5 de julio 2004 - 00:00

1953: conservadores arrancaron a Perón libertad de detenidos

Foto nunca vista de Juan Perón en 1953, cuando recibió a opositores del conservadurismo: de izq. a der., Dardo Ibáñez Bustos, Felipe Yofre (padre), Eduardo Paz, Juan Perón, Angel Borlenghi, Juan Morrogh Bernard, Oscar Correa Arce, Elías Abad y Juan A. García Córdoba.
Foto nunca vista de Juan Perón en 1953, cuando recibió a opositores del conservadurismo: de izq. a der., Dardo Ibáñez Bustos, Felipe Yofre (padre), Eduardo Paz, Juan Perón, Angel Borlenghi, Juan Morrogh Bernard, Oscar Correa Arce, Elías Abad y Juan A. García Córdoba.
T ranscurrieron ya 50 años de aquel viernes 25 de setiembre de 1953, en el que un grupo de dirigentes conservadores, entre los que se encontraba mi padre, ingresó en el despacho de Juan D. Perón en la Casa de Gobierno a entregarle un documento partidario en el que se sugerían las bases para una buena convivencia política, por caso la amnistía general sin limitaciones y el levantamiento del estado de guerra interno, entre otros puntos.

Esa jornada primaveral comenzó muy temprano en la casa que por entonces habitábamos de Libertador 946, cuando Eduardo «Lalo» Paz, veinte años más tarde senador nacional por Tucumán representando al Partido Conservador Popular de Vicente Solano Lima en el gobierno del Frejuli 1973/'76 y que presidió el contingente, llegó en su Lasalle negro a buscar a mi padre apenas un rato después de que el general pasó por allí con el amanecer, rumbo a la Rosada.

Una serie de tratativas prologó la reunión. Ya el 30 de junio del mismo año habían visitado al ministro del Interior, Angel Borlenghi, en una entrevista concertada por el sanjuanino Juan Antonio García Córdoba, periodista de «Clarín» responsable de la columna «Qué dice la calle», que almorzaba diariamente un té con sándwiches tostados en la Richmond de Florida, al que utilizaba como oficina.

En esa audiencia le solicitaron a Borlenghila libertad de los presos políticos sin distinción de divisas y a su vez éste les planteó el gran tema de la pacificación nacional.

¿A qué se debió esta proposición del ministro?
Ese año se habían producido gravísimos hechos, tales como las bombas puestas en el acto que la CGT había organizado el 15 de abril de 1953 y que dejó un saldo de cinco muertos. Días después -primera quincena de mayo-detuvieron a Vicente Centurión por intentar ponerle una bomba al auto del canciller, Jerónimo Remorino, frente al hotel Alvear y a raíz de eso el gobierno ordenó el arresto de muchos dirigentes, entre ellos mi progenitor.

Con un paso previo por la Comisaría 5ª de la calle Lavalle los trasladaron al demolido penal de Las Heras. Rememoro de aquellos años las colas que hacíamos frente al presidio con mi madre y mi hermano Ricardo para verlo a través de una ventanita enrejada. Al volver de «la gayola» a casa mi viejo organizaba unos telúricos almuerzos con sus conmilitones de celda regados por un « quebracho» pobretón y raspador de damajuana y escanciado en unos paquetísimos botellones de cristal de la familia. Eran tiempos de oposición quijotesca, corajuda y romántica.

• Tango y fútbol

En la atmósfera de entonces prevalecían las manifestaciones populares y multitudinarias, por caso tango y fútbol. Ese año jugamos con los seleccionados de Inglaterra y España con aquel célebre gol de Grillo en cancha de River, y también nos visitó el boxeador negro Archie Moore, entre otras presencias.

Bien se sabe que el «corsi
e ricorsi» de la vida llevó a que dos años después fuesen los justicialistas a quienes se alojase compulsivamente en las mazmorras de entonces, por caso Hugo del Carril, a quien Antonio Cafiero le gritaba desde su celda que cantase «Los muchachos peronistas» para mantener alto el ánimo de todos.

Un sector partidario encabezado por
Lima, a partir de 1956, se incorporó al justicialismo entendiéndolo como la versión moderna de la corriente histórica de la que provenía.

Resumiendo las anécdotas desgranadas en aquellos comitrajes de mi hogar, por caso la consideración que los carceleros tenían para con
Alfredo Palacios, suministrándole elementos que le permitiesen mantener bien lozana su cabellera y también la carta enviada a Borlenghi desde la Penitenciaría por Federico Pinedo, que generó distintas reacciones en el seno del conservadorismo, tal la durísima crítica de Aguirre Cámara, que no queríaacordar con el gobierno y que se constituiríaen una de las causales de división al año siguiente, 1954.

Volvamos a la entrevista del pleno con el general. Como anticipo, el 25 de agosto de aquel año lo había visitado en su despacho
«Lalo» Paz acompañado de Borlenghi y la reunión se extendió por más de dos horas con un tema excluyente: la amnistía. Al día siguiente, Perón viajó en tren a Santiago del Estero y luego a Rosario, donde pronunció la siguiente frase: «La consigna de estos tiempos es olvidar agravios y perdonar a nuestros enemigos», aludiendo indirectamente a la pacificación.

Fue como una señal para los conservadores, casi un medio guiño que culminó con la recepción de Perón a ellos en su despacho oficial 30 días después.

Al ingresar allí, después de tantos años, el viejo se emocionó. Recreó por un instante los tiempos en que visitaba en el histórico ámbito a
Ramón S. Castillo. Parado esta vez en el dintel de la puerta los esperaba el líder al que ellos combatían, sonriente, y tras la entrega de un documento, tomaron una foto junto a él con la célebre chimenea atrás y charlaron por dos horas y media.

Aporto algunas anécdotas que me narró mi padre, años después, durante su estadía como embajador en Lima. El general lucía un traje gris cruzado con el brazalete de luto por
Evita. Era dueño de un carisma y una simpatía enormes, y sabía escuchar. En un momento, entre vueltas de café, papá le pidió un cigarrillo a «Lalo» y el presidente rápidamente sacó un atado de tabaco negro y le convidó con su clásica condición jovial.

La reunión duró 145 minutos y al concluir, el presidente dijo: «Estos
conservadores... siempre tienen que llevarse algo» y ordenó «ipso facto» la libertad de Laurencena, Sánchez Viamonte y otros personajes de la época.

A posteriori de la entrevista transmitió el mando a
Teisaire pues viajó a Paraguay en visita de Estado y al reunir a la prensa antes de embarcar en el yate Tecquara calificó a sus visitantes de «bien inspirados y patriotas».

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