6 de diciembre 2000 - 00:00

Ahora el presupuesto que se complica es el porteño

Aníbal Ibarra, quien recaló en la jefatura de Gobierno de la Capital con ínfulas de administración eficiente, duplicó la cantidad de jefes en el plantel municipal con respecto a los que tuvo Carlos Grosso, lapidado por el frepasismo, y casi los triplicó en comparación con el último intendente porteño Jorge Domínguez, quien dio paso al nuevo status de gobernadores del distrito.

Esa proliferación de caciques de área que tienen rango y sueldos de secretarios, subsecretarios, directores generales (DG) y directores generales adjuntos, trepó de 198 en la gestión grossista a 317 en la ibarrista, por sobre los 119 que tuvo en funciones Domínguez, quien no tenía en la estructura municipal adjuntos, los eliminó.

El incremento más destacado en las líneas de mando del ibarrismo se da en la designación de más cantidad de directores generales, los que vienen en sucesión después de los secretarios y subsecretarios. En la comparación, Domínguez tuvo 77 y Grosso 76 subalternos de esas características, pero Ibarra inauguró muchas más butacas, 114, y también más de los dependientes inmediatos de directores generales que llevó de 27 a 91.

Después de todo, Ibarra tiene que compartir la administración con sus socios radicales, y no tenía por qué privarse de ese reparto que ya había sido superado por Fernando de la Rúa en la Capital con respecto a sus antecesores peronistas, pero tampoco perder la oportunidad de poner más firmas en nombramientos de jefes que el radical. Casi 14% más de oficinas de jerarquía se abrieron en el Palacio Municipal con la llegada del ex fiscal, lo que incluso generó un déficit habitacional en la sede porteña que provocó una guerra por ocupación de despachos en pleno debut del frepasista.

Pedido de informes

Más quieta esa interna geográfica, ahora los legisladores miran la distribución de partidas presupuestarias para esa multiplicidad de escritorios. Ibarra deberá afrontar un pedido de informes sobre esa contabilidad jerárquica, cuando regrese hoy de México, adonde viajó el domingo para asistir a la asunción del alcalde del Distrito Federal. Los datos, sobre los que se fundamenta el pedido de explicaciones al frepasista, fueron recolectados por el legislador peronista Guillermo Oliveri del bloque Encuentro (belicistas, cavallistas y peronistas), que representa la oposición en la Capital.

La bancada, abultada en la Legislatura, pedirá hoy en comisión la aprobación de un pe-dido de informes al Ejecutivo sobre los «Manuales para la elaboración» de esa estructura orgánica.

Interrogantes

Pusieron la vista especial-mente en preguntar por qué existen 4 niveles de direcciones generales en la Secretaría de Cultura; un director general y un adjunto en radio «Municipal» y por qué ascendió al procurador porteño Juan Carlos López, concuñado de Ibarra, al rango de subsecretario con tres directores generales a su cargo y 6 subsecretarios con categoría de secretarios (es decir con sueldos más altos).

Los diputados pedirán también rendición de otras cuestiones sobre las cuales versará la negativa de Encuentro a aprobar el primer presupuesto de la era frepasista en la Ciudad.

Para los legisladores porteños es una incógnita, por caso, cuánto personal permanente, transitorio y contratado se desempeña en la administración pública del distrito desde que asumió Ibarra, a pesar de haber requerido ese detalle en varias oportunidades desde hace un mes, cuando llegó a la Legislatura el presupuesto 2001, para el cual Ibarra no logra aún los votos necesarios.

Una tema más que se anotó en esa requisitoria es el ordenamiento de los 16 Centros de Gestión y Participación de la Ciudad, oficinas barriales donde se realizan trámites de impuestos y registro civil: allí se nombraron 32 cargos de directores generales para repartir entre la UCR y el Frepaso.

Argumentos

Quizá sorprendan al jefe porteño, los argumentos del pedido de explicaciones, elaborados casi a su medida. «Es por demás transparente que la realidad administrativa reconoce que los actos deben ser proporcionales y adecuados a su finalidad: donde no es posible encontrar proporcionalidad tampoco será posible descubrir razonabilidad, para así describir la efectividad, la economía y la eficiencia», le dicen y completan con que: «se pretende saber cuáles fueron los criterios que se privilegiaron al momento de su confección (de la nómina de jefes) y en esa línea de pensamiento es que resulta necesario conocer la voluntad del administrador», casi al estilo del ex fiscal.

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