2 de marzo 2006 - 00:00

Avatares del Congreso

Juan Carlos Blumberg siguió el discurso desde un palco junto a Karina Rabolini. Cristina Fernández, taciturna, escuchó a suesposo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Luis D’Elía, piquetero VIP, también estuvo en la ceremonia.
Juan Carlos Blumberg siguió el discurso desde un palco junto a Karina Rabolini. Cristina Fernández, taciturna, escuchó a su esposo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Luis D’Elía, piquetero VIP, también estuvo en la ceremonia.
La reaparición en el Congreso de Cristina Fernández de Kirchner tras su enigmático viaje a tierras ibéricas fue comentario obligado, ayer, entre los periodistas parlamentarios y los asesores legislativos. Casi todos coincidían en que la primera dama lucía refrescada tras su largo viaje de 10 días a España. Otro indicio que avalaba esta teoría era que sus facciones y su cara parecían estar algo inflamadas.

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La expulsión del interbloque macrista de los diputados salteños del Partido Renovador, Andrés Zottos y Carlos Sosa, le causó tanto malestar al senador Ricardo Gómez Diez que debió ser hospitalizado por una dolencia precordial leve y se perdió el discurso de Néstor Kirchner en el Congreso. Tras unos chequeos médicos en Salta, el legislador, quien también milita en el PR, fue dado de alta y se le recomendó reposo. La feroz interna de ese partido provincial llevó a Zottos a acusar a Gómez Diez, aliado clave de Mauricio Macri en el armado de la confederación de partidos de centro, de proteger su «quiosquito» en el Consejo de la Magistratura. Zottos violó el mandato de su bloque y apoyó la polémica iniciativa impulsada por el oficialismo para poder controlar la designación y remoción de jueces
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Varios legisladores, y hasta un ex presidente invitado especialmente, estuvieron ausentes sin aviso en la Cámara baja durante la apertura de la 124ª sesión del Congreso. El más notorio fue Carlos Saúl Menem, el senador y ex mandatario, prefirió no asistir a la visita de Néstor Kirchner al Palacio Legislativo. Le sobraban motivos. Además de la burla irrespetuosa que el santacruceño le hizo en diciembre pasado mientras juraba como senador -Kirchner tocó una mesa de madera para espantar la mufa-, ayer las autoridades de la Cámara no sabían si debían ubicar al riojano en el espacio reservado protocolarmentea ex presidentes, o en las butacas de los legisladores. Otro que faltó fue Raúl Alfonsín, quien en los últimos días se mostró bastante disconforme con el comportamiento antirrepublicano del gobierno por la reforma del Consejo de la Magistratura. Tampoco Elisa Carrió ocupó ayer su banca. Aunque no hubo una explicación oficial por su ausencia, sus asesores especulaban con un malestar físico, pero también explicaban que la jefa del ARI no es partidaria de este tipo de formalidades ni de «los largos discursos sin contenido». Tampoco Hilda González de Duhalde participó de la ceremonia por un problema familiar. De todas formas evitó cruzarse con el neokirchnerista José María Díaz Bancalari, quien apenas unos meses atrás era su compañero de fórmula para enfrentar a Cristina Fernández en territorio bonaerense. Otros kirchneristas que no asistieron a la cita fueron Eduardo Lorenzo Borocotó, Miguel Bonasso, Luis Barrionuevo y Eduardo Arnold.

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Ninguno de los legisladores opositores aplaudió el discurso del Presidente. Los diputados y senadores de la UCR, el ARI, el PRO y el PS se limitabana escuchar o a leer las palabras del mandatario. En cambio los que más aplaudieron al patagónico fueron José María Díaz Bancalari, el cordobés Eduardo Acastello, Dante Dovena, Carlos Kunkel, Agustín Rossi, el tucumano Gerónimo Vargas Aignasse y hasta Rafael Bielsa. Otros que no guardaron las composturas y aplaudían fervorosamente las palabras del mandatario fueron Jorge Landau y Carlos Ruckauf, quienes a fin de año militaban en el peronismo opositor, pero ya se convirtieron al kirchnerismo new age
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La mayoría de los palcos de la Cámara de Diputados estaba reservada para los embajadores y cuerpos diplomáticos invitados por las autoridades del Congreso. Entre la elite política de representantes extranjeros se había infiltrado el piquetero ultrakirchnerista Luis D'Elía, flamante subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, designado por decreto de Kirchner. El dirigente de los desocupados K, que manejará un presupuesto de $ 300 millones, dejó a su tropa de la Federación Tierra y Vivienda arengando en la avenida Entre Ríos, y se acomodó en lugar preferencial junto a sus colegas del piqueterismo Jorge Ceballos, de Barrios de Pie, y Humberto Tumini, de Patria Libre.
 
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El gobernador neuquino aprovechó la fiesta mediática que se organizó en torno a la visita de Kirchner al Congreso para estrenar nuevos afiches y pasacalles que promocionan su candidatura a presidente en 2007. Mezclados entre la infinidad de pasacalles que le daban la bienvenida al presidente de la Nación aparecían otros con la leyenda: «Jorge Sobisch Presidente 2007». La avenida Rivadavia y también Entre Ríos amanecieron empapeladas con la cara de Sobisch y la consigna «Sí, podemos». El neuquino, consciente de su anonimato fuera de su provincia, quiere empezar a instalar su imagen entre el electorado de la Capital para destronar a Kirchner en 2007
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Uno de los palcos estuvo reservado para la esposa de Daniel Scioli, la ex modelo y empresaria Karina Rabolini, quien estuvo sentada toda la ceremonia junto a Juan Carlos Blumberg. La ubicación de ambos fue casual y se debió a la falta de espacio, pero Daniel Scioli fue de los primeros dirigentes en recibir al padre de Axel tras las multitudinarias marchas que copaban la Plaza de los Dos Congresos reclamando más seguridad.

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