29 de enero 2003 - 00:00

Amadeo versus 2 ministros e intrigas contra Kirchner

Una de las decisiones troncales del nuevo embajador argentino en Estados Unidos, Eduardo Amadeo, fue importar desde Buenos Aires a un cocinero. A un segundo y complementario cocinero, ya que la sinecura en Washington dispone de un reconocido chef. Al menos así lo admitió el anterior ocupante de la casa, Diego Guelar. Pero la información de este traslado del cocinero, objetada medida en esta época de crisis y que Amadeo, con su especialidad de explicar como vocero lo imposible, seguramente dirá que tiene el propósito de bajar el desempleo en la Argentina, provocó más de un disgusto en la Cancillería local. No es precisamente esa imagen de munificencia y dilapidación de fondos lo que pretende Carlos Ruckauf, sobre todo en un ministerio que si bien no se ha caracterizado por la excesiva austeridad, hoy pretende controlar el arrebato de ventajas por parte de distintos diplomáticos, quienes intentan copar embajadas antes de que llegue el próximo gobierno (caso Brasil o Gran Bretaña, por ejemplos, cargos para los que se postulan Vittorio Taccetti y Federico Mirré).

Sin embargo, la indignación de Ruckauf no proviene de este detalle del cocinero. Le atribuye algo superior: la responsabilidad de que él no hubiera podido acompañar al presidente Duhalde en su viaje a Davos. Más, hasta dispone de la información de que hubo un diálogo telefónico entre Duhalde y su embajador en Washington en el que éste aconsejó protagonismo únicamente para el titular del Ejecutivo y ningún otro ministro. Eso incluyó no sólo a Ruckauf, sino también a Roberto Lavagna, a quien bajaron del Tango 01. La excusa diplomática: no es pertinente abrumar a Anne Krueger otra vez con Lavagna, el que le provocó más de un disgusto político a quien sólo aspira a consideraciones académicas, y hasta sería clave distender relaciones a través de un trato personal del propio Duhalde con la Krueger. En el caso de Ruckauf, la recomendación de Amadeo era políticamente correcta: Ruckauf había cargado las tintas en exceso con la supuesta miopía del Fondo para entender la crisis argentina.

• Irritación

Como es de imaginar, estas sugerencias de Amadeo -recogidas a pie juntillas por el mandatario- han irritado a sus ministros, sobre todo con el embajador, como es obvio. En Economía hay molestias con quien compartió las culpas económicas del primer semestre del año pasado (recordar que Amadeo trabajaba en el equipo de Jorge Remes Lenicov) y les parece imprudente que hoy opine con desparpajo. Más se complicará el panorama entre las partes a la hora de decidir el banco que renegociará la deuda externa, ya que no hay coincidencias entre lo que deseen en el Palacio de Hacienda y lo que aspira el recluido en Washington.

Pero el principal coletazo de estos desencuentros lo padeció Duhalde: Ruckauf insiste con no respaldar la candidatura de Néstor Kirchner y Lavagna se volvió a pronunciar en contra de ir en la fórmula presidencial con el santacruceño. Entre declaraciones y trascendidos, el hecho de que estos dos ministros se apartaran del postulante de Duhalde ha enrarecido el poder político del mandatario cuando más necesitaba demostrarlo. Tan fuerte ha sido este distanciamiento interno que otros hombres de la cercanía presidencial, inflamados por esta actitud disidente, desde hoy -en un cónclave secreto en un sindicato- comenzarán a tejer alternativas para desalojar a Kirchner del corazón duhaldista. Saben que han empezado los 15 días decisivos, cuando las encuestas tan imprescindibles para el mandatario empiecen a determinar si el huevo de Kirchner tiene o no galladura. Hasta ahora, como hay más humo que fuego, la sublevación comienza a gestarse. Duhalde espera una sola respuesta. Aunque lee los sondeos contratados por el gobierno, sólo actuará de acuerdo al informe que le brindará su encuestadora de mayor y única confianza: una profesional de Lomas de Zamora llamada Gladys Blandino.

Dejá tu comentario

Te puede interesar