21 de mayo 2004 - 00:00

Avatares del Congreso

Miguel Bonasso fue el último diputado en llegar a la comisión. Lo hizo tan tarde que Adolfo Vázquez ya se estaba despidiendo. El periodista se paró en la puerta a esperar el paso del juez. En gesto provocativo (en realidad, es un tic facial que lo muestra sonriente cuando está nervioso), siguió el paso de Vázquez y sus allegados con una sonrisa sobradora. «¿De qué te reís?», lo increpó uno de los amigos del ministro de la Corte. «Yo hago lo que quiero», devolvió gentilezas Bonasso. «Vayan a Nüremberg, fachistas», los despidió el legislador transversal, festejado por sus colaboradores.

• Hubo que esperar unos 10 minutos para contar con audio en la sala de comisión. Sin micrófonos, se hubiera hecho casi imposible escuchar a Vázquez, a quien ubicaron de frente a la presidencia y de espaldas a periodistas, asesores y público en general. Los cronistas fueron los que reclamaron por sonido, ya que los primeros minutos de la sesión -en ausencia del magistrado denunciadose había desarrollado «unplugged».

En el encuentro de Vázquez con los diputados no hubo saludos, a diferencia de lo que había sucedido en encuentros anteriores. El ministro del Poder Judicial llegó acompañado de su abogado, el ex secretario legal y técnico de Fernando de la Rúa, Virgilio Loiácono, y se sentó sin estrechar las manos de sus fiscales. Los anfitriones tampoco se acercaron a saludarlo.

• A tal punto hubo falta de cortesía, que Vázquez tuvo que pedir un vaso de agua (no le habían preparado ni siquiera un vaso). Los mozos de la Cámara baja tardaron varios minutos en acercársela, ya que había demasiada gente y cablerío en el piso que hacían difícil el trabajo.

Hubo mucha tensión cuando Falú impidió que Vázquez se explayara sobre sendas recusaciones al presidente de la comisión y al santiagueño José María Cantos. «Esto me hace acordar a las dictaduras», acusó el juez. «A mí, a la Inquisición», gritó desde el fondo uno de sus acompañantes. «Déjenlo hablar», increpó otro a Falú. El titular de Juicio Político tuvo que amenazar con hacer desalojar el predio para lograr que la discusión no derivara en un escándalo de proporciones.

• En la puerta del edificio anexo de Diputados, medio centenar de ahorristas --algunos de ellos, simpatizantes del menemismo- acompañó con bombos y banderas argentinas a Vázquez. El juez bajó el vidrio de la ventanilla del auto para saludarlos. Los simpatizantes del ministro arrojaron panfletos en las adyacencias del Congreso y del mismo recinto en el cual se realizó la audiencia. Bajo el título «¿Por qué la persecución ideológica contra Vázquez?», recordaron la filiación peronista del magistrado, en contraposición con el alineamiento de Néstor Kirchner con sectores de izquierda, si bien en términos mucho más duros.

Antes de despedirse de Diputados, Vázquez habló con los movileros de radio y TV. En la misma línea de los panfletos, señaló que «en 1973, Perón me pidió que fuera de interventor a ferrocarriles, donde tuve que desalojar a los montoneros». Acusó allí a los transversales (Bonasso y compañía), al denominado grupo Talcahuano (Ricardo Falú y Gerardo Conte Grand), a lo que queda del Frepaso (la correntina aliada de Bonasso, Araceli Méndez de Ferreyra, y la ex funcionaria aliancista Nilda Garré) y al ARI de Elisa Carrió (María América González y Adrián Pérez) de ser sus verdugos. «Me extraña que los acompañen los auténticos peronistas, radicales, socialistas y provinciales», pataleó delante de los micrófonos, no sin mencionar que el juicio político contra él lo había pedido «por cadena nacional el presidente Kirchner». Se permitió una carcajada cuando una cronista le preguntó quiénes eran sus enemigos, apenas terminada la reunión. «Los diputados de la Comisión de Juicio Político, ¿qué le parece?», se divirtió Vázquez.

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