Sergio Massa y el Gobierno bifronte

Opiniones

Los actores trascendentales del Frente de Todos resolvieron la incursión de Sergio Massa al Gobierno nacional, con un rol sumamente protagónico. ¿Qué cambia? ¿Hay antecedentes?

La particularidad del gobierno encabezado por Alberto Fernández, nos brinda un panorama de inestabilidad e incertidumbre, que es muy difícil de comparar con nuestra historia reciente democrática. Podríamos convenir, que desde el momento en el que se produjeron las renuncias de los ministros identificados con la accionista mayoritaria del Frente de Todos y actual vicepresidenta de la Nación, y a su carta pública exponiendo sus marcadas diferencias con el presidente, ya nada volvería a ser igual en el gobierno y en términos de estabilidad política, social y económica la situación tuvo un cambio ostensible para todo el conjunto de la sociedad.

En ese contexto de turbulencia, se fueron sucediendo una seria de hechos y circunstancias que derivaron en la renuncia de manera intempestiva y hasta podría decirse que con un grado de irresponsabilidad, del ex ministro de Economía, Martin Guzmán. Dicho acontecimiento, fue el corolario una situación iniciada tiempo atrás y que generó una situación de seria crisis en el Gobierno nacional.

Algunos podrían pensar que con el alejamiento de Guzmán se saldaba una situación interna de disputas y desencuentros entre los integrantes mayoritarios de la alianza gobernante; sin embargo esto quedó demostrado que no fue tan así. La incorporación de Daniel Scioli y Silvina Batakis a los ministerios de Desarrollo Productivo y Economía, sirven como claros ejemplos que la situación política interna del oficialismo continuaba de forma irresuelta.

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Ambos protagonistas, fueron mostrados por el gobierno, como dos funcionarios que vendrían a permanecer en sus cargos por el tiempo que fuese necesario para lograr mejorar la situación económica y productiva del país; de hecho se hizo mucho hincapié en los antecedentes y la experticia de la ex ministra, como del ex gobernador bonaerense. Sin embargo a pocos días de sus asunciones, ya podía vislumbrarse que sus gestiones empezaban a mostrarse con resultados poco alentadores. Ni Scioli ni Batakis, pudieron en sus más de cuarenta días de gestión, mostrar atisbos de seguridad, eficacia y eficiencia en sus determinaciones. Quizás, para intentar ser algo justos, podríamos decir que la ex ministra de Economía, intento generar una impresión aceptable con la actual directora ejecutiva del FMI, pero que eso sabemos a esta altura de las circunstancias, que resultó muy intrascendente para el mercado y los grupos de poder económico locales. Parecida suerte, corrió el Daniel Scioli al intentar buscar acuerdos con los formadores de precios en la industria alimenticia.

Frente a este contexto en donde la figura de Batakis se la expoliaba tanto adentro como afuera del gobierno de manera casi constante y con un Daniel Scioli que parecía un tanto fuera de timing respecto de su nuevo rol de ministro, y con un movimiento que podríamos decir de sobrevivencia, los actores trascendentales del Frente de Todos, resuelven la incursión de Sergio Massa al Gobierno nacional, con un rol sumamente protagónico, dado que al juntar tres ministerios bajo su órbita, genera a mi entender lo que podríamos definir como un gobierno bifronte.

¿Por qué gobierno bifronte?

Porque está claro a esta altura de las circunstancias, que su accionar no estará sujeta al control del jefe de Gabinete, Juan Manzur, y que incluso dicha tarea tampoco pueda ser llevada a cabo por el propio presidente Alberto Fernández. Si este pronóstico llegase a ocurrir, la pregunta lógica seria, ¿es viable un Gobierno con esta particularidad?

Para remontarnos a un antecedente similar, debernos retrotraernos al desembarco de Domingo Cavallo en el gobierno de Carlos Menem. Si bien es cierto, que producto de una crisis económica e inflacionaria del gobierno de ese entonces, se lo ungió a Cavallo con un rol protagónico también de súper ministro, no podemos dejar de analizar que las condiciones políticas eran muy diferentes. El liderazgo de Carlos Menen dentro del gobierno y dentro del partido justicialista estaba fuera de toda discusión tanto para los oficialistas como para los opositores.

El ministro Domingo Cavallo era un economista de perfil técnico, muy vinculado al establishment económico de ese entonces, pero que no tenía la más mínima trayectoria política y menos aún peso político o caudal electoral.

