21 de febrero 2003 - 00:00

Adelanta plazos, deja heridos y abre enigmas

Entre el golf y la partida para el acto de anoche en Capitán Sarmiento (Buenos Aires), Carlos Menem se dedicó a la tarea de aplicar ventosas y cataplasmas a los heridos de la decisión de cerrar un acuerdo con Luis Patti, lo que implica mandar a la casa a todos los que hasta ahora invocaban el nombre de Menem en la provincia de Buenos Aires.

El primero de todos, Alberto Pierri, quien reclamaba razonablemente exclusividad en uso de la marca Menem, pero nunca lo logró. «No puedo pelear con Solá, con Chiche, con Rico, con Patti y además con los nuestros que me dan guerra en nombre de Menem», fue la queja constante del ex diputado de La Matanza.

Como si no conociera el sentido penitencial del menemismo, Pierri nunca logró esa exclusividad, aunque se ha mantenido junto al riojano porque sabe qué le aporta: conocen el monstruo porque ha vivido en sus entrañas. En efecto, fue partícipe necesario en todos los montajes políticos del duhaldismo en los últimos 15 años, especialmente de los electorales.

En eso ha sido el mejor compañero de ruta que podía tener Menem hasta ahora para caminar este tramo de la puja con el duhaldismo.

Es amigo, además, de Eduardo Duhalde y ha servido de enlace entre Menem y el Presidente en más de un concilio secreto. Ilusionó a ambas partes como que podía oficiar, además, como espía en las trincheras enemigas, algo que ninguno de los dos, hasta ahora, le puede reprochar.

No pudo, según le expuso ayer Menem a los suyos, ofrecerle la oportunidad que le da Patti de eludir el compromiso del 30 de marzo (interna obligatoria de todos los partidos), porque la candidatura del intendente de Escobar es con lista única y, por eso, eximida de un conteo de costillas en las urnas. Aun si Pierri hiciera lo mismo, el gesto sería visto como un arrugue de barrera del menemismo en la confrontación con el duhaldismo, al cual nadie cree perdedos en esa interna.

Pierri
ya tenía un adelanto de un cierre de Menem por fuera del menemismo cuando vio que Alberto Kohan, un santafesino con domicilio electoral en Agua de Oro (Córdoba), se animaba a anotarse a la gobernación. Nadie le daría la concesión exclusiva.

Le llegaron también los reproches del entorno menemista que integran varios de sus adversarios:
«Beto» desde que llegó amenaza todas las semanas con que se va, «Beto» dice que necesita que le aporten a la campaña, «Beto» lo llevó a Menem en auto a Trenque Lauquen y para hacerlo hablar ante 700 personas. Es decir un cúmulo de azotes para mortificar el castigado cuerpo del ex presidente de la Cámara de Diputados.

Ni
Pierri ni Kohan, desde ya, están en la lista de los menemistas que, según Patti deben someterse a la renovación -el ex comisario y candidato a gobernador reconoce con facilidad las facetas variadas del corazón del riojano-. Esa nómina incluye a menemistas a quienes el candidato ha prometido no dejar fuera de carrera como Alberto Lestelle, Alberto Oliva, Roberto Fernández o Fernando Galmarini.

Pocos se explican la prisa de
Menem por cerrar este acuerdo que adelanta decisiones antes del 27 de abril, fecha que él cree revolucionará las expectativas de todos, amigos y adversarios.

Salvo que quiera disipar del horizonte la distracción que para su proyecto es la interna bonaerense del 30 de marzo.

Tampoco por qué adelanta el cierre con
Patti y bloquea todos los caminos hacia otro candidato que tiene un perfil similar y por quien el riojano manifestó varias veces su preferencia: Aldo Rico.

Como ocurre con
Patti, Rico afirma el atractivo en un importante sector del electorado de Buenos Aires en la propuesta de superar la crisis de inseguridad en el área metropolitana que ese mismo padrón le atribuye a las administraciones duhaldistas (Duhalde, Carlos Ruckauf, Felipe Solá).

Antes de ahora
Menem habló de una posibilidad de acercarlo a Rico después del 27 de abril -presumiendo siempre que gane, si no se viene la noche y para qué hablar-. Pero hoy lo ve muy exitista y empapado de la mística riente del adolfismo que no reconoce un instante de pesimismo y hasta lo distancia al intendente de San Miguel del propio Adolfo Rodríguez Saá.

En los pocos contactos que los delegados de
Menem mantuvieron con Rico éste se mostró escéptico en cuanto a un acuerdo, no por no quererlo él o sus seguidores sino porque, confesó, nadie le creería. «Lo que criticado tanto a Menem que no sé si ahora podría yo jugar con él sin dañarnos los dos», reflexionó el ex militar.

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