Una torpeza cómo el duhaldismo le hizo atrasar el reloj a su jefe nueve meses. Inaugurar el Congreso con discursos agrios de Cristina Kirchner y Carlos Soria, los fracasados promotores del juicio a la Suprema Corte no sólo fue un retrato en sepia del Duhalde que quiso, no pudo, ni quiere ya ser. Fue también un compromiso inoportuno para el Presidente ante el público que, saludó el final del juicio al tribunal, una torpeza que pagará mucho tiempo. Aun cuando ya no sea Duhalde presidente.
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¿Era necesario apelar a esas dos figuras que representan a la minoría del peronismo? Debieron echar mano de hombres que suelen mostrar más serenidad, con otros títulos como Carlos Juárez y Ramón Puerta. Estos justificaron su presencia y la de sus congresales en Parque Norte en que el peronismo que representan no se siente contenido en las fórmulas que encabezan Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá. Los gritos de Kirchner y del espía Soria los salpicaron sin razón hacia un tono irritante que ahuyenta a los moderados. Pero ellos fueron y se quedaron porque algo los tienta y convoca.
El casting de la mesa chica del Congreso no mejoró con las otras intervenciones; Camaño cumplió con la representación de Duhalde y Jorge Matzkin hizo méritos para volver al Congreso aunque ahora por una banca bonaerense. Un hábito ya maníaco en los pampeanos y que inauguró Soria cuando impedido de renovar banca en su provincia la retuvo por Buenos Aires gracias a los servicios de Duhalde.
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