Aníbal F.: Cristina F. ya le hizo caer el sistema (electoral)

Política

Mala estrella la del ministrodel Interior, Aníbal Fernández, en este ciclo político. Defendió durante semanas la conveniencia de que ese distrito no amplíe su participación en el reparto de los recursos federales. Una posición lógica para quien ocupa esa cartera y debe resistir, en alianza con las provincias, la presión por fondos de la provincia de Buenos Aires. Claro, la tarea no puede ser más insalubre para quien pretende ser gobernador de ese distrito.

También quedó mal parado este Fernández con las dos figuras que rigen hoy el juego bonaerense, Eduardo Duhalde y Felipe Solá. El lunes por la noche, cuando Néstor Kirchner recibió a cuatro intendentes del conurbano, él consiguió entrar al cónclave y filtrar un bocadillo: «Felipe anda diciendo -comentó- que él no hubiera adoptado una posición tan agresiva con el gobierno pero que Duhalde lo presionó mucho para que abriera la pelea». Kirchner lo desautorizó con la mirada pero Hugo Curto, era obvio, repitió de inmediato ese comentario delante de Duhalde.

• Derrota

Lo que resulta menos previsible es que también en una materia casi inofensiva, que Aníbal Fernández había escogido para refugiarse de la agresividad-ambiente, también el quilmeño tuviera otra derrota. Y no a manos de cualquiera: Fernández cayó esta vez bajo la espada de alguien de su mismo apellido. El lector desprevenido, o inducido por la nomenclatura que Solá le aplica a «los Fernández», puede suponer que el enemigo en este caso es Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. Pero el cuadro de Aníbal es más delicado: quien lo demolió fue Cristina Fernández, la esposa del Presidente. El ministro tenía preparados, como se relató ya en este diario, dos proyectos de reforma electoral para competir con Gustavo Béliz, quien había anunciado sin consultarlo una reforma política anexa a la de Seguridad. Uno de esos proyectos proponía el sistema de preferencias, como rige en Brasil. El otro, el sistema mixto (lista proporcional o sábana y voto uninominal por circunscripción) como rige en Alemania. Sin embargo, cuando Alfredo Atanasof presentó en la Cámara de Diputados su iniciativa en favor del sistema brasileño, Fernández optó --con la lógica del odio más que de la política- por el sistema alemán.

• Apodo

Con la propuesta que él mismo fue diagramando en sus solitarios juegos con la computadora, Aníbal visitó a Kirchner para obtener la aprobación y poder enviar el texto al Congreso. Es que la demora en hacerlo lo hizo acreedor al apodo de «general Alais» de la reforma política: tanto tarda en llegar al objetivo. Kirchner, que tiene un mapa muy de especialidades en la cabeza, derivó a su ministro de inmediato: «¿Reforma política? ¿Cuestiones electorales? Que lo vea Cristina. Ella es la que sabe de estas cosas». Es cierto, la senadora por Santa Cruz es la presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta, responsable allí por la legislación oficialista en esa materia.

Cristina recibió los borradores de Fernández y los sometió al examen de una asesora, experta en derecho constitucional y en sistemas electorales. Esa asesora leyó los textos del ministro y los desautorizó en pocas horas: «Es una propuesta imposible de ser defendida. Lleva la hegemonía de un solo partido a un nivel insostenible. Además, si se aplicara en la provincia de Buenos Aires, el duhaldismo se queda con el doble de lo que tiene. ¿Para quién trabaja este Fernández?», fue el dictamen de la asesora de la primera dama.

• Orfandad

El resultado de este debate (llamémosle así en homenaje a la dignidad del ministro) es que el Ministerio del Interior está hoy huérfano de un proyecto de reforma política. Le quedan, entonces, varios caminos a Aníbal Fernández. El primero es encontrar otro método. Le está vedado el brasileño por el solo hecho de que es el color de Atanasof; el alemán lo vetó Cristina; ¿habrá un sistema paquistaní o nigeriano que le permita competir sin desventaja? La segunda opción que se le abre a Fernández es abrazarse a la lista sábana, como hizo Antonio Arcuri en la Legislatura bonaerense, donde llevó al experto Mark Jones a homenajear ese sistema. Tal vez el ministro adopte una tercera salida: seguir jugando con la computadora en juegos de simulación electoral, sin definirse por ningún régimen en particular. Es lo único que hasta ahora hizo con algún éxito.

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