Adelantado del poskirchnerismo, Das Neves tiene un libreto K
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Mario Das Neves
No está del todo saldado: sus muchachos de gorra verde, menos numerosos que en otros mitines, llegaron inusualmente tarde y se fueron antes de que termine de hablar la Presidente. ¿Se aleja Moyano ante el riesgo de que Kirchner le dé la espalda en la interna de la CGT?
Pero nada ocurrió: sólo el chubutense, colgándose de los dichos del piquetero, expresó sus dudas públicas sobre la Plaza del Sí y faltó al show anticampo. Los demás, entre los que se citó a Daniel Scioli y a Jorge Capitanich, aunque éstos lo negaron, subieron al palco.
En esa ola no se debe computar al cordobés Juan Schiaretti, quien viene, desde hace largo tiempo, expresando sus matices con el modo en que los Kirchner abordaron la crisis del campo y faltó, sistemático, a los últimos actos organizados por la Casa Rosada.
Das Neves se imagina a sí mismo como la expresión crítica, diferenciada, del kirchnerismo dentro del PJ. Se piensa, además, como presidencial para 2011. De algún modo como la continuidad, con variantes, de la dinastía Kirchner, pero sin ser «otra Cristina».
Otro marchante en la larga caminata pingüina; un poskirchnerismo sin rupturas. Está en el borde de convertirse por Kirchner en lo que fue Duhalde para Carlos Menem.
Pero en la práctica, funciona como un kirchnerismo bis: una versión retocada, levemente crítica, del espacio que conduce el patagónico. Y, desde ese lugar, que Kirchner le reserva, como una vía de contención a potenciales quejosos.
Por eso, siempre perseguidos, hubo quienes entrevieron en la movida de Das Neves una carnada de Kirchner para poner a prueba la fidelidad de gobernadores y dirigentes.
¿Por qué otra razón Kirchner aceptó en silencio que el chubutense castigue sin compasión a Alberto Fernández, al que llegó a pedirle que renuncie pocas semanas atrás? ¿Por qué, se preguntan insidiosos, le permitió que ponga en duda el acto pro Cristina? No sólo eso: luego de su embestida contra el jefe de Gabinete, Das Neves fue « premiado» por Kirchner como uno de los cinco principales secretarios del PJ nacional. Anteayer, en tanto, lo trató entre algodones, «mi amigo Mario, pingüino como yo», dijo, casi tierno.
Inédita mansedumbre de Kirchner que acostumbra aplicar sanciones ejemplares a los díscolos. Lo sabe, por caso, Schiaretti. Lo padeció, en su época de gobernador, Felipe Solá. Al mínimo gesto de rebeldía, el patagónico castiga sin compasión. Lo saben gobernadores e intendentes que ante un indicio de desobediencia sienten cómo se corta el tránsito de obras y recursos hacia sus distritos.




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