3 de octubre 2008 - 00:00

Por controlar inflación habrá una crisis recesiva

Desde el inicio de la crisis de las hipotecas subprime (en agosto de 2007), el Banco Central Europeo (BCE) y la autoridad monetaria de EE.UU. (Fed) siguieron políticas monetarias diametralmente opuestas.

En efecto, la primera entidad privilegió la lucha contra la inflación en detrimento del nivel de actividad, procediendo a una estrategia monetaria restrictiva; esto es: no sólo no bajó su tasa de referencia sino que, por el contrario, la elevó en 25 puntos básicos; llevándola a su actual nivel de 4,25%. Por su parte la Fed, fiel a su objetivo de sostener adecuados niveles de empleo, siguió el camino inverso: a partir de setiembre del año pasado comenzó a reducir aceleradamente su tasa, de 5,25% a su actual nivel de 2,0%.

Los resultados fueron los esperables. La Euroárea logró reducir su nivel de inflación de 5% al actual de 3,6%, pero a costa de entrar en un evidente proceso de desaceleración: en el segundo trimestre su crecimiento fue negativo en 0.5%. Por su parte, EE.UU., con su agresiva política expansiva de baja de tasas, logró atemperar la caída en el nivel de actividad; a tal punto que, en el mismo período, su crecimiento fue de 2,8%. Lógicamente, sólo logró disminuir la inflación a niveles del orden de 5%.

Sin embargo, a partir de la eclosión de la crisis de entidades financieras iniciada durante el mes pasado en EE.UU., el escenario se complicó aún más. En efecto, la crisis en cuestión ha generado una fenomenal restricción crediticia la cual, indefectiblemente, llevará a agudizar el actual proceso de desaceleración; corriéndose, incluso, el peligro de caer en una fuerte recesión a nivel global.

Ante este evidente aumentodel riesgo sobre los niveles de crecimiento, parecía que era el momento adecuado para que el BCE comenzara a cambiar su actual política restrictiva e iniciara un gradual proceso de baja de tasas; máxime teniendo en cuenta que la esperada caída de la demanda global, sumada a la baja registrada en los precios del petróleo y de las commodities, iba seguramente a actuar cono contenedora de los niveles de inflación. Sin embargo en el día de ayer, y a pesar de reconocer explícitamente el nuevo y grave cuadro de situación, la autoridad monetaria europea decidió -una vez más- mantener su nivel de tasas. Pareciera, entonces, que el fundamentalismo monetario de su presidente -Jean-Claude Trichet- continúa anteponiendo su arbitrario objetivo de bajar la tasa de inflación al de evitar una profunda recesión.

Es más, ante el evidente contagio del virus tóxico que desde EE.UU ya están sufriendo algunas entidades financieras europeas, y a pesar de los reiterados pedidos de sus países miembros en el sentido de implementar un esquema uniforme e integral de salvataje para su sistema financiero, el BCE ha respondido que dicha estrategia no es necesaria.

El fundamentalismo y la tozudez de las autoridades del BCE, impregnadas realmente de una visión monetarista que cada vez las aleja más de la economía real, quizás puedan conseguir el arbitrario objetivo de reducir la inflación a niveles del orden de 2%. Si éste fuera el caso, no sería descartable que el costo de su política fuera arrastrar a la Euroárea a una profunda crisis recesiva.

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