Sólo con reglas estables el país puede generar riqueza
-
Planes sociales y formación de capital humano
-
Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
La gente de esos países suele esperar al redentor particular, al dirigente que es tan bueno como los favorezca, a costillas de otros. No prosperarán en tanto sus pueblos no comprendan que la raíz de sus males, la madre de sus defectos, es tolerar la infracción a las leyes, la discriminación a las personas y los excesos en el mandato de sus dirigentes.
No existiría el fútbol sin acatamiento de los reglamentos. El deporte se difundió y los jugadores admirados fueron surgiendo simplemente cuando las mismas normas se mantuvieron en todas partes, para todos, a lo largo del tiempo. La previsión de normas estables favoreció a los más humildes, a los jugadores provenientes de los hogares más pobres. De igual modo, no existen pueblos prósperos sin acatamiento a las normas unívocas de convivencia, como la Constitución y demás leyes, interpretadas por jueces justos, en plazos breves.
Si los árbitros emplearan los tiempos de la Justicia argentina y otras naciones subdesarrolladas, el deporte habría dejado de existir. De la misma forma que cada deporte prevalece porque el público no aceptaría alteraciones de sus reglas, la Constitución y demás normativas tienen la fuerza que otorga el convencimiento de que la población no toleraría que se la quebrantase.
Mientras las reglas cambien para adecuarse a la «realidad política» definida por cada dirigente, la prosperidad de la nación será volátil. De igual modo, el fútbol dejaría de existir si cada dirigente exigiera modificar las reglas a su antojo.
En el libro de reciente publicación, «La Riqueza de los Países y su Gente», explico que el secreto de las naciones exitosas no es que inviertan mucho. Invierten y trabajan con entusiasmo porque las distintas personas pueden elegir sus actividades y desempeñarse previendo estar encuadradas por normas sostenibles, aplicadas exactamente sin dilaciones.
Lo que une a la gente, las hace progresar y sostiene a los gobiernos es saber que el objeto del Estado y sus funcionarios es asegurar el cumplimiento celoso de las normas legales. Los países andinos dan un ejemplo nítido. Chile progresa porque las reglas son estables; otras naciones del bloque sufren la desconfianza a dirigentes que aplican normas diferentes a distintos estratos o colores de la población.
• Prestigio
La balanza honesta, la justicia con los ojos vendados, son prestigiados y demandados en todo el orbe. El Estado discriminador, que castiga con pesasy normas desiguales, es cada vez más dejado de lado en todos los continentes. Sus dirigentes se desprestigian y pierden poder legítimo. Ninguna organización puede sobrevivir al empobrecimiento de desconocer las reglas que la rigen. Los cuerpos biológicos, las empresas y sociedades se enferman cuando se apartan de esas regulaciones. Toda disciplina indaga las leyes que la rigen. Ninguna ciencia sería posible sin el apoyo de leyes estables, cada vez más generales, como las leyes de la gravedad, o la termodinámica. En reconocerlas consiste el conocimiento y la información.
En ausencia de normas previsibles, prevalece la ignorancia, la incertidumbre y la violencia. Las reglas claras, sostenibles en el tiempo, iguales para todos constituyen la mayor riqueza, pues crean confianza, aparece el crédito y la inversión, aumenta la oferta de trabajo e inclusión social.




Dejá tu comentario