Todo acercamiento con un país como México es bueno, por lo que esta iniciativa debe aplaudirse. Pero por ahora es todo mediático: habrá que ver, en los próximos meses, si este viaje redunda en medidas concretas, puestas en papel, firmadas y operativas. O sea, la maniobra es correcta, el resultado está por verse.
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A pesar de algunos entusiasmos en el oficialismo, nadie supone seriamente que México ingrese como socio pleno del Mercosur. Es impensable para ellos y para nosotros. Ellos ya están en el NAFTA con Canadá y EE.UU., y Canadá, el más débil de los socios de México en el NAFTA, tiene un PBI superior al de la Argentina y Brasil sumados. En un fin de semana de comercio entre EE.UU. y México pasa más riqueza que entre México y la Argentina en un año entero. Son realidades distintas, acuerdos incompatibles. Todo lo que puede hacerse es mejorar bastante el comercio, nada menos que eso, pero no más que eso. Esto de agrandar al Mercosur hay que tomarlo con pinzas. El Mercosur hace diez años que está en crisis porque no lo profundizamos, no porque no lo ampliamos. Y cada vez que lo ampliamos hacemos más difícil la profundización. Estas ampliaciones funcionan como un camuflaje que oculta el problema. Un problema que no vamos a resolver amuchándonos, sumando socios a cada rato. Miremos el caso de Venezuela: ¿Alguien puede creer seriamente que Chávez va a cumplir con los requisitos de ingreso al Mercosur? No lo hizo en su propio espacio, la Comunidad Andina, a la cual pulverizó. Tampoco lo va a hacer en el Mercosur.
Para la Argentina es una buena noticia, no sólo por el comercio (que de todas maneras, está creciendo en todo el mundo), sino porque aparentemente estamos saliendo de una política exterior obsesionada por lo ideológico, atada a Castro, Chávez y Evo Morales. Este acercamiento a México no pasa por lo ideológico, sino por los intereses concretos de la Argentina. Ya era hora, y eso hay que reconocerlo. El proceso económico mexicano es lo más parecido al neoliberalismo que nuestro gobierno demoniza, y el presidente Calderón se parece mucho más a Menem, Macri o López Murphy que al doctor Kirchner o su señora, quienes en su momento apoyaron abiertamente a López Obrador, el candidato que perdió. Pero eso no debe importarnos. Ojalá que este viaje a México inaugure una política exterior con menos anteojeras ideológicas.
Hay que tener cuidado con la inflación de los entusiasmos, por ejemplo en esto que se ha dado en llamar las «alianzas estratégicas». Inauguramos alianzas estratégicas cada dos por tres. Un país con demasiadas alianzas estratégicas termina por no tener ninguna. Alianza estratégica siempre tuvimos con el Uruguay, y estamos como estamos.
Se dice que este acercamientoa México es una muestra de supuesta independencia tanto frente a Brasil, que pretende convertirse en el mandamás de Sudamérica, como frente a Chávez, con quien tanto se identifica a este gobierno.
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