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• Responsabilidades
Por caso, el cancillercandidato hizo un organigrama de responsabilidades en la campaña que simula el de un ministerio. Tiene, por caso, un responsable de Compras y Contrataciones (el prudentísimo Aníbal Gutiérrez, jefe de Gabinete de la Cancillería, que además es radical). Esa función haría morir de carcajadas a un comando electoral tradicional; en Compras y Contrataciones está la sal de la vida de las campañas criollas (recuérdese la solicitada del comando Menem-Duhalde de 1989, que debió aclarar quiénes estaban autorizados a comprar y contratar). El resultado es de suma cero: en un actotertulia que encabezó el canciller en un bar porteño hace unos días no había nadie que pagase la minuta. Como en los relatos de la picaresca, primero se fue Bielsa, después la custodia, después los amigos. Sólo quedó un candidato de menor cuantía que, conocido del dueño, tuvo que poner la tarjeta y pagar de su bolsillo el gasto del candidato. Estas anécdotas son recopiladas por otro «raviol» del organigrama de Bielsa, el encargado de Control de Gestión.
La necesidad de provocar a los adversarios por parte del oficialismo se entiende por la lectura de los sondeos, una práctica que en muchos produce lo que los libros de caballería en Alonso Quijano. Desde el sondeo realizado por este diario en la Rural de Palermo, hace un mes, que muestra a Bielsa (9,6%) detrás de Macri (27,9%) y Carrió (15,8%), nada de lo que ha hecho el candidato mueve mucho el amperímetro. Si ese escenario persiste, el gobierno teme que la polarización final termine marginando a Bielsa a un tercer lugar. Esa posibilidad parece segura si gana Carrió la elección, ya que todo lo que la jefa del ARI gane se lo saca a Bielsa, en el entendimiento de que el piso de Macri parece inamovible hacia abajo, algo que le asegura el 1° y el 2° puesto.
Si ganase Macri, implicaría que Bielsa le ganase a Carrió la pelea sobre el mismo segmento de votos, y eso le aseguraría un segundo puesto a Bielsa.
Nadie se anima en la mesa chica hoy a decir cómo saldría primero Bielsa. La confianza está depositada en la persona de Kirchner. El Presidente suele repetir cuando le hablan de Capital Federal: «¿Acaso no hay un 25/27% de gente que apoya el gobierno? Si Rafa se identifica con el gobierno, ganamos, que haga la plancha, que no invente más». Este dictamen baja a través de Alberto Fernández, pero Bielsa desconfía de la lealtad de su jefe de Gabinete; le reconoce el rol de jefe de Gabinete porque lo cree -en su candidez de debutante-el más experimentado de todos los que lo rodean. Por eso ha reservado para sí dos elementos clave de la campaña, el discurso y la estética.
Los que más saben le dicen que hay que abrir el juego en discurso y estética a estrategas de mayor calibre y con experiencia, pero el canciller no deja que nadie se le meta en esos temas -sospechan algunos que recibe letra de Chacho Alvarez, con quien no se ha dejado ver en público desde que se supo que lo tenía de consejero-. En esa situación, Bielsa tiene que pelear (no a las trompadas, como amagó el sábado en Callao y Santa Fe) el voto en donde menos adhesiones tiene: el público joven, las mujeres, la zona sur y la parroquia 6 -Caballito-. Dramático para un candidato porteño que trata de mostrarse juvenil y que luce retoques de coquetería varonil. En los barrios más pobres domina Macri, y en Caballito, santuario del voto pequeño burgués que le asegura el triunfo a un candidato, lo supera Carrió.
La encrucijada no puede ser más comprometedora, pero alimenta el resto de heroísmo que tiene todo debutante.
Algo tendrá que hacer porque el escenario de derrota no puede ser peor: si Kirchner pierde en Capital, Santa Fe y Mendoza, y tiene una victoria apenas digna en Buenos Aires, pero un triunfo en La Matanza, tendrá un testimonio inapelable de que dedicó dos años a inventar un producto para un público -el de esas ciudades-que lo rechaza. Si es así, Bielsa y Kirchner tendrán que empezar de nuevo todo.




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