Alzan los Fernández cerco antipingüino
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Los expedientes de las fábricas recuperadas -una especialidad de Kravetz que luego interesó a Gurzi- acercaron a los dirigentes que gestaron el espacio Causa Popular como enlace entre los Fernández, más allá de la frontera que divide a la Capital Federal del conurbano.
Claro que Alberto no necesita que Aníbal le haga de lazarillo para ni verse e interpretar los códigos del conurbano: años atrás, aunque porteño, el jefe de Gabinete tuvo vínculos fluidos -en otros tiempos, se hubiese hablado de «carnales»- con la provincia.
Hay, más allá de lo territorial y los sueños de ambos, un temor que hermana a Alberto y a Aníbal: ni uno ni otro lograron, nunca, sincronizar con la lógica de los patagónicos, y su alianza apunta también a sumar fuerzas contra el avance de los «pingüinos».
Dos casos testigo: del Sur partió antes -y vuelve a hacerlo cada tanto- la versión de que Aníbal F. sería desplazado del Ministerio del Interior y que en su lugar asumiría un Fernández pingüino, el senador Nicolás.
Sobre Alberto descargan críticas sobre la sucesión de errores tácticos que cometió el oficialismo en la Capital Federal.
A pesar de que rige la veda oficial de no hacer campaña -que, en verdad, ningún kirchnerista respeta, pero el gobierno le recrimina a la oposición-, Aníbal F. tuvo tres semanas atrás un acto en Lomas de Zamora. Fue la previa, un ensayo del que encabezará con Alberto F.
Sin esperar que escampe la aventura Solá, el quilmeño se mostrará con dirigentes, unos aliados, otros allegados, que competirán en municipios como Pablo Paladino en Lomas, Gustavo Arrieta en Cañuelas y Daniel Arroyo, quien desafía a Enrique García en Vicente López.
En definitiva, Aníbal F. fue en enero de 2004 el primero (con sus costos y beneficios) en declarar que estaba en carrera por la gobernación. No está sólo: debajo de Solá ranquean José Pampuro y Alberto Balestrini. Por espasmos, Sergio Massa, entra y sale de la lista.
Más sobrio, Alberto F. reactivó la ilusión de que podría ser él el candidato del oficialismo en 2007 en la Capital. La negativa radial que el jefe de Gabinete bramó sobre ese punto no hace más que confirmar lo que dicen en su entorno: que está otra vez en carrera.
Digiere, mientras tanto, su malquerencia con Jorge Telerman, que apuesta a «ser necesario» para Kirchner, y las buenas mediciones del vice Daniel Scioli en las encuestas, a quien ahora el jefe de Gabinete abrazó luego de maltratarlo, como también hizo Kirchner.
En medio de ese fuego «amigo», Fernández hubiese sonreído divertido -o de tristeza- al ver la desesperación de Telerman y de Scioli, saludando mesa por mesa, buscando votos en la cena de los gastronómicos que invitó Luis Barrionuevo, tratando todo el tiempo de evitarse.



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