Apuran nuevo padrón para Capital Federal
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Anibal Ibarra
Así, si Servini resuelve esa complejidad, para lo cual exigió como poco seis meses de trabajo y colaboración económica y humana, ese nuevo padrón electoral queda para la aprobación del Ministerio del Interior, es decir, de Aníbal Fernández.
Lo cierto es que el nuevo padrón deberá usarse para la elección a Presidente también, en la Capital Federal y para siempre una vez que se confeccione, lo que no quiere decir, necesariamente, que porque esté resuelto el listado efectivamente se realice la elección de comuneros en la Ciudad.
En ese sentido, en la anticipada pretemporada electoral porteña, salió ayer a pelear por fecha de urnas el secretario general del Gobierno de la Ciudad, Raúl Fernández.
Casi como eco de lo que piensan hoy en el entorno del jefe de Gobierno, el funcionario defendió que la votación nacional a presidente, senadores y diputados nacionales se realice en forma separada de la elección local a jefe de Gobierno y legisladores porteños (es decir, que se mantenga la ley como está y no se cambie como quiere el kirchnerismo).
Fernández -ex ladero de Aníbal Ibarra- es ahora titular de una agrupación, resabio del ibarrismo, Encuentro Progresista e incursiona en las comunas. Dijo en realidad lo que busca la mayoría de los legisladores y partidos de la Ciudad: que se elijan las juntas que comandarán esas alcaldías cuanto antes. En ese punto quizá no concuerden todos en el gobierno local.
Telerman ha avanzado en ese sentido: cambiará -tal como anticipó este diario- la distribución de los Centros de Gestión y Participación -que son 16- para adecuar el domicilio de sus sedes al nuevo mapa que divide a la Ciudad en 15 comunas. A la vez, por estas horas, se cierra la puja por ocupar las titularidades de los nuevos centros. Pero algunos creen que en una eventual compulsa que pueda repetir lo que sucedió en 2003, no es conveniente la elección de comuneros. Ese año, Mauricio Macri ganó en primera vuelta y en el ballottage se impuso Ibarra. Si se repitiera esa situación en un cuarto oscuro donde prime el «arrastre», Macri -en ese caso imaginario- retendría la mayoría de las juntas comunales, que luego convivirían con un jefe porteño de otro color.
Algo así imaginó Ibarra, quien nunca impulsó seriamente la descentralización, en parte jaqueado por aquel «que se vayan todos» que hacía poco presentable la creación de más de un centenar de cargos políticos electivos nuevos.
Ahora será finalmente Aníbal Fernández quien tenga la última palabra.




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