AMIA, papeleras y Clinton, productos de campaña en Nueva York
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Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Bill y Hillary Clinton.
Este gesto de Kirchner busca expresar no sólo una acción de gobierno sino también reivindicar como propio el prestigio que ha ganado el país en la agenda de los EE.UU. por adherir a la hipótesis de la conexión iraní en los atentados. Este es un artículo de fe de la cruzada de Washington contra el terrorismo internacional, agenda de la cual nunca se apartó Kirchner por más frecuentación que haya hecho de la amistad de los Luis D'Elía y Hebe de Bonafini.
Este gesto es el más importante en la superficie que se permite el Presidente. Otro, más importante para el buen fin de su gobierno y mejor comienzo de la gestión de quien lo suceda, sea la parienta o no: la crisis con el Uruguay por las papeleras contaminantes. El mismo domingo 23 de setiembre, cuando llegue la delegación a Nueva York, los jefes de Gabinete de los dos países, Alberto y Gonzalo Fernández, tienen prevista una reunión con el mediador real Antonio Yáñez Barnuevo. Será en el hotel Four Seasons de la calle 47, en donde se alojarán los Kirchner. El Presidente no estará lejos de la sala de esa reunión en la cual la Argentina intenta sacar el último rédito de la facilitación española: que España complique más en el problema a Finlandia y logre que Botniano funcione antes de las elecciones del 28 de octubre. Para el martes 25 está en borrador un encuentro no confirmado entre el matrimonio Kirchner y un grupo de representantesde las entidades judías con sede en Nueva York. Las más importantes han pedido una cita con el matrimonio, pero Kirchner prefiere recibirlos a todos juntos, quizás en la sede del gerente de esta tenida, el cónsul Héctor Timerman. El propósito es pasarle el testimonio a Cristina con la promesa de que ella seguirá la misma política si llega a ganar las elecciones del 28 de octubre. Este capítulo de la campaña busca concentrar la atención de un sector del voto argentino -el de la comunidad judeoargentina- que se resiste a votar al peronismo y ante el cual Kirchner y Sra. quieren atraer con estos gestos de mostrarse con los líderes de la B'Nai Brit y el American Jewish Committee. O el United Jewish Appeal, una entidad que en plena crisis de 2001 llegó a recaudar u$s 6 millones que se aplicaron en la Argentina a atender pobres de todas las confesiones y a darle un respiro a la crisis de las escuelas comunitarias. Es decir que se trata de una de las entidades de más prestigio hacia adentro de las familias judeoargentinas. Ideal para un spot de campaña.
Como protojubilado, el Presidente le deja el protagonismo en el resto de las actividades a la candidata: el coloquio del lunes 24 con Baltasar Garzón en la NewYork University, el almuerzo del miércoles 26 con los empresarios rockefellerianos del Council of the America o alguna de las otras visitas académicas que le pueden incluir en la agenda del viaje. La Cancillería y la Casa de Gobierno presumen del número de interesados en entrevistarse con la candidata, universidades, empresarios, etc. Hasta ahora sólo le han aceptado una invitación a almorzar a la sede de la Reserva Federal sucursal Nueva York. No estará Ben Bernanke, pero Martín Redrado -gerente de esta reunión- confía en que será la señal más cierta de que Cristina, si gana las elecciones, no es Kirchner.




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