Estamos viviendo, no solamente nosotros, sino también el resto de las naciones una importante crisis económica asociada directamente con una causa estrictamente sanitaria. El gran avance en este siglo de la globalización, implicó no solamente una creciente interdependencia comercial entre las naciones sino también un importante aumento en la movilidad territorial de las personas, particularmente por el gran aumento del turismo internacional de la última década. Movilizado por vía aérea y marítima. Por primera vez en las ultimas décadas estamos enfrentando una gran recesión mundial provocada por una pandemia (Covid-19), que tiene un gran costo en términos de vidas humanas y también disminuye los empleos son millones quienes están confinados en sus hogares, sin poder atender presencialmente sus tareas laborales, también son millones las personas que están viendo disminuir de una manera acelerada sus ingresos y en muchos casos incluso el empleo.
Superemos la amenaza de una crisis globalizada
Por primera vez en las ultimas décadas estamos enfrentando una gran recesión mundial provocada por una pandemia. Recuperar los niveles productivos perdidos por la recesión y también recuperar los empleos perdidos, exigirá medidas macroeconómicas que deberían incluir un tratamiento orientado a la expansión de las actividades que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes.
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El Covid-19 trajo una crisis globalizada.
Esta pandemia esta afectando gravemente los intercambios comerciales entre las naciones, por esta razón la Organización Mundial de Comercio (OMC) informa que este año se está caracterizando por una importante reducción de las exportaciones, estimando que el comercio mundial podría reducirse entre un 13% y un 32%, magnitudes que serían las más elevadas desde la Segunda Guerra Mundial y aun mayores a la caída registrada durante la última crisis mundial en la primer década de este siglo. La tendencia actual también apunta a una reducción global del PBI, que caería este año como mínimo el 4%, o sea el doble de la caída registrada durante la crisis financiera del 2007-2009. Por todo esto, no sorprende saber que este año se está registrando una disminución global en las emisiones de CO2, pero se trata de un fenómeno meramente transitorio.
El FMI está alertando con respecto a la gravedad de estas caídas del nivel de actividad y de empleo, por eso sostiene que será necesario un estímulo fiscal extraordinario para evitar un daño económico duradero. La prioridad la tienen las medidas fiscales que priorizan de forma inmediata el gasto en atención sanitaria y a aquellos que lo necesitan, ya que las medidas de contención integrales, combinadas con un monitoreo temprano, reducirán la tasa de infección y la propagación del virus. También el FMI sostiene que más allá de estas acciones positivas en países individuales, con la propagación del virus se hace cada vez más necesario un estímulo fiscal coordinado y sincronizado a escala mundial, recordando que durante la crisis financiera mundial en la década pasada, el estímulo fiscal del G-20 ascendió a alrededor del 2% del PIB, o más de u$s900.000 millones en dinero de hoy, solo en 2009. Así pues, todavía queda mucho por hacer. También se propone que en las economías avanzadas, los bancos centrales deban seguir respaldando la demanda e impulsando la confianza mediante la flexibilización de las condiciones financieras y asegurando el flujo de crédito hacia la economía real.
Esta caída en el nivel de actividad y del empleo está causando en los últimos meses una inesperada reducción en las emisiones globalmente contaminantes, ya que son muchos los países que se vieron obligados a adoptar medidas que impactaron negativamente sobre la actividad económica. Un ejemplo lo encontramos en China, donde las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeron un 25%. No solamente se están reduciendo significativamente, por primera vez las emisiones globales de CO2 sino también las emisiones locales de gases asociados con los vehículos .Esta reducción esta ocurriendo ahora no solamente en las grandes ciudades del hemisferio norte sino también en ciudades latinoamericanas como la ciudad de Buenos Aires. Pero es previsible que la reducción en las contaminación, provocada por la recesión económica global generada por esta pandemia sea transitoria. En este escenario abatir las emisiones de CO2 volverá a ser un objetivo prioritario.
Recuperar los niveles productivos perdidos por la recesión y también recuperar los empleos perdidos, exigirá medidas macroeconómicas, tanto fiscales como monetarias, que apunten a estos objetivos. Estas medidas deberían incluir un tratamiento orientado a la expansión de las actividades que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes; destaquemos las siguientes actividades : nuevas tecnologías industriales con menos consumo energético, energías limpias (solar, eólica y hidroeléctrica), transporte público urbano e interurbano, modernización de la industria automotriz para reducir las emisiones, modernización del ferrocarril de cargas, construcción de edificios con nuevas normas regulatorias capaces de apuntar a la reducción del consumo energético.
Tengamos presente que las emisiones contaminantes se están acumulando alrededor de nuestra Tierra, y lamentablemente aún no existen tecnologías viables para abatir estas emisiones que ya están acumuladas y, por eso, todo indica que permanecerán por siglos. Sin embargo, el mundo ya tiene la tecnología y los recursos para disminuir las nuevas emisiones. Esperemos que este Covid-19 nos permita visualizar un mundo más sostenible y amigable con nuestra Casa Común.
(*)Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.




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