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El tercer factor de importancia, era una oposición política en cabeza de la Unión Cívica Radical que se encontraba muy debilitada en términos, políticos, electorales y de credibilidad, fruto del final del gobierno de Raúl Alfonsín, contexto que era por demás suficiente para dejarla muy condicionada frente a un gobierno peronista que cerraba filas detrás de su nuevo líder. Estos tres factores que acabo de describir y que existieron en la experiencia de la incursión de Cavallo como superministro, hoy son diametralmente opuestos.

El liderazgo de Alberto Fernández en lo concerniente al manejo de su gobierno y su peso específico dentro del Frente de Todos sumado a su imagen en el electorado, vienen en franco deterioro y de manera sostenida sin indicador alguno que parezca mejorar dicha situación; Sergio Massa posee un peso político y territorial que al día de hoy es claramente mayor que el del propio presidente de la nación.

La oposición encabezada por Juntos por el Cambio, se muestra consolidada y viene de ganar las últimas elecciones de medio término; asimismo los sondeos de opinión pública, la colocan como la fuerza política con mayor porcentaje de aceptación con miras a las elecciones del próximo año. Como podemos observar el contexto y las condiciones de los actores son diametralmente opuestas.

Dicho esto, es importante señalar que con la incorporación de Sergio Massa en su calidad de superministro, se abren algunos interrogantes dentro del gobierno que merecen una especial atención.

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El presidente Alberto Fernández durante la jura de Sergio Massa como Ministro de Economía.

El presidente Alberto Fernández durante la jura de Sergio Massa como Ministro de Economía.

El primero de los interrogantes, es si Sergio Massa habrá de responder orgánicamente no solo al actual jefe de gabinete, sino incluso, a un presidente que se encuentra claramente debilitado y con una ostensible falta de liderazgo político. El segundo interrogante, es si el gobierno nacional, no habrá de convertirse en una serie de compartimentos estancos, que podrían identificarse con los albertistas por un lado, los cristinistas por el otro, los gobernadores en la persona del actual jefe de gabinete y por último, el ministro recientemente designado utilizando el gran poder político para intentar imponer su parecer sobre el resto de los actores enunciados. El tercer interrogante, es si la vicepresidenta efectivamente está en un todo de acuerdo con este nuevo armado gubernamental, o si por el contrario, su silencio deja más dudas que certezas y en consecuencia, socaba cualquier posibilidad de desarrollo de un polo político y de poder diferente dentro del oficialismo.

Frente a estos interrogantes, la pregunta es porque la incursión de Sergio Massa, puede devenir al gobierno actual en bifronte. La respuesta tiene más de una arista. La primera de ellas, es quizá la más previsible y tiene que ver con el uso efectivo y real del poder con el que fue ungido Sergio Massa al ser designado en su rol ministerial. Si esta situación se diese, está más que claro que el gobierno tendría dentro de sí, un actor con el peso suficiente para convertirse en un claro polo de poder en detrimento del poder presidencial. La segunda arista, tiene que ver con el éxito en la gestión del nuevo ministro; de darse dicha situación, generaría por propia inercia un contexto de poder real y solidificado que debilitaría aún más la figura presidencial y en consecuencia lo colocaría de innegable candidato presidencial para el próximo año.

Sergio Massa

La tercera arista, tiene que ver con una interna propia del oficialismo y que genere el abroquelamiento de los albertistas, los gobernadores peronistas y el cristinismo como un extremo de poder enfrentado al polo de poder que represente el propio Sergio Massa; es cierto que esta situación parece la más improbable de todas, pero en un contexto como el actual no puede descartarse, dado que frente a un éxito del nuevo ministro, la suerte electoral del presidente y la vicepresidenta estarían echados y eso podría generar un cierto resquemor difícil de cuantificar a más de un año de las elecciones presidenciales. Lo cierto es que en cualquiera de los escenarios hipotéticos descriptos, el gobierno con la incorporación de Sergio Massa, puede convertirse en un gobierno bifronte.

La situación socioeconómica del país no le da margen al gobierno para cometer traspiés o seguir pretendiendo cambios de gabinete con el afán de lograr relanzamientos que en la práctica no lo son. La situación imperante y apremiante, requiere de acciones concretas, efectivas y eficaces que permitan mejorar la situación por la que estamos atravesando como nación y es responsabilidad indelegable del gobierno, tomar debida cuenta de esto. La experiencia previa respecto de la incorporación de un superministro resulto para el gobierno de ese entonces, exitosa.

La actual experiencia de la incorporación de un superministro, ofrece algunas dudas que solo el tiempo irán disipando o confirmando. Hoy aventurar un resultado es cuanto menos irresponsable; del devenir de los acontecimientos y del comportamiento de los actores habrá de depender el resultado final. Nosotros los ciudadanos de pie, seremos nuevamente espectadores de una situación cuyo resultado para mal o para bien, habrá de afectarnos de manera directa.

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