Ardid secreto busca ganar más tiempo y comprometer a Menem
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3) Por si la causa sigue, el Ministerio de Justicia de Juanjo Alvarez preparó la recusación de los dos jueces. A Eduardo Moliné O'Connor le reprochó haber adelantado su opinión por los diarios. Con razón este magistrado en el acuerdo de ayer mocionó por el rechazo «in limine» (sin otro trámite) de esa recusación: se siente víctima de un montaje hecho sobre la base de una noticia periodística lograda por un medio (Ambito Financiero) en el ejercicio del derecho a la libre expresión. ¿Por qué culparme a mí de lo que publican los diarios sin mi autorización? es el argumento que repetirá cuando hoy la Corte reabra el cuarto intermedio. La recusación de Carlos Fayt es más ortodoxa; tiene, lo admitió él, un depósito acorralado en el Banco Nación, algo que motivó su excusación en la causa Beratz. Hasta ahora nadie lo había recusado en el caso San Luis. No prosperará esto último.
4) El trámite de estas dos recusaciones es la clave del plan del gobierno porque le da lo que quiere: tiempo, para que la decisión de la Corte avance sobre los tiempos electorales y este cuerpo resuelva nuevas postergaciones buscando que su decisión no se confunda con las banderas de la campaña electoral. Esto es lo quiere Duhalde y por eso alienta en todas sus negociaciones hacia adentro y hacia afuera la leyenda de que la dolarización de lo depósitos acorralados que quiere la Corte es la misma dolarización que defendía antes Carlos Menem. Esta hipótesis la empujó siempre Lavagna para embarrar las cancha en la pelea de la Corte y también la negociación con el FMI. La mano de Menem fue un argumento eficaz cada vez que el ministro necesitó volcar la voluntad del Presidente para demorar le firma del acuerdo o, en el caso del Banco Central, para desplazar a Blejer primero y después a Pignanelli. Cuando se le habían terminado todos los argumentos los acusó en público y en privado de menemismo, usando infidencias por ejemplo de almuerzos con Pedro Pou o la ex diputada Ana María Mosso.
5) Este ingrediente político de acusar a los miembros de la Corte que están a favor de la dolarización de responder a las órdenes de un Menem en campaña lo pudo reforzar esta semana el propio Lavagna. Fue gracias a la frase que dijo el ex presidente en un acto de que devolvería depósitos en su moneda original, lo mismo que había dicho Duhalde al asumir. Una falacia en el uso de la misma palabra («dolarización») que el gobierno utiliza en su favor al amparo del fragor de la campaña, que le hace decir al candidato lo que no le convendría decir. Para reforzarlo, el plan del gobierno tiene una pata sindical: el gremio de los bancarios apareció ayer en la Casa de Gobierno con Juan José Zanola para actuar la letra del escrito presentado por el gobierno. Allí se dice que si el Banco Nación paga ese depósito de San Luis, ahora y en dólares, la entidad puede quebrar. Imposible, gritó Zanola ante Duhalde, Alfredo Atanasof y Juan José Alvarez en el despacho del Presidente. Salió a los medios amenazando con una huelga del gremio bancario en defensa del Nación; por lo menos un estado de alerta, como para que los bancarios se sumen hoy a los ahorristas de Artaza en la algarada a que han convocado a las 10 en Tribunales. Para asegurar la transparencia de las decisiones del tribunal, esas barras prometen una serenata permanente que puede terminar en una gresca porque los ahorristas claman por la dolarización y los gremialistas vienen al son de la pesificación.
6) Queda pendiente el indignado malestar de los miembros de la Corte Suprema -también de los que negociaron por ellos-, quienes aceptaron todas las dilaciones requeridas desde noviembre por el dúo Duhalde-Lavagna y ayer fueron sorprendidos por un artilugio que no estaba en los códigos. Se creen caballeros tratando con otros pares cuando, en verdad, casi todos los participantes son abogados. Y con eso está todo dicho.




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