Para evitar desbordes, hay que reglamentar el derecho de huelga
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c) los conflictos no ponen en evidencia ningún contenido ideológico, aun cuando éste subyace en cada uno de los eventos, con distintas orientaciones, en la más variada de las corrientes ( izquierda, centroizquierda o derecha) y, a menudo, con combinaciones que vinculan grupos tradicionalmente peronistas o justicialistas con grupos de izquierda, lo que revela que se busca más el resultado que la compatibilidad de ideologías;
d) los reclamos sólo se concentran en pedidos de aumentos de salarios, aun cuando muchos de los procesos de conflicto nacen de la idea original de renegociar el convenio colectivo;
e) los aumentos se instrumentan de las más diversas formas, desde la modificación lisa y llana de la escala convencional, la determinación de sumas fijas por categoría o planas, sean remunerativas o no remunerativas, o con prestaciones de emergencia que se liquidan por un plazo determinado, y son luego la base de una negociación definitiva;
f) las sumas fijas o las sumas no remunerativas en general son base de la negociación de la transformación ulterior en los nuevos básicos del convenio y de naturaleza remunerativa, con lo cual el costo laboral se duplica;
g) la negociación trepa a los niveles de las empresas, de los gremios y del gobierno nacional hasta comprometer en forma directa al primer nivel de los tres actores sociales, lo que demuestra la gravedad e intransigencia a la que se llega en muchos de los conflictos, neutralizando la posibilidad de las autoridades competentes de arbitrar un resultado con equidad;
h) la ley que reglamente el derecho de huelga, el estado de emergencia en materia de conflictos o la reglamentación de los servicios esenciales podrían ser algunos de los instrumentos o de las herramientas que mejorarían la interacción de los actores sociales en un derecho de huelga que debería volver al cauce constitucional;
i) la interlocución en los conflictos reconoce los niveles más insólitos, ya que está cuestionada la representación gremial de cúpula, y a menudo son los delegados o las bases que exigen asambleas para resolver el paso siguiente o para aprobar los eventuales acuerdos;
j) la interacción con los huelguistas y con el gremio de grupos ajenos al sindicato, como otros grupos que se solidarizan, los piqueteros, o simplemente, terceros ajenos a la medida de fuerza que portan estandartes, pancartas e integran el ruido de bombos, silbatos y tambores, junto con gritos y cánticos, de modo que es frecuente que los trabajadores sean ajenos al conflicto mientras una «batucada» representa o teatraliza el acto de protesta. Está demostrado, además, que los recursos legales existentes son insuficientes para contener los desbordes o para evitar la generalización del estado de conflicto permanente. Por ello, es el Estado el que necesita como eje del arbitraje del conflicto medios y herramientas que le permitan encaminar y canalizar los conflictos para que se transformen en acuerdos sustentables dentro de un marco de paz social.



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