28 de noviembre 2001 - 00:00

Alderete: "Mintieron y De la Rúa compró el boleto del PAMI"

Si hubo un personaje execrado del menemismo, ese fue Víctor Alderete, ex interventor en el PAMI. Resultó el emblema maligno de la administración, sobre todo para un sector de la vida política que hizo proselitismo sobre la espalda de este personaje. Purgó Alderete 15 meses en prisión y ahora habla ante un diario por primera vez. Denuncia en su caso la arbitrariedad de la Justicia, la hecatombe del PAMI en aquellos que lo sucedieron y hasta el pecado de omisión en quienes -según él-debieron ayudarlo. O solidarizarse. Importa conocer la transformación de este hombre que sigue inquieto, casi hiperkinético como antes, pero con otra perspectiva. ¿Será porque pasa la mayor parte de su vida en Anillaco, donde se hizo una casa para acompañar a Carlos Menem? Veamos el reportaje:

P.: ¿Dejó la cárcel y salió pintor?

V.A.: Nunca había pintado, pero en los meses que antecedieron a esa campaña maligna y siniestra que empezó en diciembre del '99 y luego me llevó a prisión, en la que me pretendían mostrar como un delincuente que tenía cancha de golf en mi despacho, empecé a pintar con unas acuarelas que me regalaron mis hijos. Pinté 17 paisajes y después me pase al óleo.

P.: ¿Y en la prisión?

V.A.: Bueno, allí pedí permiso, y pinté más, de memoria o con fotos, corrigiendo siempre, aprendiendo de libros. Ahora, en libertad, sigo y voy a exponer en marzo o abril. Hasta ya tengo el cuadro que presidirá la muestra y el folleto, el que no lleva firma y tampoco es un paisaje.

P.: ¿Y qué es?

V.A.: Es un cuadro sombrío, con rejas, y lo tiene que firmar la Alianza porque yo no robo cuadros de otros. Y ellos son los autores de esa desgracia.

P.: ¿Algo así como el Guernica de Picasso y los nazis?


V.A.:
Exactamente, como cuando los nazis le preguntaron a Picasso, al ver el Guernica, si él había hecho eso. Entonces, él les dijo: «No, eso lo hicieron ustedes». Para mí, la pintura fue una terapia y la verdad es que logré contagiar a otros presos en Gendarmería. A Bernasconi (Hernán, el juez) lo convencí y el empezó e hizo cuadros mejores que los míos. También estaba Daddone (Aldo, ex Banco Nación), quien dibujaba bien, y también lo convencí. A otro preso también, así que terminamos haciendo un taller. Nos sirvió a todos. Y lo veo ahora, cuando los voy a visitar: allí aprendí que antes le daba bolilla a muchas cosas que no son importantes y que desatendía otras que son valiosas.

P.: Entre esas cosas poco importantes, ¿está la política?


V.A.:
No, en la política sigo, me gusta. Pero la cárcel también me aportó un interés mayor por la espiritualidad.

P.: Claro, ¿lo habrán visitado más de un obispo, usted los ayudó mucho?


V.A.:
No, ningún obispo. Sólo un curita venía a darme la comunión.

P.: ¿Tampoco Esteban Caselli?

V.A.: No, desapareció. Pero no tengo odios con nadie. Que sean todos felices, aun los que me hicieron daño.

P.: Pero, sospecho, ¿a más de uno debe responsabilizar por su encarcelamiento?


V.A.:
Y sí, pero no guardo rencor. Me hicieron una campaña mediática, sobre todo el monopolio «Clarín». Cuando estuve en el gobierno y, después, mucho más despiadadamente. Seguro que también lo acompañaron algunos compañeros nuestros -no los juzgo, que ellos mismos se arrepientan-, radicales varios, la izquierda.

P.: Está como Perón, ¿descarnado?

V.A.: Algo así. Mire, hay mucha gente que odia y eso es malo. Yo lo digo porque fui anti-peronista y festejé cuando se bombardeó Plaza de Mayo. Eso es odio. Los peronistas cometieron errores, pero nosotros también cometimos horrores. Tengo la valentía de reconocer cuál fue mi culpa, eso fue un horror, como fue un horror la supresión de vidas en el período militar. El odio como sistema es malo, no conduce a nada. Pero muchos siguieron con ese odio, de izquierda o derecha, con el mismo odio del '55. Así aparecieron 4 o 5 diputados que creían conocer el PAMI y armaron toda esta falacia.

P.: ¿Quiénes?


V.A.: Carrió (Elisa), González (María América), Stolbizer (Margarita), Guevara (Cristina), Santín (Eduardo).

P.: ¿Pero Carrió no sabe nada del PAMI?

V.A.:
Ni ella ni los otros. Lo grave es eso: hablan sobre lo que desconocen. Carrió se subió para atacarme, nada más.

P.: ¿Pero debe haber habido alguien cercano, porque hubo denuncias tan singulares y puntillosas como la impresión de un libro?


