18 de junio 2008 - 00:00

Se frena el crecimiento del empleo

Durante los primeros años del actual ciclo económico, la economía se acercóa la frontera utilizando el capital disponible ocioso (maximizando el uso de capacidad) y expandiendo fuertemente el empleo. En el margen, resultaba menos relevante la expansión del stock de capital o la mejora de largo plazo de la productividad total factorial (lo que designamos como PTF). Desde fines de 2005 sin embargo había indicios de un cambio en los factores de crecimiento: sostener la expansión requería mayor capital por ocupado y mayor productividad, y ello efectivamente ocurrió con un aumento de la tasa de inversión de casi tres puntos respecto del PBI.

Un aumento de productividad se asocia en general con un menor crecimiento del empleo agregado, ya que implica una menor demanda de trabajo por unidad de producto. En este período por lo tanto se observó una significativa caída de la elasticidad empleo-producto, desde niveles cercanos a 0.7 en 2005, a apenas 0.2 a fines de 2007. Esta menor demanda de trabajo no se explica por menor crecimiento (la expansión del PBI fue relativamente estable por sobre 8% anual), ni por menor disponibilidad de empleo. En efecto, a pesar de la caída del stock de desocupados, la tasa de actividad se mantuvo estable (hay margen para crecer) y lo que es aún más importante, la Argentina tiene un enorme espacio para reasignar empleo desde actividades de muy baja productividad (informales) a actividades formales.

La caída en la demanda de empleo por unidad de producto fue impulsada, en cambio, por el aumento del precio relativo del trabajo al capital que se recuperaba aceleradamente desde la salida de la devaluación. El aumento del precio del trabajo detonó la rápida sustitución de empleo por capital. Este es un fenómeno que se asimila al «crecimiento sin empleo» ocurrido en la primera mitad de los 90, en aquel caso por una combinación de aumentos salariales y caída del costo del capital. Y en esta nueva etapa estábamos ingresando ahora en el año 2008, cuando apareció un factor de debilitamiento del empleo: ahora es la economía que comienza a enfriarse en forma acelerada, y demanda todavía menos empleo.

EL FRENAZO AL EMPLEO DESDE FINES DE 2007

Promediando el segundo semestre del año pasado se observó una fuerte desaceleración del crecimiento del empleo, que por supuesto no tiene nada que ver con la crisis de las retenciones inaugurada en marzo de este año. Los datos de las encuestas de hogares indican que el empleo urbano moderó su crecimiento de 4% a menos de 2% anual en el cuarto trimestre y a sólo 1.6% en los primeros tres meses de 2008. Este cálculo interanual resulta sin embargo engañoso, ya que en realidad el empleo parece haber dejado de crecer en los últimos 6 meses. Los datos de empleo formal del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJyP) que llegan hasta marzo, permiten un mejor seguimiento de la evolución reciente. Los números confirman que el empleo formal privado se estancó en el agregado, y declinó en la mitad de los sectores de actividad. Este comportamiento anémico se dio durante un período en el cual el PBI creció oficialmente a una tasa de 8.8% anual (desde III.07 a I.08). Un ejemplo perfecto de « crecimiento sin empleo» tal como ya había ocurrido en el pasado.

La explicación de tan baja elasticidad empleo a producto puede estar asociada con más de un factor: por un lado, con el deterioro de las expectativas de inversión, y en el caso más específico del factor trabajo, con el crecimiento de los costos laborales,tanto directos (salariose impuestos) como indirectos (regulación), respecto del costo del capital (que hasta comienzos de este año crecía a una tasa menor). Abona esta hipótesis el hecho de que la menor demanda de empleo sea un fenómeno bastante generalizado, aunque más evidente en sectores de no transables (que no enfrentan la mejora de precios externos de los transables). En efecto, hay una contracción del empleo en finanzas, inmuebles, servicios privados y la construcción. Estos sectores juntos sumanpoco más de 52% del empleo privado.Curiosamente hasta marzo el sector más expansivo en ocupación (pero con bajo peso en el total) era el agropecuario, mientras que la industria crecía a tasas que eran poco más de la mitad de las observadas el año pasado.

EL ESCENARIO SE DETERIORA

¿Qué cambió a partir de abril, es decir a partir del conflicto agropecuario, que puede afectar la tasa de creación del empleo? La evidencia que comienza a aparecer indica no sólo un «frenazo» del empleo, sino que anticipa una declinación ya para el actual trimestre del año.

En términos sectoriales, los datos cualitativos de la encuesta de la construcción (ISAC) no dejan dudas acerca de que está reduciendo su demanda de empleo, tanto para quienes realizan obras privadas como para los que se dedican a obra pública. En este caso, la caída es un indicador de eventual contracción de la actividad, consistente con otros indicadores cualitativos de expectativas, y con los datos cuantitativos de permisos. Más allá de la construcción, el conflicto afectó fuertemente las expectativas de crecimiento del agro y el transporte, que juntos explican otro 15% del empleo privado formal. Los sectores de finanzas e inmuebles se han visto particularmente afectados en el trimestre junto con servicios y más recientemente el comercio. De allí el riesgo de una caída del empleo bastante más general que la observada en el primer trimestre del año.

Un escenario de estancamiento y caída en el empleo es indicio de menor actividad económica (descartando un salto en la tasa de inversión que agregue capital y productividad). Es probable pues que el deterioro de la situación de empleo anticipe un punto de giro del ciclo económico. Resulta claro sin embargo que este cambio comenzó a gestarse claramente durante el año pasado, y que el conflicto sólo parece haber acelerado los tiempos. El frenazo del empleo, y eventualmente de la economía, no comenzó con el conflicto agropecuario, sino que es producto de factores anteriores macro y microeconómicos, sobre los cuales habrá que actuar más allá de resolver el conflicto en sí mismo, y recuperar la iniciativa política. Si la administración es incapaz de evaluar y revisar esas políticas económicas que llevaron al actual deterioro, tratará de fabricar culpables, profundizando la crisis y retrasando el proceso de recuperación.

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