AVATARES DEL SENADO
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Eduardo Menem y José Luis Gioja
• José Luis Gioja oficializó en el recinto del Senado por primera vez el procedimiento de negociación conocido como «la gran Jaroslavsky» que hasta ese momento se sabía que existía, pero nadie lo había reconocido públicamente. El nombre fue acuñado cuando César Jaroslavsky como jefe del bloque radical facilitó la votación de las leyes más complejas de Carlos Menem retirando del recinto la cantidad suficiente de radicales como para que el PJ consiguiera aprobarlas. Siempre se supo de la existencia de este tipo de acuerdos, pero nadie lo reconoció como lo hizo Gioja el domingo por la noche: «Estamos aquí oponiéndonos al proyecto que llegó de Diputados, pero no queremos ponerle palos en la rueda al gobierno y estamos dispuestos a demostrar nuestra intención de colaborar. Por eso es que cuando llegue el momento de la votación se retirarán del recinto los senadores peronistas suficientes para permitir que el oficialismo consiga la sanción», dijo con toda tranquilidad.
• «¿Vos qué vas a hacer?». La frase fue la más escuchada en los pasillos linderos al recinto del Senado el domingo y se cruzaba entre senadores peronistas. Las especulaciones sobre llamados de gobernadores y legisladores estaba a la orden del día. Los senadores peronistas, que se habían quejado de que los gobernadores los habían abandonado, promocionaron a último momento una supuesta carta que José Manuel de la Sota les había enviado para pedirles que ayudaran a sacar la ley, sin dejar de votar en contra. Según la versión que echaron a rodar los justicialistas, el cordobés había sido el único mandatario que se había jugado por facilitarle al Ejecutivo el déficit cero y oficiar de mediador con la bancada opositora, a diferencia del resto de los caciques del PJ. Extrañamente, fue imposible conseguir una copia de la misiva que, en definitiva, resultó ser un mensaje personal del gobernador a la representante femenina de su provincia en la Cámara Alta, Beatriz Raijer. El texto, en ningún párrafo, daba sugerencias acerca de facilitar la norma.
• Otro mediterráneo, Ramón Mestre, intervino efectivamente en el operativo del oficialismo para domesticar al bloque de la UCR, aunque sin demasiados resultados. El ministro del Interior encaró al formoseño Alberto Maglietti, que -junto a Leopoldo Moreau-se habían soliviantado contra el ajuste. A último momento, ya cuando estaba en marcha la sesión, Mestre le pidió que reflexionara. «Este es un gobierno radical, no te olvidés; tenés que ayudarnos», clamó el cordobés. «Mire, no me diga eso, yo soy radical, pero ésta ley no la voto ni muerto», respondió Maglietti sin perder su condición de díscolo. ***
• Los gremios parlamentarios no demostraron demasiado entusiasmo al momento de protestar. Se podría decir que lo hicieron a reglamento. Como si estuvieran resignados o hubieran perdido motivos de queja, cumplieron con un horario estricto: comenzaron con los bombos después del mediodía y levantaron campamento, poco antes de la cena. El sindicato, APL, protagonizó un acto casi escenográfico, muy alejado del piquete que montaron hace 15 días en Diputados. Parece que, en ese lapso, la rebaja de sueldos de los empleados quedó confirmada, pero los caciques gremiales recibieron algún beneficio que los disuadió de las demandas.




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