V.A.:
Mire, en el PAMI había 5.000 radicales. Puede ser alguno de ellos, pero no acuso a nadie. Aunque, la verdad, nunca esperé que Fernando de la Rúa permitiera que se formara una comisión anticorrupción en su gobierno para perseguir a sus opositores políticos. Además, porque él mismo me pidió muchas veces ayuda y yo se la di desde el PAMI. Y antes del PAMI. Creo que un argentino debe ayudar a otro argentino, nunca dejé de atenderlo y le recuerdo que hasta el primer contrato gerencial se firmó en el despacho de De la Rúa. Lo firmó también Lombardo (Héctor), quien en esa ocasión me pidió que le mejorara la indemnización que había recibido (retirado como médico de cabecera). Le expliqué que ése era un cálculo matemático, que así era la ley. Nunca pensé que De la Rúa luego decidiera cuestionar algo que él mismo había firmado.

P.: Bueno, ¿hubo otros radicales que también lo objetaron?


V.A.:
Sí, y también hubo caballeros como Raúl Alfonsín. Sé del episodio en que Federico Storani, en el comité radical, se puso a aplaudir porque me habían detenido y, entonces, Alfonsín lo paró y le dijo: «Acá no se aplauden esas cosas».

Auditorías

P.: ¿Pero el gobierno nunca atacó el gerenciamiento que usted había impuesto en el PAMI?

V.A.:
¿Cómo lo van a atacar? Al contrario, lo criticaron y me insultaron, pero lo continuaron. La única diferencia es que, en vez de estar Pedro, está Juan o están Juan y Pedro. Con lo cual ahora hay listas gigantes de prestadores, al revés de nosotros que sólo teníamos 29 y se podía auditar a todo el mundo. Hacíamos trece mil auditorías por año, seis a cada prestador. Ahora no hay control ni manejo, tienen cientos o miles de prestadores y por supuesto no existen las auditorías. En realidad, el PAMI es un desastre y sólo buscan la privatización.

P.: ¿Pero el privatizador no era Menem?

V.A.:
No en este caso, porque primero el PAMI es de los jubilados, algo que generalmente se olvida. Además, si él hubiera pensado distinto me lo habría ordenado.

P.: ¿Pero quién quiere hoy el PAMI?

V.A.:
La verdad, hoy no lo debe querer nadie con seriedad. Es tal el horror que no creo que haya ningún privado interesado. Aunque, depende, claro, del grado de deshonestidad con el que se quiera actuar. Por hoy nadie dice nada, al revés de en mi época, y resulta que pagan las deudas con seis meses de atraso (yo pagaba a los 60 días por contrato). No entiendo esto si ahora les ingresa la misma plata que me ingresaba a mí. Además, habían dicho -y se lo hicieron repetir al Presidente-que habían bajado 400 millones de pesos al año; si eso fuera cierto, ¿por qué pagan con tanto atraso, no funciona nada e incrementaron el déficit? (de 500 a 1.650 millones de pesos). Son un desastre. Fíjese que no se presta ningún servicio, ni psiquiatría, ni pediatría, ni diálisis, ni geriatría, ni odontología, no se entrega un anteojo, no hay urgencias, no hay operaciones. Absolutamente nada. Con cualquiera de esas cosas que se hubieran parado en mi gestión, ya me habrían crucificado.

P.: Convengamos que a usted lo sancionó la Justicia.


V.A.:
¿De qué me habla? Cuánto tiempo llevamos de juicios contra mí y no hay ni una sola pericia, ningún juez ordenó una pericia para saber lo que se había hecho mal, lo que presuntamente se pagaba de más. ¿No es eso lo normal en un juicio? Bueno, ningún juez la permitió.

P.: ¿Pero usted igual sigue procesado?

V.A.:
Sí, en tres causas. Una, la mentira de las cajas que primero me dictaron falta de mérito pero luego, como varios diputados fueron a apretar al juez, éste me procesó. La otra es por una omisión de denuncia. Denuncia que yo mismo hice en Tribunales, y la tercera es por una cuestión de psiquiatría que no se hizo ninguna pericia.

P.: ¿No hubo otra hace poco?


V.A.:
Sí, la última que firmó el juez Cavallo, al despedirse, sobre unos audífonos. Tampoco allí hay pericia alguna. Me procesó sin pruebas, es una vergüenza. Pero de eso hablé con mi abogado, Arslanian (León, ex ministro). A mí lo que me preocupa es que la gente afiliada al PAMI se está muriendo, por eso salgo a hablar. Si no, seguía pintando en Anillaco.

P.: ¿Y qué ocurre en el PAMI?


V.A.:
El mayor drama es que ninguna sabe dos centímetros de salud, del PAMI. Ni siquiera se reúnen con los prestadores, los sindicatos o los trabajadores. Hay autismo. Pistorio (Raúl) no sabe ni jota, no maneja nada. Habría que preguntarle qué pasó con la Fundación Favaloro cuando la manejó él.

P.: ¿Tampoco fueron eficientes los que precedieron a Pistorio?


