plan de salvataje. Inicialmente la reacción de los mercados fue extremadamente negativa; durante el lunes y el martes, se vivieron dos de las peores jornadas bursátiles de las últimas décadas. El pánico parece querer arrastrar las cotizaciones a niveles que aún no encuentran su piso.

¿Hasta dónde seguirá la caída? ¿ Veremos bajas aún más pronunciadas? ¿Continuarán las fuertes volatilidades actuales? Para dar respuesta a estos interrogantes, se hace necesario definir un probable escenario macroeconómico. A este respecto, las cuestiones básicas que merecen analizarse son dos: cuáles debieran ser los próximos pasos para resolver esta profunda crisis y cuáles sus posibles consecuencias.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la crisis no se ha limitado sólo a EE.UU., sino que -por el contrario- el virus se ha diseminado globalmente, como lo prueban los recientes y graves problemas acaecidos en bancos europeos y del sudeste asiático. En este escenario, es claro que EE.UU. por sí solo no puede resolver una crisis de estas proporciones. En consecuencia, es imprescindible que las autoridades de las principales economías del mundo, y especialmente las de la Comunidad Europea, implementen -a la brevedad posible y en forma coordinada- programas de protección para cada uno de sus respectivos sistemas: garantía de los depósitos, fondos de rescate para limpieza de activos tóxicos y capitalizaciones, sumados a un fuerte compromiso político de no dejar caer ninguna entidad. Las recientes medidas tomadas en este sentido por algunos países europeos (Irlanda, Grecia, Alemania, Holanda, España, etc.) están sin duda en el camino correcto. Sin embargo, es indispensable que todos -y no sólo algunos de los países involucrados- tomen medidas similares y que, además, lo hagan coordinadamente. De no avanzarse en este sentido, sin duda nuevas eclosiones financieras se irán dando, una tras otra, en distintos países y regiones.

  • Restricción brutal

  • Sin embargo, el necesario y vital esquema de concertación no debiera terminar aquí. En efecto, la actual y grave crisis de confianza e incertidumbre vigente en los mercados mundiales ha dado lugar a una brutal restricción crediticia o «credit crunch» (los bancos no se prestan entre sí, ni a terceros), fenómeno que está generando un alto impacto negativo sobre los niveles de actividad. Nuevamente, entonces, será imprescindible aquí la concertación entre las respectivas autoridades monetarias, no sólo para inyectar toda la liquidez que sea necesaria a los efectos de quebrar la mencionada parálisis de crédito, sino también para implementar políticas expansivas (baja de tasas) que coadyuven a atacar la desaceleración económica existente. En este sentido, Australia ha dado una primera señal al reducir ayer su tasa de referencia en 100 puntos básicos; de igual manera, el presidente de la Fed -Ben Bernanke- ha dado a entender que, próximamente, la entidad retomará el proceso de baja de tasas que había interrumpido en junio último.

    La coordinación global entre las principales economías está llamada a jugar un rol fundamental en la estrategia de ataque a la crisis. De no lograrse su implementación, se hará extremadamente difícil y lento obtener la restauración de la confianza y el quiebre de la restricción de liquidez.

    Dicho esto, analicemos a continuación cuál será el probable impacto de este «tsunami» sobre la economía real. A este respecto, debe mencionarse que -con anterioridad a la actual eclosión financiera- la economía mundial ya presentaba evidentes síntomas de desaceleración. En consecuencia, resulta obvio que este nuevo «credit crunch» no sólo profundizará la magnitud de la misma sino que, además, la prolongará en el tiempo. Es más, si no se tomaran en forma coordinada las medidas mencionadas en los párrafos anteriores, una prolongada y costosa recesión global será inevitable, con todas las consecuencias negativas que ello implicaría.

    En lo que hace al futuro de los mercados -y más allá de las volatilidades que, sin duda, se producirán en el corto plazo-, el derrotero de los mismos dependerá, en grado sumo, del impacto final de la crisis sobre el ritmo de crecimiento. Cuanto más nos alejemos de un escenario de recesión, mejor sin duda será la probable evolución de las Bolsas mundiales. Si, por el contrario, se llegara a una larga y profunda recesión global, no debiera descartarse una adicional y pronunciada baja de los mercados bursátiles. La eficacia, rapidez y, fundamentalmente, la coordinación de las medidas a tomar serán, sin duda, factores clave para reducir la probabilidad de ocurrencia de tan negativo escenario.

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar