18 de octubre 2005 - 00:00

A cinco días de la elección

Kirchner recordó su pasado peronista en Rosario. Habló de «nuestro movimiento» al que atribuyó «dirigencia claudicante». Dijo que los que le dicen «pingüino» tratan de desprestigiarlo. Dio algunas cifras con fallas: la pobreza en 17% (38,5% en la realidad). La desocupación en 11,3% (es casi 15%). Crecimiento del producto 8% o 9% anual (es cierto). La indigencia «la bajamos a la mitad» (es casi cierto, de 27,7% la bajó a 13,6%). Señaló que «generamos una Corte Suprema independiente». Dijo que los comicios del 23 de octubre son un punto de inflexión entre el pasado y el futuro. «Ya sabemos lo que nos sucedió en el pasado, por Dios, apostemos al futuro», dijo. «Rosarinos, santafesinos, acuérdense del pingüino que les pide que lo ayuden», concluyó.

Kirchner, ayer en Rosario, en el acto del Frente para la Victoria,que coincidió con la conmemoración del 17 de octubre.
Kirchner, ayer en Rosario, en el acto del Frente para la Victoria, que coincidió con la conmemoración del 17 de octubre.
Rosario - Unos cuatro mil rosarinos, gran parte de ellos provenientes de barrios humildes como Las Flores, Triángulo o Villa la Lata, conmemoraron ayer junto a Néstor Kirchner, en el Parque Independencia, aquel hito del 17 de octubre de 1945. Es una paradoja que Kirchner llegase ayer aquí a Rosario en el Día de la Lealtad para buscar votos no peronistas (predominantes en esta ciudad desde 1983), que, según la mayoría de las encuestas, volverían a irse mayoritariamente hacia el ex intendente socialista y candidato a diputado Hermes Binner, representante del Frente Progresista Cívico y Social (FPCS).

El Presidente arribó al mediodía acompañado por los ministros Rafael Bielsa, Ginés González García, Julio De Vido y los Fernández (Alberto y Aníbal), para respaldar a Agustín Rossi, el concejal justicialista rosarino y primer postulante en la lista de diputados del Frente para la Victoria (FpV), quien aceptó un desafío que ninguno de la plana mayor del partido quería asumir ante un opositor que corre al oficialismo por izquierda. «Este amigo Rossi -dijo el Presidente- no preguntó cómo andaban las encuestas», dura alusión mortificante para los santafesinos Horacio Rosatti y María Eugenia Bielsa, que rechazaron estar en la lista.

Con aquellos argentinos que dieron origen al movimiento llamado peronismo, los que ayer colmaron las (no muy grandes) instalaciones del microestadio tienen en común su origen humilde. En cambio, los diferencia la ausencia de espontaneidad y optimismo de los precursores que se refrescaron en las fuentes del centro de Buenos Aires. A esta altura, a nadie sorprende que a los actos del justicialismo en general y de gran parte de la actividad política argentina, un porcentaje significativo de los concurrentes son llevados por organizaciones que en algún caso hasta se atreven a tomar lista, hecho que se repitió ayer en algún caso bajo los árboles del Parque.

• Mortificación

Dentro del estadio, en los tumultuosos encuentros con funcionarios oficiales, algunos periodistas rosarinos los mortificaron haciendo alusión a una advertencia de Carlos Reutemann sobre que un eventual triunfo de Binner demoraría inversiones en la provincia. Fue el propio Kirchner quien en su discurso ante sus partidarios aclaró: «No vengo a condicionar inversiones de ningún tipo, ni vengo a hacer especulaciones... Se acabó eso de que hagan esto porque si no no tendrán esto. Se terminó la era de los mercenarios en la Argentina». El Presidente, sin agredir directamente a Binner, un hombre elogiado por el oficialismo hasta hace pocos meses, aludió agriamente a la Alianza -que integró el Partido Socialista- y dijo que los responsables de esa experiencia frustrada «están ante los ojos y la cara de todos los argentinos».

Kirchner
apeló a la « deslealtad» hacia sellos partidarios ajenos cuando afirmó que «Rosario no es la capital nacional de ningún partido» -lo fue del peronismo y lo sería hoy del socialismo- y que el domingo, «cuando se acerquen al cuarto oscuro, vayan olvidando a qué sector político pertenecen» porque «allá hay un pingüino que está solo y necesita la ayuda de cada uno». Al presumir qué estará pasando por la cabeza de los potenciales votantes del FPCS (que incluye a socialistas y radicales), Kirchner reconoció en su discurso -uno de los más enfáticos del último tiempo- que «ha mejorado la redistribución del ingreso aunque no todo lo que quisiéramos». También remarcó «la reducción de la pobreza en 17 puntos» y el recambio hacia «una Corte Suprema independiente». «No vengo a descalificar al otro, vengo a abrazar al otro», dijo. La eventual victoria de Binner, anunciada en otras elecciones y nunca concretada, podría ponerlo a las puertas de una exitosa candidatura a gobernador en el único de los seis principales distritos electorales del país que se mantiene fiel al PJ desde 1983, sin alteraciones. El peronismo se aprovechó de la ley de lemas, la sumatoria de diferentes líneas internas peronistas que le permitió vencer por la gobernación en tres oportunidades frente al radical Horacio Usandizaga a comienzos de los '90 y al propio Binner en 2003. Ante el aparente ascenso del socialista, al peronismo local le cuesta en este momento soldar algunas fricciones de la historia reciente. Baste para ello recordar el caso de Sergio Rossi, quien pasó sólo 24 horas por la Jefatura de Gabinete la semana pasada, debido a que no bien fue designado declaró al diario «El Litoral» de Santa Fe que él nunca fue menemista como sí lo había sido Reutemann. El senador sigue teniendo alto rating en el partido y la salida del funcionario fue inmediata. A la lista que combina a socialistas, representantes de ONG y al radical Hugo Storero, el kirchnerismo le opone una que postula a Rossi, casi un desconocido en el norte de la provincia, y a la docente con tradición en la lucha por los derechos humanos Ana Barraute. El domingo se define si una nueva voltereta del peronismo santafesino alcanza para impedir la victoria de la oposición. Hay antecedentes que permiten mantener abierta la duda.

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