19 de octubre 2004 - 00:00

¿Avanza la hegemonía?

Trascendió que en cada ministerio se están instalando miniestudios y equipos de televisión. El propósito sería que desde canales privados se puedan hacer transmisiones en vivo conectándose. Hasta ahí la posible noticia. Lo demás es diálogo entre periodistas. Se buscaría evitar en los pasillos de ministerios el accionar de «movileros», actividad con mucha desprolijidad en nuestro país. En Estados Unidos existen esos estudios en organismos oficiales. Pero hoy en la Argentina, con excesivo sometimiento de la prensa al gobierno -sin precedentes en períodos democráticos-, todo suena sospechoso aunque actuará técnicamente un canal privado, «América». Coincide con el relanzamiento -con costosa inversión-del «Canal 7» oficial que tampoco sería de temer en democracia porque llega a todo el país y puede ser un formidable difusor de cultura, pero no parece ser éste el destino. Se usaría para que cualquier canal -sobre todo de provincias-pueda tomar imágenes de actos, discursos, lo que se quiera, sin cargo alguno desde ya. Podría ser más difusión oficial porque nadie imagina al canal estatal hoy emitiendo una opinión opositora.

El gobierno está a punto de cambiar la forma en que se comunicará la información oficial ante la requisitoria de la prensa. Ya está trabajando para establecer una red de comunicación desde los organismos oficiales más importantes -quieren sumar incluso al Palacio de Tribunales- que le permitirá distribuir sus imágenes de actos, discursos, mensajes e incluso reportajes a funcionarios, directamente a todos los canales del país, sin la intervención de los medios de noticias locales. Concentrará así toda la información oficial casi sin interferencias del periodismo.

La idea no se limita a impedir el ingreso a oficinas públicas de algunos movileros que deben considerar molestos.

Por eso la ley, se cree, será pareja y con un sofisticado sistema. Se trata de la utilización del armado de redes de fibra óptica con terminales en los despachos de los principales funcionarios, o salones que se designen para la ocasión, en los que se montará la tecnología necesaria para transmitir las opiniones y respuestas de ministros y afines.

Así, el gobierno evita permitir el ingreso de periodistas o movileros -otra de las motivaciones de Néstor Kirchner para centralizar las imágenes de televisión- a los edificios públicos.

Quienes soliciten una nota televisada o un reportaje, se les ofrecerá la salida al aire remota, en lugar de trasladar los medios sus equipos. Esa « comodidad» para los medios permitirá impedir las repreguntas molestas en conferencias de prensa. Incluso la idea llega al extremo de posibilitar que las entrevistas a ministros se hagan desde los canales de TV sin estar el periodista presente.

De esta manera obtienen Kirchner y sus funcionarios el plus de aparecer, quizás, dando la imagen de estar interrumpiendo su trabajo y no pasarse largo rato en maquilladoras y peluqueros de los canales de TV, que quizá ahora deberán ser contratados por los ministerios.

Se menciona incluso la existencia de un proyecto de decreto presidencial que reglamentará el ingreso de los periodistas a los edificios públicos, algo que el gobierno quiere evitar. Este aspira a un modelo en algo parecido al estadounidense, donde la prensa no tiene acceso a la Casa Blanca, más que a un recinto separado para sala de periodistas y sólo recibe -como un preso su alimento por debajo de la puerta- las gacetillas oficiales que se emiten a diario.

La diferencia es que
los controles periodísticos y las entrevistas concedidas a los medios en EE.UU. en un riguroso orden y los funcionarios tienen conciencia de lo que puede significar mentir a la prensa.

La idea en la Argentina supone que se instalarán en la Casa de Gobierno o en el Ministerio de Economía, por ejemplo, estudios de televisión que estarán conectados mediante fibra óptica -ya existe una empresa trabajando en el armado técnico de las transmisiones- a un centro de distribución de donde todos los canales de televisión podrán tomar la señal, tarea en la que trabajaría «América TV».

El proyecto beneficia a los medios del interior ávidos de cubrir horas de programación y que hoy deben pagar a los canales porteños para tomar las imágenes.
Ese sería un fin loable, pero esconde detrás el peligro de filtrar toda la información estatal.

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