Fernando de la Rúa creía haber terminado anoche con los rumores de más cambios en el gabinete, con este enroque que, piensa, refuerza el control sobre el Frepaso y le permite trasmitir que mantiene el control de la situación, porque ha logrado lo que nadie creía de él: que puede hacer subir a Manuel Solanet y bajar, en la misma maniobra, a Graciela Fernández Meijide. Ahora, espera que el mercado se lo pague.
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Para un segundo round de la reforma -que debe definir Solanet desde su nueva secretaría para la reforma administrativaqueda el plan maestro, que De la Rúa le aprobó en la noche del miércoles a López Murphy en Olivos: la reducción drástica en la cantidad de ministerios mediante la fusión de oficinas. Eso será objeto de una ley de ministerios que irá al Congreso en abril, por la cual se elimina Desarrollo Social y se fusiona sus oficinas con el Ministerio de Salud para reemplazarlo por la mítica «agencia» (nadie sabe qué la diferencia de un ministerio) que imaginó Chacho Alvarez para concentrar la dádiva a los más pobres.
En esa reducción de ministerios se manejan varias alternativas. Una es fusionar Educación y Trabajo, según el modelo inglés, que asume que no hay establecimientos educativos nacionales y que la misión de una cartera laboral es capacitar a los desempleados. Otra es agregarle también la cartera de Justicia o dejarla en el nivel de una secretaría dependiente de la Presidencia. Con la existencia de la Corte y el Consejo de la Magistratura, la actual cartera que conduce Jorge de la Rúa se limita a atender reclamos por la violación de los derechos humanos y a administrar las cárceles. Un tercer modelo propone llevar esas tres áreas directamente al Ministerio de Economía en el nivel de secretarías de Estado. En cualquiera de las alternativas, el final es un gabinete con la mitad de las actuales carteras, algo mucho más ambicioso que la propia propuesta de Solanet en el último informe de FIEL sobre el tema, que mantenía la existencia de ocho ministerios.
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