19 de octubre 2004 - 00:00

Asignaciones: la CGT amenaza con un paro enojada con Lavagna

La CGT conmemoró el Día de la Lealtad, el viernes, con loas a Néstor Kirchner en el estadio de Atlanta. Esa lealtad duró poco: un sector del sindicalismo tiene pensado promover la convocatoria a un Comité Central Confederal para que se inicie un plan de lucha por salarios. Lo que hiere a los gremios es que Kirchner no haya aumentado las asignaciones familiares como había, según ellos, prometido. Claro, ahora Roberto Lavagna consideró que esa mejora de $ 80 sería un exceso y que, en todo caso, habría que concederla por única vez a fin de año.

Susana Rueda
Susana Rueda
«Hagamos un acto bien grande, demostremos nuestra capacidad de movilización y después pasemos la factura de lo que queremos.» Así razonó Armando Cavalieri, durante la reunión en la cual los principales jerarcas del movimiento obrero organizaron la concentración del viernes pasado en el estadio de Atlanta. Así se hizo. Ahora, por lo tanto, llegó el momento de cobrar para esos sindicalistas. Y comenzaron por lo que, según creen, es una promesa incumplida: el aumento en las asignaciones familiares.

Hace aproximadamente un mes, la CGT visitó a Néstor Kirchner y le reclamó un aumento de salarios y otro en las asignaciones por escolaridad y familia. El Presidente les pidió a los gremialistas que moderen la primera demanda y esperen una semana para ver satisfecha la segunda. Desde aquella reunión pasaron ya más de 30 días y todas las declaraciones oficiales referidas a las asignaciones familiares son dilatorias o negativas. Los sindicalistas, perceptivos, temen que llegará fin de año y no cobrarán lo prometido. Sobre todo desde que Roberto Lavagna advirtió que «tendrá un costo excesivo» y que, por lo tanto, mejor sería pagar el aumento por única vez a fin de año, como si fuera un subsidio adicional, no un incremento permanente. En cuanto a Kirchner, la última noticia se la dio a Hugo Moyano: fue cuando el camionero lo visitó para invitarlo, sin éxito, a la concentración del viernes. «Hagan el acto y después hacemos el anuncio», dijo el Presidente, para quien «los favores se cobran al contado», como predicaba Vicente Saadi.

• Convocatoria

Como el gobierno remolonea, un sector del sindicalismo resolvió impulsar dentro de la CGT la convocatoria a un Comité Central Confederal que reclame oficialmente por la mejora en las asignaciones familiares. Es una decisión pícara: la conducción de la central obrera está obligada a convocar a ese «comité» ya que ese organismo debe convalidar el tribunal arbitral designado cuando se consagró a la nueva cúpula. Trámites burocráticos o «administrativos», como corrigió el capitoste de uno de los sindicatos tradicionales, para el que la palabra «burocracia» suena a reproches de la ultraizquierda. Sin embargo, los protestones se montarán sobre esta rutina reglamentaria para introducir en la agenda cuestiones más inquietantes. «Ya que hablamos de las asignaciones familiares aprovechemos para pedir el aumento de salarios y la distribución de la riqueza en general», aconsejó uno de los revoltosos, quien recordó que también les habían prometido para antes de fin de año otros $ 50 de aumento salarial «no remunerativo», ahora disuelto en el limbo de las especulaciones.

En una lectura superficial del problema, se estaría ante un conflicto por el cual los sindicatos están ofendidos en su autoestima política porque el gobierno los desairó con una promesa. Kirchner, por su lado, no quiso obedecer a la presión de gremios que ventilaron por la prensa lo que según él eran negociaciones discretas.

Sin embargo, hay una dificultad más importante con la que deben cargar los sindicalistas. Sucede que muchos de ellos tienen grandes inconvenientes para negociar convenios salariales y conseguir aumentos. Sobre todo porque la desocupación impide levantar la presión de los conflictos. De este modo, la mejora en las asignaciones familiares que produciría el gobierno compensaría lo que ellos en su propia discusión salarial no pueden conseguir.

La presión sobre el gobierno comenzará a diseñar una leve línea divisoria entre kirchneristas y opositores en el seno de la CGT. Entre los primeros se ubican los tres secretarios generales: Susana Rueda, José Luis Lingieri y Hugo Moyano. Entre los tres, pero sobre todo entre Rueda y Moyano, compiten por el calor de Kirchner.

El camionero, además, comenzará a sentir las contradicciones entre la representación general del movimiento obrero y sus propios pactos con el oficialismo, sobre todo en el área del transporte, donde cogobierna con Ricardo Jaime, el secretario del ramo. Aunque todavía no consiguió que ese funcionario -que ocupa el lugar que él imaginó para Guillermo López del Punta- implemente la habilitación sanitaria para los conductores de vehículos de más de 700 kilogramos, tarea que realizará la obra social de camioneros y por la que cobrará 25 millones de pesos por año.

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