En día peronista, señales al estilo Néstor y otras perlas

Política

Un atributo de talle equivocado y algunos contrastes en la jornada de inicio del nuevo Gobierno.

Néstor Kirchner tomó el bastón de mando, el 25 de mayo de 2003, y jugueteó con él, para arriba, para abajo, cuando lo recibió en el Congreso. Se mezcló con sus adherentes en las puertas de la Rosada y salió lastimado en la frente al chocarse con una cámara fotográfica, el mismo día que asumió. Ayer, Alberto Fernández, como en aquel Gobierno que reivindica como suyo, también le imprimió gestualidad a la voluntad de mostrarse como “gente común” y condujo él mismo el automóvil con el cual llegó al Congreso sacando la mano por la ventanilla y haciendo la V hacia una multitud que lo vivaba detrás del vallado de rigor.

Así arrancaron algunas perlas del día de la asunción (o del regreso). Se vio al Presidente acompañado de Fabiola Yáñez, quien sorprendió por la elegante sencillez con vestido rosa viejo claro y stilettos al tono, en un contraste estético con el impecable atavío de Cristina de Kirchner, quien repitió el blanco que acostumbró vestir en ocasiones similares, para asumir la vicepresidencia.

También lo acompañó a Alberto F. su hijo Estanislao, formal y elegante, quien como broche de su look mostró en el bolsillo del saco, azul oscuro como el del padre, un pañuelo con los colores de la bandera de la diversidad.

Gabriela Michetti, quien condujo la ceremonia, estuvo locuaz con Cristina y con el Presidente que asumía, pero,en otro gesto de ciudadano, Alberto llevó su silla de ruedas, algo que no le es grato a la ahora exvicepresidenta y que casi causa un tropezón.

Mauricio Macri se fundió en otro abrazo con su sucesor, quizá exagerado para algunos y otra vez hubo un contraste, ya no de vestimenta, sino con el rostro duro y agrio de Cristina cuando el expresidente le dio la mano, a lo que respondió fríamente. Todo mientras Alberto intentaba acomodarse la banda presidencial. Casi como Néstor K con el bastón que realizó el orfebre Juan Carlos Pallarols, el Presidente más que hacer piruetas con el atributo celeste y blanco, lo movía porque le incomodaba peleando con el botón de su saco hasta que lo pudo desprender y mostrarse más cómodo antes de pronunciar el discurso, que, como Kirchner, leyó ante el Congreso.

El inconveniente duró toda la jornada. Se lo vio por la tarde a Alberto al tomar jura a los ministros, ya habiendo conciliado la postura de la banda con el saco abotonado, acomodando una y otra vez el atributo al punto que expresó “me tiene a maltraer esto” y se volvió a acomodar. Un problema de talle, seguramente, a esa altura insalvable.

Estuvo distendido también en esa ocasión y se permitió bromear por ministros que olvidaban firmar tras jurar el cargo o algún error al entregarle equivocado el papel con el que tenía que hacer el nombramiento.

Por la mañana, de Congreso el Presidente fue hasta la Rosada, adonde ingresó junto a Fabiola y Estanislao, mostrando a una primera dama interesada por seguir el protocolo, un ejercicio que no es sencillo en el día cero para ninguna acompañante.

La fiesta en la Plaza de Mayo y la cantidad de público que hasta pernoctó para esperar la ocasión se contrapuso con la asunción de Macri, cuando creyó que el clima había atentado contra la concurrencia, olvidando la distancia, tal vez, entre la algarabía de los globos de colores y el folclore peronista.

En otro sentido y para oídos de quien no recuerda, en su momento Pallarols contó que, en realidad, el Congreso resulta incómodo para la entrega de los atributos presidenciales por los obstáculos como mesas y sillas y que entonces a Kirchner se le había entregado el bastón al revés, por lo cual, le dio vueltas, para tomarlo como corresponde. Como sea, el gesto,con toda certeza, estuvo presente para el nuevo Presidente.

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