En el último tiempo, una tendencia que empezó a circular dio pie a una pregunta que llegó con fuerza a muchas áreas de People dentro de las organizaciones: ¿tiene sentido pagar un plus a los empleados por usar iInteligencia artificial en su trabajo? Mientras en países como EEUU algunas compañías ensayan bonos específicos para acelerar la adopción, en Argentina la realidad es otra. Y no necesariamente por atraso, sino por contexto y enfoque.
¿Pagar por usar inteligencia artificial?: cuando el incentivo no genera valor
No se conoce como “pago por usar IA”, sino de un reconocimiento al impacto que esa capacidad genera. De qué se trata.
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Es clave entender que pagar por usar IA es subestimar el verdadero cambio que trae.
Si bien pueden observarse algunos casos puntuales, principalmente en empresas de tecnología o en roles muy especializados, donde se reconocen habilidades diferenciales vinculadas a automatización, data o IA dentro del esquema salarial general, esto no se traduce en un bono explícito y transversal por “aplicar Inteligencia Artificial”. En la práctica, en la mayoría de las organizaciones locales, la adopción de esta tecnología está transitando una etapa más exploratoria centrada en la inversión en herramientas, la capacitación y los pilotos, antes que en esquemas formales de incentivos económicos directos.
Reconocimiento por el uso de IA en el ámbito laboral
Actualmente, en los pocos casos donde aparece algún tipo de reconocimiento, suele darse de otras maneras: como parte del salario del rol, cuando el uso avanzado de IA es una competencia central (por ejemplo, en data, producto o ingeniería) o como bonos por proyectos o resultados, donde la IA permitió mejoras concretas en eficiencia, calidad o time-to-market. También como beneficios indirectos, como pueden ser el acceso prioritario a formación, certificaciones o participación en iniciativas estratégicas. Es decir, no suele tratarse de un “pago por usar IA” en sí mismo, sino de un reconocimiento al impacto que esa capacidad genera.
Sin embargo, más allá de las tendencias, es clave entender que pagar por usar IA es subestimar el verdadero cambio que trae. La adopción real no se logra con bonos, sino cuando la tecnología demuestra impacto concreto en resultados, aprendizaje y valor para el negocio.
Otorgar un plus por su aplicación puede parecer un atajo para acelerar la adopción, pero en muchos casos termina confundiendo el medio con el fin. Actualmente, en organizaciones como Ingenia, la estrategia parte de una convicción clara: la Inteligencia Artificial no pertenece a un rol específico, es una habilidad transversal e indispensable para todos los perfiles. No se la entiende como un conocimiento extraordinario que deba ser incentivado con un bono, sino como una capacidad crítica, al mismo nivel que otras competencias que hoy definen el impacto profesional.
Ante este escenario, los incentivos económicos pueden funcionar de manera puntual, por ejemplo, para destrabar adopciones iniciales o en contextos de alta especialización, pero tienden a fallar cuando se premia el uso y no el impacto. Y el mayor riesgo es fomentar adopciones superficiales, instrumentales, desconectadas del valor real que se genera.
Lo que realmente funciona es otra cosa: cuando las personas comprueban que lo que aprendieron y aplicaron mejora resultados, acelera entregas y se vuelve visible en los clientes, la adopción se multiplica de forma orgánica. En pocas palabras, el efecto contagio no viene del bono, sino del impacto.
En un entorno donde la complejidad crece y los tiempos se acortan, la ventaja competitiva no la tendrán las organizaciones más grandes, sino las que desarrollen mayor agilidad cognitiva. Una agilidad que no se compra, se construye integrando la IA de forma simbiótica con el ingenio, la ética y el juicio humano. Porque, en definitiva, la Inteligencia Artificial viene a consolidarse como una herramientanta poderosa que requiere de la creatividad, el ingenio y la capacidad de las personas que la lideren con propósito.
Por eso, en lugar de pagar por usarla, deberíamos integrarla al modelo de desarrollo y compensación como una capacidad esencial del negocio. Porque cuando la IA genera valor real, no hace falta incentivarla: se adopta sola.
Head of People Experience en Ingenia



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