16 de agosto 2004 - 00:00

Siguen siendo bajos aún los créditos a privados

Si bien el sistema financiero ganó profundidad durante la década pasada, este objetivo no se cumplió cabalmente. Por una parte, se observó una débil incidencia del sistema financiero doméstico en el crecimiento de la inversión productiva. Las grandes empresas pudieron acceder al mercado internacional de capitales, o bien -en el caso de las firmas transnacionalesse financiaron a través de créditos intrafirma, mientras que muchas pequeñas y medianas empresas quedaron afuera del mercado de crédito o limitadas a financiar capital de trabajo de corto plazo pero en condiciones poco favorables. En esta última tendencia, la estrategia regulatoria de las autoridades monetarias, en línea con las recomendaciones prudenciales provenientes de Basilea, tuvo una incidencia importante.

Por otra parte, y en la medida en que se profundizaba la crisis de la convertibilidad, el sector privado fue desplazado por el público en la asignación del crédito. Así, por ejemplo, en los últimos años de convertibilidad la participación del crédito al sector privado en el PBI cayó en casi 4 puntos porcentuales mientras que la del sector público creció en una proporción similar. Esto significó una caída neta del stock de créditos al sector privado por un monto superior a los 16.000 millones de pesos entre 1998 y 2001, mientras que el volumen de créditos al sector público creció en un monto próximo a los 7.000 millones de pesos en ese mismo período.

Tras la crisis financiera y la eclosión de la convertibilidad, el problema se agudizó. La participación del crédito al sector privado en el PBI, que había alcanzado valores próximos al 24% entre 1998 y 1999 (con un promedio de 21,2% para el período 1993-2001), se redujo hasta ubicarse en la actualidad en torno a 10,6%, valor que, como veremos, es uno de los más bajos del mundo si tomamos en consideración a los países desarrollados y a las economías en desarrollo de mediano porte.

La participación del crédito al sector privado en el PBI ha mostrado un dinamismo muy significativo en economías de diverso tipo. Así, por ejemplo, y sobre una muestra de 23 economías, se observa que muchos países europeos presentan una participación superior a 100%. Tales son los casos de Suiza (159%), Gran Bretaña (148%), España (119%) y Alemania (117%). Los países asiáticos también exhiben una elevada participación: China (140%), Singapur (109%), Japón (103%), Malasia (97%) y Corea (95%). EE.UU. alcanza el 63%, con el agregado de que dicho país posee una amplia y diversificada fuente de instituciones financieras, jugando un papel central el mercado de capitales.

•Realidad diferente

Los países latinoamericanos exhiben una realidad diferente, si bien muchos de ellos presentan un mejor desempeño que el caso argentino. El caso de Chile es llamativo por cuanto se asemeja más al de las economías desarrolladas, alcanzando un valor de 64%. Brasil (29%) y Colombia (20%) son casos intermedios, mientras que México (13,6%) y la Argentina (10,6%) registran los peores desempeños de la actualidad.

Por otra parte, si analizamos la dinámica de la última década, es posible apreciar que muchas economías han experimentado un fuerte crecimiento en el stock de recursos financieros destinados al sector privado. Países como Gran Bretaña, Corea, China, España, Italia e Israel no sólo poseen una elevada participación sino también han registrado un importante crecimiento del stock de recursos financieros para el sector privado durante la última década. Otros como Rusia y Ucrania, si bien aún no poseen elevados niveles de participación del crédito al sector privado en el PBI, han experimentado un crecimiento importante en dicho indicador durante la última década.

Nuevamente una de las excepciones más notorias es la Argentina, que no sólo posee un bajo nivel de participación del crédito al sector privado sino que -peor aún-dicho índice ha ido en descenso.

Asimismo, la experiencia de otras crisis recientes demuestra las dificultades para normalizar esta situación y recuperar al sistema financiero como herramienta de apalancamiento del consumo y la inversión. Tales han sido los casos de, por ejemplo, México y Turquía.

El caso argentino presenta hoy una situación que combina oportunidades y desafíos. La elevada liquidez del sistema financiero (las estimaciones más conservadoras hablan de cerca de 11.000 millones de pesos que podrían volcarse a créditos para la producción y el consumo); el crecimiento de la economía impulsado por la industria, el agro y la construcción; la recuperación de los niveles de inversión -aun en un escenario caracterizado por la ausencia de grandes proyectos-hablan de un contexto económico propicio para profundizar el crédito al sector privado.

Si la Argentina alcanzara la proporción de créditos al sector privado respecto del producto que exhibe Brasil, esto implicaría disponer de unos 70.000 millones de pesos adicionales para financiar el consumo de las familias y la inversión de las empresas. Por otra parte, cabe recordar que la riqueza de los argentinos que permanece «abajo del colchón» o depositada en cuentas del exterior alcanzaría un mínimo de 65.000 millones de dólares, de acuerdo con las estimaciones oficiales del Ministerio de Economía.

De los indicadores señalados se desprende con claridad que la economía argentina puede disponer de importantes recursos para financiar un crecimiento sostenido de la economía, en un marco de estabilidad y crecimiento. El desafío requiere del esfuerzo conjunto y cooperativo de actores públicos y privados. Desde nuestro lugar hemos puesto todas nuestras energías en este objetivo, mejorando los indicadores de eficiencia y solidez del Banco Ciudad, aprobando líneas de crédito transparentes a empresas y a individuos, a costos cada vez más bajos. El Banco Ciudad exhibió resultados positivos por 57 millones de pesos durante el primer semestre, un crecimiento de la cartera pyme de 43%, mientras que los créditos hipotecarios han crecido en forma sostenida desde febrero de este año. El despegue definitivo de nuestra economía está en manos de nosotros mismos. No dejemos pasar la oportunidad.

(*) Economista, presidente del Banco Ciudad.

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