Eduardo Duhalde hablará hoy como orador principal en el acto peronista que realizará la CGT en el estadio de Atlanta, en una conmemoración adelantada del Día de la Lealtad (17 de octubre). Néstor Kirchner se excusó de asistir, y se interpreta alineamiento del gremialismo con el bonaerense. «Si no fui al Luna Park con los piqueteros, tampoco puedo acompañarlos a ustedes», le dijo el Presidente al alicaído Hugo Moyano. Hace bien Kirchner en no ir a ese esperpento que siempre termina en pedir más prebendas contra el país.
Eduardo Duhalde será hoy el orador final del acto que realizará la CGT en el estadio de Atlanta para conmemorar el Día de la Lealtad. Néstor Kirchner, que fue invitado, no asistirá. El protagonismo del bonaerense y la prescindencia del primer mandatario están supuestamente acordados con la mediación sindical. Pero, ¿cómo evitar las suspicacias del juego? ¿Cómo no suponer que se insinúan ya alineamientos por si se precipita un conflicto? Aislado del contexto político actual, ese matiz duhaldista del acto sindical carece de significado. Sin embargo, si se advierte que Duhalde le cerró la puerta del PJ bonaerense a cualquier expresión afín a la Casa Rosada, que Kirchner juguetea con la cercanía de Felipe Solá e intenta convertirlo en el canal político de la ayuda económica que se vuelca en la provincia, y que el PJ oficial del distrito excluyó de su conducción a los intendentes que manifestaron una tímida simpatía hacia los Kirchner, el acto de Atlanta agregará tensión a la polaridad que se instaló en la interna oficial. «¿Vio que 'Negro' no está totalmente entregado?», sintetizó ayer uno de los colaboradores inmediatos del ex presidente en San Juan.
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Claro, ahora hay que esperar que el propio Duhalde se encargue de disolver estos sobreentendidos con un discurso ortodoxo de apoyo al gobierno. Es lo menos que se merecen Ginés González García, Aníbal Fernández y Carlos Tomada, los ex funcionarios de su gobierno a los que Kirchner autorizó a concurrir a la concentración de la CGT. Alberto Fernández, en cambio, no había anunciado su concurrencia hasta anoche y no por su interna subida de tono con Aníbal. En su caso, prefirió realizar su propio recordatorio del Día de la Lealtad en un acto organizado por la corriente del peronismoporteño que lo tiene como jefe.
«No puedo ir porque tampoco fui al acto de los piqueteros en el Luna Park.» Así justificó Kirchner su inasistencia a la concentración que realizará hoy la CGT en el estadio de Atlanta, con motivo de la conmemoración del Día de la Lealtad (en realidad, se celebra el 17 de octubre, esta vez, domingo). El interlocutor era Hugo Moyano, un hombre que no atraviesa sus mejores días en relación con el Presidente. Es que no solamente Kirchner respondió de manera negativa a la invitación que el camionero le realizó en la Casa Rosada, adonde concurrió el miércoles. Tampoco consiguió que Kirchner anuncie el aumento de las asignaciones familiares ($ 80) que les prometió a los dirigentes sindicales en la última visita que le realizaron. «Ya voy a firmar la medida, pero después de que hagan el acto», dijo el Presidente, en su segunda excusa. Además, Moyano tuvo un revés donde más le duele, el bolsillo: la Secretaría de Transportes sigue prorrogando la realizacióndel examen médico a los conductores de camiones de más de 700 kg, servicio que factura la obra social de los camioneros por una suma aproximada de 25 millones de pesos por año.
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Moyano anunció las primeras dos desgracias en la reunión de la mesa chica del sindicalismo, el miércoles por la tarde, en la CGT. Dejó para la intimidad de sus amigos el otro fracaso, crematístico. En ese cónclave con el resto de los capitostes gremiales se analizó la lista de oradores. Lo primero, como siempre, fue agresividad: «No tenemos que permitir que hable ( Susana) Rueda», insinuó uno de los servidores del camionero. Pero enseguida mediaron opiniones más sensatas: «Si ustedes quieren que el título de los diarios sea que la censuramos, entonces no la dejemos hablar».
«¿Quién va a cerrar la concentración?», preguntó, malicioso, el estatal Andrés « Centauro» Rodríguez. Los demás secretarios generales se miraron entre ellos. «Duhalde», dijo uno. Rodríguez, alineado con la Casa Rosada como en tiempos de Carlos Menem, siguió interrogando: «¿No será ofensivo para Kirchner?». Moyano aclaró que le había planteado el problema al Presidente: «Si no hablás vos va a hablar Duhalde, le dije» informó. «El me dijo que no había problemas». «Qué querías que te dijera...», masculló el más flaco de los gordos, sin que su enemigo camionero escuchara. Ayudó a Moyano la intervención del ruralista Gerónimo «Momo» Venegas, titular de las tradicionales «Seis-Dos» y otro de los oradores de Atlanta: «Yo estuve con Kirchner queriendo convencerlo pero tampoco tuve suerte. A mí también me dijo que no había problema en que hable 'Negro'». Entre los antiguos obispos se hablaba de emitir el «nihil obstat» cuando se autorizaba una comunicación, pero nunca se supuso que un ex presidente, en este caso Duhalde, sería sometido a este tipo de censura.
Los gremialistas esperan reunir 20.000 personas en el acto de hoy. ¿Conseguirán triplicar a Luis «Caballo de Polo» D'Elía en su capacidad de movilización? Para ellos es volver a vivir, después del letargo en el que se sumergieron desde la gran crisis de 2001: todo un ejemplo de combatividad social, claro. Precisamente esa defección la pagaron cara con el dominio de la calle por parte de los piqueteros, a los que Kirchner halaga con método. Para no quedar tan descolocados con este nuevo clima, pasablemente izquierdista, instalado por el actual gobierno, los sindicalistas hablarán bien del Presidente. Además, eligieron un lema que, a su modo, intenta homenajear a esa atmósfera ideológica que les resulta tan ajena: el acto se convocó bajo la consigna «Trabajadores, únanse», casi un homenaje al «Obreros del mundo, uníos» de Carlos Marx y su «Manifiesto comunista».
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