V.A.:
Casi peor, ni siquiera han dicho qué pasó con los mil millones de dólares que el Estado le debe al PAMI. ¿O eso no configura una cuestión penal? ¿Quiere que hable de la «cajita de cristal» de Cecilia Felgueras? Ese fue un boleto que le vendieron a De la Rúa. Ella no hizo nada, es una bestia y, además, mintió. Le mintieron al Presidente. Yo se lo escribí en una carta, inclusive porque yo la había recibido a Felgueras antes del traspaso por recomendación de él, quien me dijo: «Atendela como si fuera yo. En verdad, ella soy yo».

P.: ¿A qué atribuye tanta ineptitud?

V.A.:
No voy a caer en lo que me hicieron a mí, por lo tanto no voy a acusar sin pruebas y mucho menos a discutir si se la llevan o no se la llevan. A mí me parece que no saben y nunca hubo nadie que supiera. Hoy Pistorio, antes Felgueras, Rodríguez Larreta fue un desastre en la ANSeS, también con Ortega (Palito) en Desarrollo Social y en el PAMI fue como si no hubiese estado. Otro terminó procesado, hubo tres más que no sirvieron y de Polack (Federico) no se puede decir nada porque no lo dejaron mover. Esta es la realidad.

P.: Bueno, la realidad es la queja permanente, el chico que murió hace 48 horas, la protesta de los discapacitados...


V.A.:
No entienden, creo que yo entendí cuando me di cuenta de que también era un adulto mayor. Un viejo. Cuando me di cuenta que el mayor problema de los viejos es la soledad, no tanto la enfermedad. Pero no voy a discurrir sobre esto, que es elemental, quiero decirle que no entienden porque a cualquier padre el tema de los discapacitados es una prioridad. Yo iba al Cotolengo, a los hogares a cada rato, y ahora vi a esos chicos el otro día quejándose delante del ministerio. Es una barbaridad. Lo mismo la comida de los viejos, porque la gente cree que el PAMI es sólo actividad médica. Nada que ver. Se les da de comer a 460 mil personas. Con la misma plata, yo llevé de 390 mil a 460 mil y desde hace 4 meses que no pagan la comida de los viejos. Hasta les quitaron la tarea administrativa o de embolsar la comida, discutir los precios, cuando ellos son los mejores auditores.

P.: ¿Es el PAMI una colonia de ñoquis?


V.A.:
Voy a ser franco. Puede funcionar con menos de lo que tiene. Yo saqué a 4.000, un arrastre que venía de la época de Armendáriz (Alejandro), pero en verdad hay un plantel que puede dar servicios importantes a los jubilados. Gente que asista, acompañe, guíe, para eso han sido capacitados (al menos en mi administración). Pero esa gente, que no es administrativa, no trabaja hoy porque carece de conducción. Es lamentable. Al viejo no hay que darle remedio solamente, el tema es médico y social.

P.: Pasemos a Carlos Menem. ¿Cambió mucho el cuadro en su cercanía?


V.A.:
Yo hablé con Menem durante los 15 meses que estuve preso. Todos los días. Siempre me alentó, y él, a su vez, nunca bajó la guardia. Hoy está entero y le agrego un dato importante: la tiene a Cecilia Bolocco que, a esta altura de la vida, le proporciona una fuerza importante. En cuanto al entorno, las caras son siempre las mismas, faltan pocos, sí, Caselli que se fue con Ruckauf (Carlos) y Amadeo (Eduardo) que ahora que lo procesaron seguro que está arrepentido. Tal vez no exista la efusividad de antes, pero siempre es complicado poner el culo todos los días cuando no se vive la adrenalina del poder. Pero está todo igual, no hubo deserciones ni traiciones.

P.: ¿Y en su caso?

V.A.:
Bueno, más sorpresas agradables que decepciones. El reencuentro con mi familia, con mi hijo mayor que es el único que todavía me saca de las casillas, pero quien vino todos los días. Con mi mujer, con mis otros hijos. Eso es impagable, lo mismo compañeros de rugby que no veía, u otros. ¿Políticos? Bueno, vinieron los que no esperaba y no vinieron los que esperaba. Los empresarios más o menos y los sindicalistas bien. Le insisto: no tengo rencores. Aunque, claro, quiero advertir sobre la inseguridad jurídica que puede padecer cualquier ciudadano.

P.: Claro, ¿por qué con usted empezó lo de la asociación ilícita? ¿Fue Bagnasco (Adolfo) el que se la dictó?


V.A.:
Sí, había que detenerme de cualquier forma para satisfacer la campaña mediática y, como ahora dijo la Corte, crear la figura jurídica y luego adaptar los hechos. Una locura. Fue un invento de Bagnasco que luego Urso aplicó con Menem. Una persecución, hasta retuvo incorrectamente el expediente y me quiso mandar a un lugar inhóspito aunque yo tenía bocio, alta presión y un problema en la columna que todavía me obliga a moverme con bastón.

P.: ¿Como si Bagnasco hubiera respondido a una campaña?


V.A.:
Sin duda, en combinación con algún medio y por su interés en pasarse a la política como un héroe. Recuerden su esfuerzo por convertirse en diputado de Ruckauf. Digo esto porque lo de la Justicia es un horror en ocasiones y no sólo yo padecí esta desgracia. Le puede pasar a cualquiera.

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