"Se podría tener que importar soja si no cambian las medidas"

Opiniones

La soja ocupa la mitad de la superficie cultivada del país» y sólo «3% de los campos están concentrados entre los mayores productores», sostiene Miguel Calvo, vicepresidente de la Asociación de la Cadena de Soja (ACSOJA) y director del Puerto de Rosario. Este experto en temas del sector relativiza fuertemente los argumentos del gobierno en torno a una Argentina «sojizada» y en manos de gigantescos pools de siembra.

En medio de la dura negociación campo-gobierno, Calvo opina que sería positivo vincular los impuestos al agro con las ganancias que percibe el sector, y anticipa que el nuevo y polémico modelo de retenciones móviles golpeará con fuerza a las zonas marginales. Además, advierte por la complejidad que implica definir la escala de producción: «No es lo mismo 500 hectáreas en Venado Tuerto que en Santiago del Estero», indica.

Calvo también es director del Puerto de Rosario y agrega un paradójico dato vinculado con la producción de aceite de soja (la mayor del mundo, con 9,2 millones de toneladas anuales): «Si las cosechas se achican, las fábricas deberán comenzar a importar soja de Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay».

Periodista: ¿El cultivo de soja atenta contra el resto de las producciones agrícolas?

Miguel Calvo:
La soja y el trigo pueden coexistir, porque este último es un cultivo de invierno y la oleaginosa es de verano; justamente ésta es una de las ventajas comparativas que tiene la Argentina. Para que se siembre más trigo daría mucho más resultado que haya un estímulo en el precio que se paga a nivel nacional.

P.: ¿Bajar la rentabilidad de cultivar soja incrementará la producción de maíz y trigo?

M.C.: La Argentina hoy tiene 32 millones de hectáreas agrícolas, de las cuales sólo la mitad están ocupadas por soja, el resto lo ocupan los otros cultivos de verano: maíz, girasol, sorgo, maní, etc. La competencia de los granos la genera el precio que logre cada uno de ellos, no las barreras que se pongan al resto. Es muy probable que los cultivos no puedan aprovechar una futura menor producción de soja.

P.: El gobierno destaca el sistema de compensaciones como incentivo a otras producciones. ¿Está de acuerdo con esta posición?

M.C.: Las compensaciones cruzadas deforman los precios relativos, y tal como están planteadas no benefician al productor. Puedo además ofrecer mi caso personal para mostrar los obstáculos burocráticos que existen para cobrarlas: presenté mi trámite para recibir compensaciones por trigo en octubre pasado. Todavía no tuve respuesta. En el gobierno me respondieron que aún estaban procesando los pedidos de setiembre. Tal vez sería más interesante que el Estado subsidie el consumo, que es algo más económico y fácil de implementar, al menos en el caso del trigo.

P.: ¿Cuáles son las principales consecuencias del nuevo esquema de retenciones móviles?

M.C.: En primer lugar, desaparece el mercado de futuros y el mercado en general, porque desaparecen la competencia y la formación de precio. A su vez, el aumento y la movilidad de las retenciones perjudica más a la producción de soja en lugares alejados del puerto de Rosario. En el Noroeste, la utilidad llegaba a 2% en una buena cosecha, en tanto que en condiciones regulares eso es lo que obtenía un propietario de campo. Estos márgenes desaparecen y se transforman en pérdidas bajo el nuevo esquema.

P.: El discurso oficial ataca con fuerza a los pools sojeros. ¿Son los dueños de la tierra?

M.C.: Técnicamente, son básicamente conjuntos de inversores posicionados dentro de una empresa o grupo, que alquila campos y produce en forma tercerizada. En la mayoría de los casos, funcionan a través de fideicomisos financieros, ya que cuentan con ventajas tributarias del Estado. La Argentina tiene actualmente unos 16,7 millones de hectáreas de soja sembradas, distribuidas entre Santa Fe, Córdoba, norte de Buenos Aires, Entre Ríos; luego están Santiago del Estero, Chaco y Formosa. Alrededor de 3% de toda la superficie está concentrada entre los mayores productores. Por ejemplo, Adeco, que podría ser el más grande de todos, debe contar con unas 200 mil hectáreas. Es decir, la mayoría de las zonas productivas incluyen escalas entre chicas y medianas, con campos propios y alquilados.

P.: ¿Es falsa la afirmación de que «no existen pequeños productores de soja»?

M.C.: Es complicado que el eje de discusión sea algo que, en realidad, no es tan fácil de determinar. Si hablamos de extensión de tierras, entonces hay que saber que no es lo mismo 500 hectáreas en Venado Tuerto que en Santiago del Estero. Existen pequeños productores que tienen un campo en el cual también hacen ganadería; otros tienen 50 hectáreas que las hacen sembrar o las alquilan, o se asocian con un productor. ¿Pequeño es un productor de 300 hectáreas en Santa Fe o de 10 mil en zona árida? Y en este último caso, ¿qué pasa si el campo tiene una laguna que favorece la humedad? ¿Eso lo convierte en grande? ¿Se trata de un productor con equipos propios? ¿Qué tonelaje produce? ¿Cuánto factura? Son muchas variables y es la ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario) la que concentra esta información y la que conoce qué sectores tienen renta negativa, de 5% o de 40%.

P.: De mantenerse el actual escenario, ¿cuál es el futuro de la producción sojera?

M.C.: Habrá una superficie menor de cultivos, especialmente en zonas alejadas de los puertos. También se achicará la inversión en tecnología: se trabajará menos con azufre y fósforo, no se hará una tercera pasada de glifosato para limpiar el cultivo; bajará el umbral de control de plagas; se resentirá la variación y mejoramiento de semillas. A corto y, especialmente, a largo plazo se reducirá el rendimiento. El resultado será un menor volumen de producción.

P.: ¿Las cosechas serán cada vez menores?

M.C.:
Sin dudas que se achicarán, y en tiempos en que la demanda está en aumento. La caída reducirá el volumen a nivel mundial y probablemente haga subir el precio, pero las retenciones ponen un techo a la ganancia, así que el ingreso será menor para el productor. Este proceso también hará caer la recaudación del Estado.

P.: ¿Cómo serán afectados los subproductos?

M.C.: La Argentina es el primer exportador de aceite de soja y de harina proteica. Actualmente hay capacidad instalada en la industria para trabajar con 48 millones de toneladas. Si las cosechas se achican, las fábricas deberán comenzar a importar soja de Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay. En un radio de 50 kilómetros de Rosario, entre Timbúes y Ramallo, está instalado 85% de la capacidad de extracción de aceite de soja por solventes que existe en el mundo. Estas empresas van a seguir necesitando materia prima.

P.: ¿Qué opciones considera viables para superar el actual conflicto entre campo y gobierno?

M.C.: Me parece que un buen criterio sería cobrar impuestos a la producción a través de sus ganancias. Reconocer cada sociedad de hecho -una organización típica en el campo-, para ver la participación de cada familia. Los derechos de exportación deberían desaparecer o estar al mínimo, algo que parece imposible ahora; y estos ingresos del campo habría que coparticiparlos.

Entrevista de Pablo Domini

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