Avatares del Congreso
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Juan Carlos Blumberg siguió el discurso desde un palco junto a Karina Rabolini. Cristina Fernández, taciturna, escuchó a su
esposo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Luis D’Elía, piquetero VIP, también estuvo en la ceremonia.
La expulsión del interbloque macrista de los diputados salteños del Partido Renovador, Andrés Zottos y Carlos Sosa, le causó tanto malestar al senador Ricardo Gómez Diez que debió ser hospitalizado por una dolencia precordial leve y se perdió el discurso de Néstor Kirchner en el Congreso. Tras unos chequeos médicos en Salta, el legislador, quien también milita en el PR, fue dado de alta y se le recomendó reposo. La feroz interna de ese partido provincial llevó a Zottos a acusar a Gómez Diez, aliado clave de Mauricio Macri en el armado de la confederación de partidos de centro, de proteger su «quiosquito» en el Consejo de la Magistratura. Zottos violó el mandato de su bloque y apoyó la polémica iniciativa impulsada por el oficialismo para poder controlar la designación y remoción de jueces.
Ninguno de los legisladores opositores aplaudió el discurso del Presidente. Los diputados y senadores de la UCR, el ARI, el PRO y el PS se limitabana escuchar o a leer las palabras del mandatario. En cambio los que más aplaudieron al patagónico fueron José María Díaz Bancalari, el cordobés Eduardo Acastello, Dante Dovena, Carlos Kunkel, Agustín Rossi, el tucumano Gerónimo Vargas Aignasse y hasta Rafael Bielsa. Otros que no guardaron las composturas y aplaudían fervorosamente las palabras del mandatario fueron Jorge Landau y Carlos Ruckauf, quienes a fin de año militaban en el peronismo opositor, pero ya se convirtieron al kirchnerismo new age.
La mayoría de los palcos de la Cámara de Diputados estaba reservada para los embajadores y cuerpos diplomáticos invitados por las autoridades del Congreso. Entre la elite política de representantes extranjeros se había infiltrado el piquetero ultrakirchnerista Luis D'Elía, flamante subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, designado por decreto de Kirchner. El dirigente de los desocupados K, que manejará un presupuesto de $ 300 millones, dejó a su tropa de la Federación Tierra y Vivienda arengando en la avenida Entre Ríos, y se acomodó en lugar preferencial junto a sus colegas del piqueterismo Jorge Ceballos, de Barrios de Pie, y Humberto Tumini, de Patria Libre.
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El gobernador neuquino aprovechó la fiesta mediática que se organizó en torno a la visita de Kirchner al Congreso para estrenar nuevos afiches y pasacalles que promocionan su candidatura a presidente en 2007. Mezclados entre la infinidad de pasacalles que le daban la bienvenida al presidente de la Nación aparecían otros con la leyenda: «Jorge Sobisch Presidente 2007». La avenida Rivadavia y también Entre Ríos amanecieron empapeladas con la cara de Sobisch y la consigna «Sí, podemos». El neuquino, consciente de su anonimato fuera de su provincia, quiere empezar a instalar su imagen entre el electorado de la Capital para destronar a Kirchner en 2007.
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Uno de los palcos estuvo reservado para la esposa de Daniel Scioli, la ex modelo y empresaria Karina Rabolini, quien estuvo sentada toda la ceremonia junto a Juan Carlos Blumberg. La ubicación de ambos fue casual y se debió a la falta de espacio, pero Daniel Scioli fue de los primeros dirigentes en recibir al padre de Axel tras las multitudinarias marchas que copaban la Plaza de los Dos Congresos reclamando más seguridad.




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