Gestos entre presidentes, cánticos menguados y el vilipendio de Cristina

Política

Alberto Fernández y Mauricio Macri realizaron un correcto traspaso de mando ante la gélida mirada de la vicepresidente. Besamanos ministerial. Aplausos sindicales e industriales medidos. Aníbal Fernández, Gregorio Dalbón, Marcelo Tinelli y Hebe de Bonafini, en palcos principales. Aliento militante al exjefe de Estado ecuatoriano y buscado Rafael Correa.

La Asamblea Legislativa realizada ayer para la asunción del presidente, Alberto Fernández, tuvo un condimento distintivo entre todas las apostillas en el recinto de la Cámara de Diputados: la gélida actitud de Cristina de Kirchner ante los correctos gestos entre el flamante jefe de Estado y su antecesor, Mauricio Macri. Todo, en medio de una situación que debería ser habitual en democracia.

Minutos antes, Fernández ayudó a la vicepresidente saliente, Gabriela Michetti, a llegar al estrado principal de Diputados -con alguna dificultad debido a unos cables- para continuar con la Asamblea Legislativa, que había ingresado en cuarto intermedio para recibir al ticket que ya comanda las riendas del poder nacional hasta el 10 de diciembre de 2023. Fernández sí recibió una mirada dura durante su discurso: al hablar de las reformas judiciales que enviará el kirchnerismo y críticas hacia ese sector, el magistrado de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, se quedó estupefacto durante varios minutos.

Lorenzetti se ubicó a la derecha del estrado principal junto a otros miembros de la Corte, justo por detrás del vocero de Fernández y secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi; la primera dama, Fabiola Yáñez; y el hijo del jefe de Estado, Estanislao. Hacia el costado se mostraron los ministros del flamante Gobierno, quienes recibieron un besamanos en medio de la estampa más que triunfante del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Para la ocasión de ayer y, por suerte, los cánticos que se dieron entre 2008 y 2015 -sobresalió la marcha peronista- fueron menguados y casi sin virulencia de La Cámpora, la rama más recalcitrante del Frente de Todos, que responde a Cristina de Kirchner y a su hijo, Máximo, jefe del interbloque oficialista. A su lado se pegó la diputada Cristina Álvarez Rodríguez, quien por momentos mostró una exagerada emoción durante el discurso presidencial.

A la izquierda del estrado se sentaron un importante ramillete de gobernadores y los expresidentes Carlos Menem -junto a su hija, “Zulemita”- y Eduardo Duhalde. Ambos exjefes de Estado, denostados en otra época por el cristinismo, fueron buscados por varios legisladores kirchneristas y recibieron abrazos.

Para los palcos del primer piso recibieron invitaciones vip el exjefe de Gabinete cristinista Aníbal Fernández; el conductor televisivo y candidato a presidente -por el actual oficialismo- del muy castigado San Lorenzo; Marcelo Tinelli; la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini; sindicatos contentos comandados por Héctor Daer e industriales -casi en un costado y más medidos que los gremios- referenciados en Daniel Funes de Rioja y Alejandro Bulgheroni.

En el mismo piso se ubicaron intendentes bonaerenses como Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Juan Zabaleta (Hurlingham), quien luchó de forma atolondrada para arremangarse la camisa. Una vez finalizada la Asamblea, y sobre el segundo piso de palcos, dos militantes del Frente de Todos alentaron al expresidente ecuatoriano Rafael Correa -tiene un pedido de prisión preventiva- con un “vamos a volver”. Mientras tanto, Aníbal Fernández y el abogado de Cristina de Kirchner Gregorio Dalbón, se sacaban una foto.

Aplausos y previa

Alberto Fernández fue aplaudido en varias ocasiones desde que ingresó al recinto de Diputados entre menciones a las Islas Malvinas, sus padres, Perón y Néstor Kirchner. Quienes tomaron nota ante las críticas del presidente a la herencia que dejó el macrismo -regalo cristinista que no supo desactivar Cambiemos- fueron los jefes radicales Mario Negri (Diputados) y Luis Naidenoff (Senado). Los cánticos de “Alberto presidente” y la marcha peronista fueron los más repetidos.

Cerca de las 9, poco más de dos horas antes del inicio de la Asamblea, se iniciaron las pruebas de sonido ante los primeros legisladores que arribaban, como los diputados Luis Juez y Alma Sapag. También madrugó en los palcos el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.

Si de saludos se trata, el diputado del PJ Danilo Flores (La Rioja) aplicó un doble beso a su “compañera” entrerriana Mayda Cresto, mientras que el macrista Pablo Torello se estiró para agarrarle la mano y depositar allí las comisuras de su boca a la renovadora -ahora K- Vanesa Massetani, quien se paseó como interlocutora del siempre serpenteante Sergio Massa, flamante titular de la Cámara baja.

Poca suerte tuvo el ungido jefe del kirchnerismo en el Senado, José Mayans, que en medio de caminatas por el recinto tiró dos botellas de agua. Del lado del oficialismo, el misionero del Pro Humberto Schiavoni -perdió por una paliza descomunal en su carrera hacia la gobernación- se abrazó con el esquilmado peronista cordobés Carlos Caserio, quien se quedó sin la jefatura justicialista ni cargo en el Ejecutivo.

Entre los gobernadores, y pese al esfuerzo del pícaro jujeño Gerardo Morales -el más peronista de los radicales- para destacarse, el centro de atención fue el cordobés Juan Schiaretti, el único justicialista no K de todo el ramillete de gobernadores. Muchos de acercaron a dialogar con él. A su lado se sentó el oscilante neuquino Omar Gutiérrez, quien se tomó su tiempo para realizar una video llamada y mostrar a su contacto, durante unos minutos, el panorama en el recinto de Diputados.

Cerca del bloque kirchnerista apareció -exultante- la exsecretaria administrativa durante el macrismo de la Cámara baja, Florencia Romano, quien días atrás se puso al día con las resoluciones de su área tras pisar, de manera constante, la publicación de los decretos de la “caja” de Diputados. También extendió el plan de retiros voluntarios hasta el 29 de febrero de 2020. Ahora es prosecretaria administrativa en la gestión Massa.

Desde el PRO sí se acordó de Macri la senadora Laura Rodríguez Machado, quien levantó una bandera con la inscripción “Gracias, Mauricio” ante el ingreso del presidente saliente. La izquierda también hizo las suyas, aunque el curioso mensaje pedía la salida del presidente chileno, Sebastián Piñera y, a su vez, contenía la crítica al “golpe” en Bolivia.

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