2 de enero 2023 - 00:05

Otra familia disfuncional pero esta vez en comedia

Diálogo con Nicolás Cabré, que debuta como director, y Mariano Martínez, uno de los actores de “Tom, Dick y Harry”, que se verá en el Multitabarís.

tom, dick y harry. Mariano Martínez y Nicolás Cabré, en un alto de los ensayos de la comedia inglesa.
tom, dick y harry. Mariano Martínez y Nicolás Cabré, en un alto de los ensayos de la comedia inglesa.

“El teatro siempre paga primero ante los vaivenes económicos, se mueve el árbol e inmediatamente cae. Esta vez además de la economía lo golpeó la pandemia”, dice Nicolás Cabré, que debuta como director con la comedia inglesa “Tom, Dick y Harry”, de Ray y Michael Cooney, con actuaciones de Mariano Martínez, Jorge Noya, Mercedes Oviedo, María Valenzuela, Bicho Gómez, Gabriela Sari, Yayo Guridi y Rodrigo Repetto.

La comedia debutó en 2005 en el teatro Duke of York de Londres y cuenta la historia de Tom y su esposa, quienes están por adoptar un bebé, mientras sus dos hermanos intentan ayudarlos a causar una buena impresión. Desde luego que fracasan y desatan toda clase de absurdos. Se estrena el miércoles en el Multiteatro con funciones de miércoles a domingos. Dialogamos con Cabré y Martínez.

Periodista: ¿Cómo se gestó el proyecto?

Mariano Martínez: Estaba buscando una comedia. Lo último que había hecho fue con Arnaldo André, Betiana Blum y Flor Torrente, y hubo cosas de televisión, pero quería teatro, sin embargo la pandemia nos puso en stand by. Mientras tanto me ofrecían cosas pero tenía claro qué quería hacer y no aparecía nada. Hasta que Nicolás Cabré me llamó por una comedia que había leído y que “era para mi”, me puse a buscar los derechos y no lograba conseguirlos. Fui a ver a Carlos y Tomás Rottemberg, les dije que yo quería hacerla y Nicolás la iba a dirigir, algo que no le avisé. Al día siguiente Nicolás me pregunta si dije que él iba a dirigir y los derechos los tenía Juan Caballé, el mismo de “Me duele una mujer”, donde estaba Nico. Rápidamente se avanzó en la producción.

P.: Cabré, ¿cómo es esta experiencia nueva en la dirección?

Nicolás Cabré: Cuando empezamos a armarla sabían que era mi primera vez como director, pese a eso tanto actores como técnicos me demostraron respeto y predisposición, me terminaron de dar el último empujoncito que necesité para animarme. Como actor siempre fui medio metido, estoy intentando siempre modificar cosas, y acá sentí ese voto de confianza que tuvieron los demás hacia mi. Desde las primeras reuniones me fui con la sensación de que me escuchaban, en ningún momento me tomaron examen. Eso me terminó de hacer creer que podía conseguir aquello para lo que me habían convocado.

P.: La obra se estrenó en Londres en 2005, ¿qué vigencia tiene y qué cambios hubo que hacer para adaptarla?

N. C.: Es raro te que te llegue una obra y no tengas que tocarle casi nada, estaba lista para hacer, y más con los años que tiene. No tiene referencia a idiosincrasias, no hubo que argentinizarla. La obra tiene humor blanco, apunta directo a divertir, se basa en estos hermanos que llegan y vuelven loco al tercero. El autor arranca con ese humor pero se transforma en vodevil, pasando por el absurdo. La obra no pretende dejar un tema para el debate ni bajar línea, apunta a que el público venga y se ría de la locura de este pobre tipo.

P.: ¿Cuál es la principal fortaleza de la obra?

M.M.: Esta bien escrita, me hizo reír cuando la leí, trata sobre situaciones reales y de ahí surgen muchos absurdos pero que parten de la verdad. Es un relojito, es para toda la familia. P.: ¿Cómo ven la escena teatral en Buenos Aires?

N.C.: Estamos esperando que empiece la antigua normalidad, que vuelva, venimos golpeados por la pandemia. Estrenamos el año pasado “Me duele una mujer”, se apostó a una apertura y nos golpeó el rebrote. Nunca desde la pandemia se logró arrancar un año con normalidad, por eso hay tanta reposición y están viendo cuándo arranca esto y si termina de acomodarse. Hay esperanza e ilusión de que todo termine resultando. El teatro no terminó de hacer pie, parece que fue hace mucho pero todavía sigue golpeado.

P.: Dice que el teatro es el más golpeado, ¿qué decir del cine?

N.C.: El cine ya viene golpeado por las plataformas y está variando en medio de una transformación que todavía tenemos que entender. Las plataformas son la opción más viable y el cine está pasando a ser más nostálgico. El teatro es algo milenario que es inexplicable, es un rito, vestirse para ir al teatro y los actores ahí generando una magia que no se puede reemplazar gracias a Dios. Es un evento casi como ir a la iglesia. Si se televisa no se puede captar la esencia de lo que ahí pasa. No son comparables el cine y el teatro, esa sensación de tener al público enfrente. En cuanto al cine y al teatro se diferencian también por los tiempos, para un rodaje hay que disponer de largas jornadas de filmación, algo que hoy me cuesta. Son tres meses encerrado, en cambio el teatro me da libertad de hacer lo que me hace bien, como llevar a mi hija al colegio, salir a correr o hacer deporte.

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