La contaminación ambiental es uno de los principales problemas que se está dando a nivel global desde hace varias décadas. Este fenómeno es consecuencia del impacto que las actividades económicas y el modo de vivir del ser humano tienen sobre el ecosistema. Sin dudas, cada una de las acciones imprudentes afecta a la biodiversidad del planeta y a la salud de las personas. Los datos son alarmantes. Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) 9 de cada 10 personas respiran aire contaminado, una situación que provoca anualmente alrededor de 7 millones de muertes prematuras, 600 mil de las cuales corresponden a niños.
Apostar al consumo reflexivo para mejorar nuestro futuro
La sustentabilidad es cada vez más transversal en las personas, empresas multinacionales, pymes y emprendimientos.
-
Ley de Humedales: faltazo de Juntos por el Cambio vuelve a retrasar el debate en comisiones
-
El ocaso de la autocracia financiera entre Trump y Milei
Planeta.
Frente a este contexto, la comunidad, los organismos y las empresas, plantean e implementan trabajos sustentables para evitar que esta cifra continúe creciendo. En este sentido, desde el Observatorio de Seguros SURA hemos investigado las tendencias de los consumidores y detectamos que, en Argentina, se viene imponiendo el consumo reflexivo, lo cual implica un gran avance para nuestra sociedad. Esto quiere decir que la gente, al momento de realizar compras, tiene en cuenta su impacto ambiental y social. Es decir, cada vez son más quienes eligen productos y servicios de forma consciente y responsable.
Estos consumidores son racionales, comprenden las consecuencias de sus compras y acciones. No les interesa el lujo ni las apariencias, por el contrario, buscan un equilibrio entre el ser y el lugar en el que habitan. Por eso prefieren productos y servicios que les permitan mantener la reflexión con relación al consumo. Hay una apuesta por la aceptación emocional y un sentido de comunidad que se refleja en la simplicidad.
Especialmente se evidencia en el rubro de alimentos. Esto es muy importante ya que, según la ONU, la manera en la que producimos lo que comemos amenaza la estabilidad climática y la resistencia del ecosistema. Los datos oficiales aseguran que los sistemas alimentarios actuales representan hasta el 80% de la pérdida de biodiversidad, el mismo porcentaje por la deforestación y el 70% de toda el agua dulce que se utiliza. A su vez, el 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de la cadena de suministro que lleva los alimentos del campo la mesa. Por si esto fuera poco, el 35% de todo lo que se produce en esta industria se desperdicia. Las investigaciones científicas indican que, si seguimos sin cambios sustanciales en la alimentación planetaria, para el 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero que produce el sector alimenticio crecerán en un 38%.
Como consecuencia de esta alarmante realidad y de la presión social o personal que esto desencadena, surge la eco ansiedad. Empieza a aparecer en las personas una sensación de culpa por la huella ambiental que pueden provocar sus formas de consumo. Y si bien, actualmente no hay estadísticas oficiales sobre cuántas personas están luchando con la ansiedad ecológica, ya que es un fenómeno relativamente nuevo, los especialistas afirman que no está basada en la inseguridad individual, sino en datos científicos concretos.
Al respecto, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las sustancias tóxicas que respiramos producen enfermedades respiratorias agudas, como la neumonía, y crónicas, como el cáncer del pulmón y las enfermedades cardiovasculares. Ante este panorama tan complejo, el consumo reflexivo es la tendencia más positiva y beneficiosa para la sociedad.
Los consumidores —que se muestran activos y empoderados en las plataformas sociales— demandan a empresas e instituciones, prácticas y estrategias consistentes que aborden estas problemáticas, según afirma un estudio realizado el Banco Mundial (BM). Además, la mayoría acepta pagar más por marcas sostenibles y ambientalmente responsables y el 62% asegura estar dispuesto a cambiar sus hábitos de compra para reducir el impacto ambiental.
Como respuesta a esto, aparece un interés en una economía más justa e igualitaria. La sustentabilidad empieza a ser transversal a empresas multinacionales, pymes y emprendimientos. De este modo, se efectúan distintas acciones tales como estrategias de marketing para generar conciencia; programas que implementan políticas de sostenibilidad; métricas que evalúan el impacto de una compañía en términos ambientales, sociales o de gobernanza; entre muchas otras. Tal es el caso de la empresa Suramericana, que se propone revisar desde una perspectiva sustentable, las decisiones de negocio, inversiones y operación para aportar a lo ambiental, lo social, lo económico y a los aspectos de gobierno.
En conclusión, no solo hay una voluntad conjunta de transmitir el mismo mensaje de conciencia, sino también prácticas concretas y claras que buscan propiciar escenarios sostenibles, con el fin de construir un futuro mejor para las generaciones venideras.
Líder del Observatorio de Tendencias de Seguros SURA Argentina.
- Temas
- medio ambiente
- ONU
- OMS



