En toda República cuyo sistema institucional prevea renovaciones parlamentarias, como en el nuestro, al margen de los integrantes del Poder Ejecutivo Nacional, significa una expresión que más allá de los candidatos y los partidos que representan, marcan también el estado de ánimo de la población respecto de la gestión del gobierno de turno. En el último medio siglo y cuando los períodos presidenciales eran de 6 años se agregaba a esto generalmente la conjunción con la elección casi siempre de los gobernadores de los estados federales que constituyen la Nación, lo que le daba mayor gravitación al resultado electoral.
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Así fue como la gestión presidencial del Dr. Arturo Frondizi, que había sobrellevado múltiples crisis y planteos pese a la importante gestión de gobierno, sucumbió bajo la presión militar después del acto eleccionario del año 1962 que entre otras cosas consagró el triunfo del justicialismo en la provincia de Buenos Aires.
En el año 1963 Arturo Illia inició su gestión con la falencia política de que el justicialismo no había participado de la misma, pero en la primera renovación parlamentaria del año 1965 importantes sectores de dicho partido se integraron. Antes de la segunda renovación parlamentaria y dado que la tasa de crecimiento, del bajo desempleo, la inflación acotada marcaba una exitosa gestión gubernamental; se articuló una letal campaña comunicacional que promovió y ayudó al golpe de Estado antes de las elecciones parlamentarias del año 1967.
En 1973 y reformada por enmienda la Constitución nacional, se habían unificado los mandatos lo que quizás y dado el drama institucional y de violencia que vivía la República no permitió la oxigenación, que con seguridad, hubiera dado la consulta popular desatándose el drama del 24 de marzo de 1976 cuando ya estaban convocados los comicios presidenciales para el mes de octubre de dicho año.
Restaurada la democracia en 1983, el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín tuvo un respaldo ampliamente mayoritario en la renovación legislativa de 1985, pero la derrota electoral del año 1987 significó su debilitamiento, que junto con la influencia de factores económicos y fundamentalmente de la presión financiera internacional concluyó con la consagración, en 1989, del candidato presidencialdel justicialismo Dr. Carlos Menem. Durante su período, más allá de su éxito en 1991, fue la elección del año 1993 la que potenció su poder político, y llevó a consagrar la reforma Constitucional de 1994, que le dio la posibilidad de su reelección en el año 1995, donde de acuerdo a la disposición de nuestra Carta Magna se redujo el período presidencial a 4 años, con la posibilidad de una reelección. Todos recordamos las claras señales que en base a una pseudo interpretación de esta norma se había instalado desde lo más alto del poder la posibilidad de su rereelección, pero la derrota que el pueblo infligió en las urnas en 1997 marcó con claridad la imposibilidad de este intento.
Asumida la Presidencia por el Dr. Fernando de la Rúa en el año 1999, fue la expresión popular de octubre de 2001 la que indicó su declinación y pérdida del poder que nos arrastró al drama y la crisis institucional por todos conocida. Todos estos antecedentes nos indican el profundo significado que tendrán las elecciones del año que viene, donde a su vez se tendrá la experiencia casi única que nos señala la realidad de hoy, donde habrá que ver si el oficialismo se expresará en plenitud en las listas de candidatos del Partido Justicialista, cosa que más allá de la pirotecnia interna de estos días se dará.
También se marcará con claridad si la oposición estará enmarcada en la Unión Cívica Radical o en partidos creados por figuras respetadas pero basados exclusivamente en los liderazgos personales sustentados sobre la presencia mediática de los Dres. Ricardo López Murphy y Elisa Carrió.
Bueno es tener en cuenta que en el caso del Senado de la Nación se renuevan 8 provincias (24 bancas) a saber: Formosa, Jujuy, Santa Cruz, San Luis, San Juan, Misiones, La Rioja y provincia de Buenos Aires. Actualmente de ellas la Unión Cívica Radical tiene 7 representantes, más allá de que algunos estén integrados a alianzas provinciales. Es difícil imaginar que por más malabarismos que se quieran plantear pueda el ARI o el Partido Recrear incorporar en estos distritos alguna representación significativa. En el caso de Diputados el radicalismo, de un bloque actual de 47, renueva 25; el partido Recrear tiene actualmente 1 con mandato a 2007 y el bloque del ARI tiene 10 y renueva 5. Esto por un lado señala la necesidad cierta y concreta que la oposición tan necesaria para el sistema democrático, a efectos de frenar los proyectos hegemónicos, equilibrar la vida institucional y para que la Argentina no sufra el retroceso de terminar en un proceso como sucedió con el PRI en México, que nos alejaría del sistema institucional de casi todas las naciones del mundo.
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