23 de mayo 2006 - 00:00

"Preocupa más el crecimiento económico que la inflación"

(El experto en mercados internacionales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko de la película «Wall Street» sostiene que la Reserva Federal de Estados Unidos no exagera la suba de tasas. Reafirma que el boom inmobiliario en EE.UU. finalizó y que el mercado está más preocupado con el crecimiento económico que con la inflación. Por eso los precios de los metales, y en especial el oro, dejaron de ser considerados refugio y los inversores van hacia los bonos del Tesoro americano. Este fue el diálogo que mantuvo el especialista con este diario.)

Preocupa más el crecimiento económico que la inflación
PERIODISTA: La tormentano cesa. ¿Dónde guarecerse? Los bonos del Tesoro se han convertido en el único refugio a mano...

Gordon Gekko: Lo que no deja de ser curioso. Tanto mentar a la inflación y cuando el lobo aparece, y se exacerba la aversión al riesgo, se descubre que su cueva es el mejor lugar para buscar protección...

P.: No hay tal lobo feroz...

G.G.: Si lo hubiera, los mercados parecen afirmar, ahora, que Bernanke sabrá cómo someterlo a la mansedumbre.

P.: No se entiende muy bien el porqué de este cambio rotundo de idea. Lo acepto. Pero estamos asistiendo a una gran liquidación de las trampas para lobos. El oro, los metales y, en menor medida, las monedas están en oferta...

G.G.: Me recuerda el viejo chiste del cajón de sardinas. Con cada cambio de manos, con cada transacción, subía de precio. No había límites para la euforia.

P.: Hasta que alguien lo abrió para verificar el contenido...

G.G.: Ese fue el dramático error. No eran sardinas aptas para consumir. Eran excelentes, sin embargo, para comprar y vender. En el mismo sentido, el temor a un desborde inflacionario fue -todos estos años- un magnífico propulsor de las cotizaciones del oro.

P.: Un motivo irresistible...

G.G.: Correcto. Pero así como la amenaza potencial resulta propicia, la inflación -contante y sonante- es nefasta para el metal. Es la lección de Paul Volcker, veinticinco años atrás, cuando comandaba la Fed. En un combate cuerpo a cuerpo con los bancos centrales, el oro -tarde o temprano- se queda sin argumentos ni partidarios...

P.:
Soldado que huye sirve para otra guerra. Esta es sólo una primera escaramuza. Habrá que ver cómo sigue la batalla de la inflación...

G.G.: De acuerdo. Pero son los mercados -de motu proprio- los que han mudado el veredicto. Puestos contra la pared -tras el último informe de precios minoristas- han tenido que mostrar sus cartas. Y de allí surge que lo que verdaderamente temen no es un rebrote de la inflación como una desaceleración marcada del crecimiento en el mundo.

P.: Por eso caen las tasas de largo plazo...

G.G.: Las señales son uniformes. La curva de rendimientos se aplanó de nuevo. Las tasas largas se mueven en tándem en los EE.UU., en Europa y en Japón. Uno esperaría que la veloz caída del dólar hubiera ensanchado la brecha castigando a los bonos de los EE.UU. Después de todo si el dólar se derrumba contra el euro y el yen, ello ejercería una presión deflacionaria en la eurozona y en Japón. No ocurrió nunca. Caen las Bolsas. Y los que más sufren son los sectores cíclicos. Son las expectativas de crecimiento y no las de inflación las que definen el pulso agitado de las variables...

P.: ¿Cree que se produjo una «burbuja» de los commodities?

G.G.: No. Hay efervescencia y hubo sí un «pico» de fiebre. Pero por fortuna también existe una historia real detrás de la suba: la lozanía de la economía mundial no es un espejismo.

P.: Pero podría agrietarse si es que hay que apagar un incendio de precios...

G.G.: No hay mal que por bien no venga. Los mercados le están mostrando a la Fed -y al resto de los bancos centrales del G-7- que gozan de crédito. La Fed no necesita sobreactuar y blandir el hacha de la suba de tasas a tientas y locas sólo para ganarse el respeto...

P.: Jeff Lacker -el titular de la Fed de Richmond- dijo, muy claramente, que la situación exigía acentuar la dureza monetaria...

G.G.: Tom Hoenig -el presidente de la Fed de Kansas City- apuntó, después de conocidas las palabras de Lacker, que había que evitar el riesgo de exagerar con el aumento de tasas.

P.: Lacker vota en el Comitéde Mercado Abierto. Hoenig, no...

G.G.: Susan Bies, Janet Yellen y el flamante vicepresidente de la Fed -Donald Kohn- todos ellos votan y han sabido sostener -en público- la postura que mencionó Hoenig. No hay nada definido aún.

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