31 de marzo 2005 - 00:00

Apellido

Alicia Kirchner ingresó ayer en el elenco de posibles candidatas a una de las tres bancas que pone en disputa este año la provincia de Buenos Aires. Aunque su hermano negocia la postulación de su esposa, Cristina Fernández, frente a los duhaldistas, ya autorizó que se haga correr el nombre de la ministra de Desarrollo Social, cargo que le ha hecho conocer mejor la provincia que a la senadora, quien representa desde hace años a Santa Cruz. Serviría también para que el apellido Kirchner se mantuviera en las listas y aun en los titulares del día después de la elección.

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Alicia Kirchner y Ginés González García. La hermana del Presidente sería una eventual postulantecomo candidata a senadora en la provincia de Buenos Aires.
Si se torna tortuosa la interna para promover a Cristina Kirchner como candidata a senadora en la provincia de Buenos Aires, otra eventual postulante podría ser la hermana del Presidente: Alicia, ministra hoy de Desarrollo Social. Se salvaría el apellido y, por lo tanto, el mandatario mantendría su concepto electoral de «plebiscitarse». De ese modo, hasta Eduardo Duhalde -hoy un tanto malhumorado con el prematuro e inconsulto lanzamiento de Cristina Kirchner- podría conciliar la propuesta, ya que esa variante disolvería en su entorno los fluidos negativos que pesan sobre la esposa presidencial.

Esta alternativa se evalúa desde hace tiempo, ya que a la ministra Alicia la ponderan en las encuestas oficiales al tiempo que la hacen circular repartiendo subsidios a carenciados y no tanto. En rigor, esta mujer ha hecho por la provincia mucho más que su cuñada, poco interesada -según las versiones- en introducirse en la seguramente enlodada campaña bonaerense, en distritos que jamás visitó ni había pensado visitar. Sobre todo cuando la unanimidad partidaria resulta tan difícil de conseguir.

• Tentación

El bajo perfil o la imagen de alguien que no provoca adhesiones ni odios tentaría, quizás, a un duhaldismo que a través de su jefe en las últimas horas hizo manifestaciones precisas que no necesitan una doble lectura:

• Mantenemos a mi esposa, Chiche, como posible candidata a senadora, dispuesta a competir en la interna del PJ (proyecto al cual, obviamente, no se le animan Néstor Kirchner ni Felipe Solá).

• No vamos a llevar piqueteros en las listas, en obvia y contundente alusión a Luis D'Elía, un preferido y favorecido de la Casa Rosada.

• Invitamos a que, si no hay ánimo (Lanusse diría «No les da el cuero») para competir en la interna, los peronistas disidentes que no quieran participar con nosotros se pueden presentar con una lista aparte, el día de la elección, con lo cual se lograría que el movimiento se quede con la mayoría y con la minoría (los tres senadores).

• Como no sólo me ocupo del peronismo bonaerense, también le sugiero al gobierno nacional -sabiendo el placer que esto le causa a Kirchner, ya que uno recuerda cómo ha reaccionado ante consejos de Rodrigo de Rato, por ejemplo- que mejore su trato con la Iglesia y le explique, por carta al Vaticano, la naturaleza del último decreto contra el obispo castrense y que el vicario está habilitado para brindar misa.

• Mensaje

Más que reflexiones de Duhalde, este resumido texto ofrece una traza demarcatoria. Por lo menos, de su territorio político y de lo que él considera que allí se permite hacer. Mensaje directo a la Rosada que no disimuló haberlo recibido (gran parte de la tarde, anteayer, Kirchner la transcurrió afanosamente con el análisis de la elección en Buenos Aires). Finalmente, si bien no esperaban ese tipo de respuesta, sospechaban que una réplica habría de Duhalde desde el mismo día que lo sorprendieron con la novedad de que Kirchner auspiciaba a su mujer como senadora en la provincia. Bien se lo podía haber anticipado por teléfono, o acaso -como dice el cotilleo de los bonaerenses- ¿a Duhalde no le debe nada?

El embajador en el Mercosur, además, debía defender a su esposa, quien se deberá interesar en la interna -algo que no la fascinaba- tan sólo porque se alienta la amenaza de Cristina. Hasta dónde llegará el conflicto es un verdadero enigma. Lo cierto es que la ventaja lograda por el kirchnerismo en los primeros días de la semana pasada se desinfló en el principio de ésta, con el agravante de que Alberto Balestrini -clave intendente de La Matanza, seguro integrante de las listas futuras y hombre que coqueteaba con Kirchner- se pronunció ayer jurando que él no iría en ninguna propuesta electoral ajena al PJ. O sea, a disgusto, pero igual negoció con Duhalde (dicen que éste ya le ofreció ser primer diputado). No casualmente, de la galera presidencial empezaron a mover la ficha de la ministra Alicia, comodín por ahora si la guerra bonaerense se excita demasiado.

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