25 de octubre 2007 - 00:00

"Son revolucionarios vencidos"

Abel Posse, de la diplomacia al ring político, junto a Roberto Lavagna, y un alertasobre los riesgos de un eventual gobierno de Cristina de Kirchner.
Abel Posse, de la diplomacia al ring político, junto a Roberto Lavagna, y un alerta sobre los riesgos de un eventual gobierno de Cristina de Kirchner.
Diplomático y escritor, Abel Posse debuta en esta elección como candidato: compite por una senaduría nacional por la Capital Federal de la mano de Roberto Lavagna. Hipercrítico de los Kirchner, alerta sobre un escenario de anarquía en un eventual gobierno de la primera dama.

Sin embargo, realiza un paneo más profundo -no exento de pesimismo- que atribuye a «cierta culpa» por ser un «país capitalista» que no se reconoce como tal. «Es el único lugar del mundo donde sobrevive la noción de la guerra fría», asegura. A continuación, los tramos salientes de la charla.

Periodista: Tras cuarenta años en la diplomacia, ¿por qué ahora se lanza a hacer política, ya como candidato?

Abel Posse: Algún día tenía que llegar el momento de hacer política desde la acción, no política opinativa o teórica. Ahora me toca la política comprometida, más concreta.

P.: Es un momento particular.

A.P.: Sí, porque carecemos de un Parlamento; está deshecho. El poder político fue cariando el orden institucional y es hora de devolverle al Congreso el lugar que le corresponde. Hay que recrear la Argentina porque estamos como resignados a lo que nos ocurre como si fuese una noticia que nos pasa por arriba, una anécdota que dejamos atrás. Y no es así: es un proceso que hay que reconducir. El país todavía no se repuso del impacto de la Guerra de Malvinas y de la crisis de 2001, de la quiebra económica después de la ilusión primermundista.

P.: ¿Todavía sufrimos los coletazos de Malvinas?

A.P.: Sí. Es una sociedad muy golpeada que perdió el impulso creativo, donde la gente no cree. Hay un pacto tácito de resignación de aceptar las cosas y seguir adelante. Es una sociedad hedonista y pobre. Nunca llegamos a resolver los problemas: terminar la Biblioteca Nacional nos llevó 25 años. Pero el mundo tiene otra velocidad.

P.: ¿Nada sirve?

A.P.:
Nada. Hay que reconstruir todo. Tomemos el caso de la industria. Los empresarios argentinos son muy menores. Los importantes se fueron. No tenemos sentido empresarial. Brasil nos compra hasta el último frigorífico; Chile tiene millones de dólares invertidos aquí. Somos un país capitalista que vive esa condición con culpa. Es el único lugar del mundo donde sobrevive la noción de la guerra fría.

P.: ¿Por qué?

A.P.:
Porque hay un pensamiento de izquierda, mejor dicho, progre, difuminado, que es como una deuda, un prestigio... la gente tiene miedo de decir: «Soy conservador». Y eso es muy destructivo porque es aceptar una ideología muerta. Antes éramos desordenados; ahora somos subdesarrollados con nostalgia de lo que no pudimos tener.

P.: ¿Por qué con Lavagna y no con otro u otra?

A.P.: Porque me parece una persona normal que ya condujo en el laberinto, que conoce de economía y, además, es respetado en el extranjero, lo que es muy importante para transmitir confianza. En este momento la gente tiene miedo de la Argentina.

  • Dos señoras

    P.: ¿Y los demás?

    A.P.:
    Hay unos muchachos ricos que ahora se dedican a la política. Están los tradicionales desacreditados, marginados. Hay dos señoras que se presentan que dan miedo si se compara su autosuficiencia con la experiencia que tienen. Ahora, con poder, ¿estas dos señoras no se pueden desviar tremendamente?

    P.: Alguna vez usted destacó de Kirchner que había logrado que los jóvenes tengan confianza en la política.

    A.P.: Fue al principio de la gestión y es cierto: había generado una expectativa positiva que duró un año y medio. El desvío de este gobierno es sorprendente: no sabemos por qué, pero en un momento -que coincide con la salida de Lavagna aunque no quiero decir que ése sea el motivo- este gobierno desvía espantosamente. Por ejemplo, se refleja en el hecho de haber recreado el tema inflacionario; es de locos, porque en la Argentina la inflación no es un episodio económico como en otro país, es un elemento económico que genera una actitud demencial y colectiva.

    P.: ¿Qué responsabilidad le cabe al peronismo?

    A.P.: Es un peronismo cobarde, que no se animó ni siquiera a decirle a Kirchner que le regalaron el poder. Un peronismo con medilengua, donde ningún dirigente se anima a decir algo. Ahora parece que quiere renacer y ojalá, porque sin partidos no hay democracia y es ahí cuando aparecen los paracaidistas: una señora iluminada, una mujer simpática casada con el Presidente, un señor que tiene dinero y dice que va a gobernar Buenos Aires.

    P.: ¿Cuál es la ideología de los Kirchner?

    A.P.: Tienen una ideología volátil, frustrada con un sueño izquierdista que no cumplieron.

    P.: ¿Ve algún rasgo de setentismo en el gobierno?

    A.P.: Su frustrada intención de transversalismo, nada más. Porque después está lleno de revolucionarios vencidos y de oportunistas. Del sueño de la revolución guevarista pasan al puesto público y a teñir de rosado a un gobierno que no llega a ser rojo revolucionario.

    P.: Más allá de todo, la percepción es que Cristina va a ser la próxima presidenta.

    A.P.: Puede ser. Pero ¿para qué?, ¿por qué tener esa concentración de poder? Se entendería si tuvieran un proyecto, si quisieran hacer una revolución. Pero no se ve nada de eso. Vamos a terminar en un movimiento autoritario sin revolución.

    P.: ¿Y si gana Cristina?

    A.P.:
    Entramos en una zona de gran peligro porque podría ocurrir que la persona esa que asuma el poder se desvíe, y como no hay programa ni masa de apoyo, vayamos hacia arranques de anarquismo, el vandalismo, el caos.

    Entrevista de Pablo Ibáñez
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