Fernando de la Rúa recibirá hoy a las 9 a Carlos Menem en la Casa Rosada. Los dos querrán hacer aparecer esta reunión como la formalidad de un presidente que recibe al jefe de la oposición. Pero el encuentro tiene peculiaridades inocultables. En principio, es la coronación del retorno de Menem al centro de la política después de su cautiverio en Don Torcuato. Significa también el acercamiento entre un gobierno presionado por sectores devaluacionistas y un embanderado de la dolarización, como el riojano. Es también relevante -y audaz por parte de Menem-que el PJ concurra a la Rosada un día de paro sindical. Y además el encuentro tiene un guiño secreto: Carlos Ruckauf es blanco móvil de los dos dirigentes que se reunirán hoy. La incógnita anoche era si Cavallo participaría de la reunión. Quería verse en ese dato un indicador de la continuidad del ministro.
Más allá de las formalidades y de lo exótica que pueda resultar la foto de Fernando de la Rúa y Carlos Menem, las miradas políticamente más expertas mirarán un solo dato en la cumbre de hoy a las 9.30: la ausencia o presencia de Domingo Cavallo. Una parte de esa platea, en la que acaso esté incluido el propio Menem, considera que el Presidente ha iniciado esta ronda de conversaciones con la sola intención de acumular consenso para poder deshacerse de Cavallo. Una parte de su gobierno y del radicalismo auspicia ese desenlace. Pero hay asesores del mandatario -entre ellos algún ministro que acompaña sus cavilaciones más íntimas-que consideran un desatino el reemplazo del ministro de Economía: «Estamos en medio de una negociación con el Fondo Monetario Internacional y sería un disparate cambiar de interlocutor en este momento». Anoche, hasta última hora, en Olivos se discutía la conveniencia de incorporar a Cavallo a la mesa, en la que se sentarán Carlos Menem, Rubén Marín y Eduardo Bauzá por el PJ, y Chrystian Colombo, Ramón Mestre y Nicolás Gallo como escoltas del Presidente. Si se convocaba al titular del Palacio de Hacienda, sería para una razón aséptica: que explique ante el jefe de la oposición la situación actual de la economía. El propio Menem se preparó ayer mediáticamente para esa eventualidad: «Si el doctor De la Rúa considera que el ministro debe estar presente, pues no tengo nada que objetar», señaló ante una consulta.
Algarabía
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Más allá de esta intriga, la reunión con Menem era esperada anoche con cierta algarabía en el gobierno. Exactamente lo contrario de lo que ocurría en el menemismo. Las razones para esos sentimientos encontrados es el contexto de la reunión: De la Rúa tendrá en su despacho al presidente del PJ mientras todo el sindicalismo despotrica contra él con un paro. Al riojano puede importarle poco, ya que siempre tuvo cierto desdén personal por los gremialistas y, en el plano político, los considera desde hace tiempo «piantavotos». Pero en su entorno había anoche cierta preocupación por el handicap que puede dar en la interna del PJ para los que (¿Carlos Ruckauf?, ¿Eduardo Duhalde?) puedan sugerir una contradicción entre Menem y «el movimiento obrero». Si algo le interesa al ex presidente en este momento es que se lo vea como el jefe del PJ que concurre a un encuentro oficial con el gobierno y no como el amigo de la Rosada. La simultaneidad de la entrevista con el paro podría hacer que esa imagen quede corrida.
Más allá de estas prevenciones, para Menem el retorno a Olivos representa una estampa inesperada poco tiempo atrás: no pasó un mes desde que abandonó el cautiverio (salió en libertad el 20 de noviembre) y ya está en el centro del poder, reclamado por el gobierno en medio de una crisis al parecer inmanejable para su sucesor. Pocas imágenes coinciden tanto con lo que el riojano fantaseó en las madrugadas de Don Torcuato, cuando imaginaba su reivindicación.
Oxígeno
De la Rúa paga y cobra, como su invitado. La cercanía de Menem le otorga oxígeno: si hay alguien que no pretende hoy una salida anticipada del radicalismo es el ex presidente, que requiere un suave ocaso del gobierno hasta 2003 (por eso castigará en el orden retórico, tratando de atrapar la mayor porción de oposición posible, y apoyará tácitamente con su comportamiento).
Además, en un momento en el que buena parte del país (dirigentes políticos, empresarios, sindicalistas, economistas, etc.) presionan en favor de la devaluación de la moneda, De la Rúa se beneficia claramente dándole cámara y micrófono a un embanderado del tipo de cambio fijo y, aún más, de la dolarización lisa y llana. También Cavallo aprecia esta postura, que alentó el domingo cuando le dijo a Daniel Scioli: «Decile a Menem que no se baje de la dolarización».
Otro aspecto de la actualidad también sirve de pegamento para los contertulios de hoy: el desprecio mutuo por Ruckauf. De la Rúa cree que el gobernador de la provincia planea contra él un «golpe blanco» apelando a sindicalistas y legisladores. Menem tiene un agravio más grave contra el mandatario bonaerense, ya que lo acusa de haberse movido muy activamente para que terminara preso. De la Rúa y Cavallo cuentan hoy con la posibilidad de herir gravemente a Ruckauf obligándolo a hacer un ajuste sumamente impopular. O a caer. En el juzgado de Norberto Oyarbide se tramita una causa por irregularidades en el manejo de fondos del Senado, cuando el gobernador presidía esa Cámara, a la que están atentos en el gobierno nacional y en el menemismo. Ruckauf lo sabe.
Dejá tu comentario