Licitaciones para todos en 5G: ¿China pone la otra mejilla en la guerra tecnológica?

Opiniones

La adjudicación de equipamiento para la red 5G, muestra que China le abre el juego a los gigantes europeos Nokia y Ericsson para poder cumplir con su demanda, luego de las sanciones de Washington hacia Huawei y ZTE.

Esta semana se anunciaron los resultados de la adjudicación de equipamiento de radio para la red 5G de China Mobile, que no solo es el mayor operador de telecomunicaciones chino -con más de 950 millones de líneas móviles y nada menos que 165 millones de suscripciones a servicios 5G- sino también el más grande del mundo. La noticia es que, en medio de la guerra tecnológica, China de local abrió el juego a los campeones europeos de equipamiento, Nokia y Ericsson.

En tal sentido, los nuevos contratos de China Mobile fueron otorgados principalmente a los grandes fabricantes de equipamiento locales, Huawei y ZTE, pero también la finlandesa Nokia se llevo un pedazo importante del pastel -un 10%- y la sueca Ericsson otro tanto.

En la disputa mundial por ganar las licitaciones de equipamiento para infraestructura 5G, los chinos se permiten jugar la carta del libre comercio, con productos que logran reunir las condiciones de alta performance y buen precio. Actualmente sus rivales occidentales tratan de competir con una supuesta mayor “confiabilidad”. Es que en el actual enfrentamiento por el dominio tecnológico entre China y Estados Unidos, los norteamericanos apelan a la cuestión de la seguridad nacional, esgrimiendo de manera genuina los posibles peligros que existen de otorgarle el control de las redes comunicacionales a los chinos: la información es poder e hipotéticos backdoors (puertas traseras) en los sistemas pueden hacer que los propietarios de los fierros se hagan de esa información -algo que sin dudas también puede hacer Washington a través de sus vendors “aliados” (lease Nokia y Ericsson).

Volviendo al mainland (la China continental), la aparente astucia comercial de Beijíng de abrir sus mercados le habría dado lugar a Nokia Shanghai Bell para hacerse de parte de los contratos de equipamiento, así como a Ericsson China. Son viejos conocidos, que llegaron a China en la década de 1980 a producir conmutadores bajo la lógica “mercados por tecnología” y permitieron a partir de la transferencia tecnológica que surjan los grandes tigres, como Huawei y ZTE. Hoy, los europeos corren de atrás.

No obstante, es incierto cuanto lugar más van a recibir los finlandeses de Nokia y/o los suecos de Ericsson en las subastas por infraestructura que realicen en el futuro las operadoras chinas. Por caso, recientemente Suecia ha prohibido a Huawei para el despliegue de infraestructura 5G en el país nórdico, y a pesar de la ausencia de una retaliación automática no es de esperar que la firma controlada por la familia Wallemberg -la misma que es dueña de Saab, Husqvarma y tiene una participación importante en la farmacéutica AstraZéneca- tenga allanado el camino de las futuras licitaciones chinas.

Una hipótesis menos condescendiente con los rivales occidentales sugiere que las sanciones de Washington hacia Huawei y ZTE -por las cuales se les ha restringido drásticamente la provisión de semiconductores fabricados con tecnología “made in USA” – obligan a las operadoras chinas a “abrir” sus licitaciones para poder cumplir con la demanda de equipamiento para su redes 5G.

En el terreno de la producción de microchips, neurálgicos en la integración de cualquier tipo de dispositivo electrónico, todos miran hacia Taiwan y especialmente hacia TSMC, la fundidora de semiconductores que provee los más modernos chips a partir de tecnología norteamericana. La otrora Isla de Formosa -considerada por China como una provincia disidente- concentra más del 60 % de la producción de semiconductores que requiere el mundo industrializado; se trata de un alfil más que valioso en la actual geopolítica de la tecnología, de muy difícil sustitución dada la complejidad en el know how productivo y su elevadísimo costos fijos -una sola planta que trabaje en la frontera tecnológica implica una inversión de más de USD 10 mil millones-.

A la luz de los sucesos mencionados, cada vez se hace más relevante la aceleración del plan “Made in China 2025” lanzado por Xi Jinping en 2015 y que postula una equiparación tecnológica con Occidente hacia 2035: la producción de alta tecnología de China necesita los chips que sólo hoy pueden producir TSMC o la coreana Samsung -también desarrollada con el necesario apoyo de Estados Unidos- y que hoy como consecuencia de las sanciones llegan a cuentagotas. El cuello de botella que padece actualmente la producción china se soluciona o bien acelerando el proceso de “catch up” tecnológico o invadiendo Taiwan para hacerse de las factorías de TSMC. Esta última alternativa, un tanto improbable, desataría sin lugar a dudas un conflicto bélico de magnitudes incalculables.

Sin dudas, la filosofía subyacente en el manejo de las relaciones políticas internacionales chinas tiene mucho más que ver con el “softpower” que con la “diplomacia del garrote”, por lo cual será de esperar en un horizonte cercano grandes avances de China en la producción de alta tecnología. En el mientras tanto, seguirá reforzando su capacidad (y alcance) comercial alrededor del globo y una política interna de concurrencia de proveedores extranjeros en la medida de su conveniencia. Nada de poner la otra mejilla.

Autor del libro "5G, La Guerra Tecnológica del Siglo"

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