16 de julio 2007 - 00:00

"Si la Bolsa se equivoca y la economía trastabilla, la Fed se ocupará de evitar la recesión"

Para el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», es cierto que las Bolsas están mostrando muy buenos resultados, pero ello no indica que la economía estadounidense esté a salvo de una recesión. Es más, «ya lleva computados cuatro trimestres con un crecimiento un punto y medio inferior al que traía en 2004-2005». Según el especialista, la explicación de la buena performance de los mercados financieros se encuentra en las expectativas, en la creencia de que una recesión es casi imposible, y en que la Fed saldrá a solucionar cualquier desajuste.

Gordon Gekko
Gordon Gekko
Periodista: Las Bolsas dispararon una nueva salva de récords absolutos. ¿Nada las detiene?

Gordon Gekko: Parafraseando a Bernanke habría que decir que las expectativas de crecimiento están muy bien ancladas.

P.: Ni siquiera el derrumbe inesperado de las ventas minoristas de junio hizo trastabillar a Wall Street...

G.G.: Esa es la idea: las expectativas son insensibles al flujo de nueva información. Están fijadas de antemano. Abulonadas con llamativa firmeza.

P.: ¿Cómo se entiende que el Dow Jones haya escalado 280 puntos el jueves porque varias cadenas de tiendas anunciaron buenos números y el viernes, cuando el informe exhaustivo de ventas minoristas sostiene todo lo contrario, la Bolsa preste oídos sordos y sube otros 45 puntos?

G.G.: Con dificultad. La Bolsa parece indiferente a lo que ocurra con las ventas minoristas. ¿O no? Es una buena excusa para subir cuando encienden una luz verde pero, si la señal cambia a roja, el alza no se detiene. Si fuera un semáforo, usted no diría que es el que guía el tránsito.

P.: De fondo, obran otras razones...

G.G.: Sabemos que el consumo privado creció 4,2% en el cuarto trimestre 2006 y otro tanto en los primeros tres meses de 2007. Es decir, aportó 3 puntos completos al crecimiento del PBI. Si su ritmo de expansión hubiera sido la mitad, estaríamos hoy hablando de recesión.

P.: Con una caída de más de 2 puntos en el primer trimestre, seguro. Si la memoria no me falla no hemos asistido a un escenario de tal tenor desde la recesión de 1990-1991.

G.G.: Pues bien, también sabemos que el pulso del consumo, en el segundo trimestre, se ha desacelerado a la mitad.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.:
Con la información disponible se puede construir esa estimación.

P.: Pero no hay certeza.

G.G.:
Nunca la hay, ni aun conociendo los números oficiales, ya que éstos también están sujetos a revisión. Pero se cuenta con datos bastante completos de abril y mayo que apuntan a una variación inferior (1,7%) y los primeros indicios de junio no son alentadores. Las ventas minoristas -que conforman sólo una parte del universo de gasto del consumidor- cayeron 0,9% en términos nominales. Creo que una estimación de 2,2% para el consumo es generosa y denota, como le dije, una desaceleración marcada.

P.: Nadie lo diría si se guiara exclusivamente por las cotizaciones de la Bolsa...

G.G.:
Así como las expectativas de inflación no se han visto perturbadas por registros de inflación más elevados que lo esperado, y, por ende, los bonos nunca los reflejaron, la Bolsa tampoco acusa recibo de una economía que ya lleva computados cuatro trimestres con un crecimiento un punto y medio inferior al que traía en 2004-2005.

P.: ¿Los inversores no leen los diarios?

G.G.: Sí. Toman nota de los indicadores y perciben las dificultades en sectores específicos. Mire las acciones de compañías de la construcción, cayendo desde 2005 (mucho antes que la crisis inmobiliaria ocupase las primeras planas). Se preocupan por la suerte de las acciones financieras y las dejan de lado desde febrero/ marzo.

P.: El temor por las penurias del crédito hipotecario está bien documentado.

G.G.: Correcto. No es que la información se ignore. Todo lo contrario, se recibe y se procesa. A nadie escapa que los balances no son lo que eran hasta mediados de 2006, o la crisis del dólar, o la presión del barril de crudo sobre los u$s 70.

P.: Sin embargo, la Bolsa trepa y trepa. ¿Es esto racional? ¿Es una burbuja?

G.G.: Es muy racional. La primera prueba estriba en que no todo sube, se discrimina con lógica razonable. Las firmas con exposición internacional son las preferidas. Ocurre que predomina una idea de fondo -que la economía no caerá en recesión- y los mercados se aferran a ella con un apego que, eso sí, constituye una rareza.

P.: Ello no significa que no existan riesgos...

G.G.: De acuerdo. Está claro que se toman con más facilidad si se piensa que la fiebre de fusiones y adquisiciones no se interrumpirá. Aunque el mercado de deuda apalancada se retraiga. La semana pasada vimos dos modalidades en acción que no precisan de la participación del private equity: Río Tinto yendo por Alcan y Warren Buffet, presumiblemente, poniendo un pie en Hovnanian (o sea en el negocio de la construcción). Y sepa que el private equity -rebosante de capital fresco- no se rendirá fácil. Para un inversor, desmontar porque se ven peligros para retomar la posición cuando esté despejado el horizonte económico, supone afrontar otro riesgo; el de perderse el tren. Y el tren va más de prisa cuando lo fogonean las compras de compañías (o, como lo recordó GE, la recompra agresiva de las acciones propias). Por último, se confía en que hay una rueda de auxilio.

P.: ¿Cuál?

G.G.:
La Fed. Las condiciones monetarias no son rígidas. Si la Bolsa se equivoca y la economía trastabilla, la Fed se ocupará de evitar la recesión. Su convexidad es alentadora. Es inevitable que se tome más riesgo cuando se piensa que alguien amortiguará la caída.

P.: El famoso «put» de Greenspan -la protección implícita por la obligación de la Fed en acudir al rescate- ahora lo suscribe Bernanke.

G.G.: Eso se espera. El mercado está largo un «call» por la fiebre de compras de empresas y largo el «put» de la Fed. O, al menos, eso supone.

P.: Pero puede fallar. Nada es perfecto.

G.G.: Greenspan operaba con reflejos extraordinarios. Sin titubear. En la jerga, proveía un put «at the money». El precio de ejercicio de Bernanke quizá resulte más distante. O por distracción o por diseño. No se sabrá hasta que se viva la experiencia.

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